EN LA TIERNA EDAD
Por Resna
En una posada, una joven madre, busca desesperada una solución. Su grupo de actores para aquella noche había tenido un percance por el que no podrían llegar hasta media hora después, como mucho. Entonces su revoltosa hija de trece años, que buscaba por la cocina algo de comer, le dio una idea:
"Xena, ven un momento" le pidió. La joven se acercó con una alita de pollo en la mano "Debes hacerme un favor, me he quedado sin entretenimiento hasta dentro de un rato y…"
"¿No pretenderás que salga hay?" Su madre la miró rogativa. Xena incrédula chilló "¡JAMÁS!"
Mientras esa pequeña discusión se desarrollaba detrás de lo que se le llamaba escenario, un dios entraba furioso por la puerta. En esos momentos nada era más apetecible que ser un humano más, o al menos hacerse pasar por uno de ellos. De todos modos, para no ser reconocido por los simples mortales y para no ser encontrado por Hermes se puso sobre su cuerpo una capa que le cubría por entero. Ofuscado por la ira se sentó en una mesa poco iluminada por las velas que colgaban en las paredes. Empezó a hablar consigo mismo, intentando en vano relajarse.
"¿Cómo puede pensar ese estúpido vejestorio de Zeus que puedo ser el perfecto dios de la guerra? ¿No comprende que aun soy joven e inexperto? No, no, no, él solo piensa en sus intereses, o claro en sus fulanas, no nos olvidemos. Además me regañó como si yo hubiese quemado aquella aldea aposta, ¡ja! Y encima está esa lianta de Afrodita. Me turba con sus movimientos y besos, consiguiendo fastidiar mas mi existencia" Entonces calla al oír unas voces chillando. Para ser más exactos era solo una voz, la voz de una muchacha:
"¿Y si me atraganto? ¿O si me entra los traicioneros nervios? ¡Que yo no salgo! ¡Que no! ¿Y si me olvido o se me traba la lengua? ¡QUE NO!" Tras este último grito dos personas depositaron a una muchacha en el centro del escenario, para asombro de todos "Volved" rogó "¡Volved!" Pidió de nuevo.
Aquella muchacha de ojos azules, de altura considerable para su edad y de pelo negro como el más bello carbón embaucaron al dios haciéndole olvidar todo lo que le enfurecía. Aquella joven hasta entonces tímida y temblorosa observó a todo su público y tras una sonrisa conquistadora recuperó toda la compostura perdida y con altivez empezó a hablar:
"Desconocidos señores, no tan desconocidos
muchachos y intimas amigas, como ya han observado me han subido a este escenario
por así decirlo a la fuerza, pero ante todo quiero decir que yo había puesto
resistencia." La chica empezó a abrirse "bien mi querido público, no sé que
hacer para entretenerles, así que tendrán que aguantarse con lo primero que se
me ocurra" él público rió "Para empezar quiero decirles que la persona que me
subió aquí, es mi madre" empezó a relatar "Creo que un escalofrió a recorrido la
sala al escuchar ese nombre: ¡Madre! ¡Mama! ¡Madre!" Todos rieron menos Cyrene
que estaba detrás de las cortinas observando todo "Bien, espero que nadie tenga
nada en contra de que critique a este espécimen familiar en especial, pues
bien…" iba a empezar una charla, que tenía dos proposiciones, vengarse de su
madre y hacer reír al público. Pero algo estropeó sus planes. Su vista se cruzó
con la de un joven de pelo oscuro. Éste se encontraba al final de la sala, en
una mesa apenas iluminada. Xena se quedó boquiabierta al verle. Sintió que su
mirada recorría todo su cuerpo, haciéndola temblar, con peligro de
derrumbamiento. Toda su confianza se evaporó por la cálida mirada del muchacho.
Sus mejillas se sonrojaron. Xena solo consiguió tartamudear antes de volver al
mundo real, y ver que todos la miraban atónitos. Entonces ella se avergonzó del
todo y salió corriendo del escenario. El público no entendía nada.
El dios sin saber muy bien porqué se sintió culpable de lo que acababa de pasar
así que se fue a la puerta esperando ver salir a la bellísima joven para pedirle
disculpas, pero solo consiguió oír a una persona diciendo:
"¡NO VUELVAS A OBLIGARME A SUBIR A UN ESCENARIO, JAMÁS!” y tras eso la puerta del establo se abrió de golpe mientras aparecía una jinete montando a caballo, a quien él reconoció como la joven del escenario. Desapareció del lugar para aparecer donde aquella chica decidió aparecer. Apareció justo donde quería, cerca de unos matorrales donde estaba lejos de la vista de aquella joven, la cual como suponía se había sentado cerca del lago. Como toda su atención estaba referida a aquella fémina, no se dio cuenta de que por primera vez había aparecido donde deseaba. Dio dos o tres pasos hacia la muchacha, cuando sin darse cuenta pisó una ramita que emitió un levísimo ruido que para sorpresa del dios el perfecto oído de Xena lo percibió:
"¿Quién anda hay?" inquirió saber furiosa
"Yo"
"¿Tú? ¿Cómo has llegado tan rápido? No importa, lo importante es que te vayas con la misma rapidez" dijo en tono frió
"He venido a verte, no entiendo tanta rigidez"
"Después del ridículo que he hecho nadie me busca aparte de para reírse de mi.
"Quizás a no ser que la persona en cuestión crea tener la culpa de lo que a ocurrido”
"No acostumbro a culpar a otros de mis fracasos”
"¿Fracaso? ¿Si solo a sido una charla en público fallida?
"Todo es un fracaso si se pierde ante otros”
"Vaya, observo que tienes el modesto carácter de un guerrero”
"Quizás, mi padre fue soldado y supongo que he salido a él. Una chica guerrera, ¡mi madre me odiará!”
"¿Por qué? La guerra es algo con lo que se nace, si es tu destino, quien es tu madre para juzgarte como a un criminal"
"Quizás…" dijo en un tono como perdido "Pero que tonterías, la guerra no está hecha para las mujeres”
"Tú tienes una mente muy cerrada. Si tú quieres dedicarte a pelear, pelea, si tu madre no quiere, no puede hacer más que darte su opinión, pero ella no puede decidir por ti”
"Sabes tienes razón, pero haber quien se lo explica a mi madre" ambos sonrieron "Oye, aun no me has dicho como te llamas"
"Ar… Arturo" el dios consiguió rectificar a tiempo "Y tú Xena ¿no?"
"Sí, ¿cómo…?
"Lo dijiste en tu discurso"
"Vaya, eres bastante observador" contestó mientras tendía su mano "Pero dime, ¿de dónde eres? No te había visto antes por aquí.”
"Bueno digamos que me escape de casa después de pelear por vigésima vez con mi padre"
"Oh, parece que está de moda eso de pelear con los padres"
"Sí eso parece"
"¿Por qué os peleasteis?"
"Fue una tontería. Sin querer… queme una ci… una ciénaga" improvisó
"¿Cómo se quema una ciénaga sin querer?" preguntó Xena dudosa
"Con mucha mala suerte" contesta él, reafirmando su comentario con un ágil asentimiento. Xena sonrió, haciendo que Ares le respondiera con otra sonrisa. Aquel fue el principio de una larga conversación. Todo iba de maravilla pues los dos niños se acababan de conocer, conversaron y rieron como si se conocieran desde siempre. Cuando el sol ya se había puesto Xena miró el lago con lujuria y luego volvió a mirar a Ares. El dios sabía lo que aquellos ojos le proponían, pero aun así le preguntó sorprendido:
"¿Quieres bañarte ahora?"
"¿Por qué no? El agua se ha calentado a lo largo de todo el día. Ahora estará tibia y apetecible"
"¿Y con qué nos bañamos?"
"¿Con ropa?" preguntó sarcástica dándolo por hecho.
"Eres una chica magnifica" comentó Ares. Entonces como si se hubieran leído los pensamientos, los dos comenzaron una carrera loca hacia el lago, intentando llegar en primer puesto. En el último momento, Xena saltó, sumergiéndose de cabeza en el lago, ganando al orgulloso dios.
"¡Has hecho trampas!"
"Vaya, vaya, tenemos aquí a un mal
perdedor" comentó con humor. Ares la miró con una sonrisa que hizo temblar a
Xena. De repente Ares no estaba, y al estar sumergida hasta la cabeza, sintió
que alguien la agarraba por las piernas, montándola sobre sus hombros. Ares
salió del agua, con Xena sobre él. La morena se tambaleaba, mientras entre
risas, le pedía que la bajase. En uno de sus vaivenes Xena, para no caerse puso
sus manos sobre los ojos del dios impidiéndole ver, consiguiendo que ambos se
cayeran al agua.
Ares fue el primero en asomar la cabeza, entre carcajadas, mientras buscaba a
Xena, quien apareció con una sonrisa detrás de él.
"Xena, esto que circula entre mis pies… ¿son peces?" preguntó tembloroso
"No, es anera"
"¡¿El qué?!" preguntó mientras se apartaba algo asustado
"Es arena, solo que lo he dicho al revés" contestó mientras se reía del dios
"Astuta, muy astuta" comentó admitiendo que había sido una buena broma. Cuando Xena sonrió halagada, un estremecimiento recorrió su cuerpo por el frío de la noche, la cual ya había caído sobre ellos. Ares, fijo todo el rato en ella, no pasó ese gesto desapercibido "¿Tienes frió? ¡Te dejo mi chaqueta!" comentó
"¿Chaqueta?" preguntó Xena mirándole "tú no has traído chaqueta"
"¿Traerla? Pero si puedo…" comenzó a decir. Iba a continuar diciendo hacerla aparecer, pero recordó que no era un ser divino, e improviso "Quiero decir que si traje, pero no me bañe con ella, la deje en la orilla"
Antes de que Xena se girase para verificar su comentario, Ares con un movimiento la hizo aparecer en el lugar indicado. Xena la observó, mientras comentaba…
"Arturo, la voy a empapar, ¿no te importa?”
"No, no, tranquila" contestó con una
sonrisa, imposible de borrarla. Gracias a aquella muchacha había conseguido lo
inimaginable, había logrado hacer aparecer un objeto en el lugar exacto, sin
hacerlo arder, o convertirlo en semi-transparente. Xena, tiritando en la orilla
observaba las estrellas, cuando de repente sintió junto a ella a Ares. Era como
si se hubiera aparecido, pensó, pero aquello era impensable.
Xena, relajada tras aquella tarde tan divertida, se tumbó a observar las
estrellas, maravillada por las formas que Zeus había puesto en el firmamento.
Ares, como si hubiese leído su pensamiento, le preguntó si le gustaban.
"Sí, realmente son bellas, aunque no tiene mucho sentido que Zeus haya puesto esas preciosas estrellas hay arriba, tan lejos y a la vista de todos"
"Eso era lo que pretendía, que todos lo pudieran ver, que estuviera a la vista de todos, para que a nadie le fuera negado el disfrutar la historia de las constelación"
"¿Historia?"
"Sí, por ejemplo… ese de hay" comentó uniendo con su dedo cinco estrellas "Es Callisto o la osa mayor. Zeus la colocó hay. Fue una de sus amantes, por eso el todo poderoso la colocó allí, con su hijo, la osa menor, para que Hera no los dañase por los celos. Callisto era una ninfa muy simpática, aunque bastante ingenua" comentó
"¿Acaso la conociste?" preguntó
"¿Eh? No, pero he oído hablar de su historia… y… y lo he supuesto"
"Oh, claro" comentó.
Aquella noche, disfrutando de las estrellas, no se percataron de la hora que era ni del sueño que tenían. Por eso, cinco carcajadas más tarde, Xena dormía placidamente sobre la hierba fresca de la orilla, mientras, Ares, apunto de dormirse también, la observaba embobado antes de caer dormido junto a ella.
A la mañana siguiente, Ares, se levantó el primero. Mientras observaba a Xena y apartaba un mechón rebelde de su rostro, oyó que a lo lejos un grupo de personas pronunciaba el nombre de la muchacha. Al estar a unos cuantos kilómetros de distancia, Ares decidió despertar a Xena, para despedirse, pues no deseaba que los aldeanos le vieran, y además sus padres le estarían buscando. Tras zarandearla un poco, la muchacha abrió los ojos, y sorprendida ojeó su alrededor, mientras preguntaba:
"¿Mama? ¿Estoy en casa?"
"Xena, anoche nos quedamos dormidos mientras observábamos las constelaciones. Me pareció oír a un grupo de personas buscándote"
"¿En serio?" Preguntó, recibiendo un sí del dios "¿Pues a que esperamos? Vayamos a avisarles que estamos aquí" decidió, mientras se levantaba, sin rastro alguno de sueño. Agarró el brazo de Ares, mientras se disponía a marchar, pero él se quedó en el sitio:
"¿Arturo, no vienes?" le preguntó.
"No, Xena, yo ya he de irme. Mis padres también estarán preocupados, y además no creo que sea bueno que sepan que has pasado la noche con un chico" bromeó haciendo reír a Xena.
"Pero…"
"Xena, tengo que irme" contestó
"Espero verte pronto" dijo, al comprender que no iba a cambiar de opinión
"Lo veo difícil…" comentó recordando su lugar en el Olimpo "…Aunque cuando seas una guerrera, seguramente nos veremos" Xena sonrió halagada al comprobar que había recordado sus palabras "Aunque eso será si consigo convertirme en un guerrero" contestó apenado
"Serás el mejor, seguro" comentó con una sonrisa sin saber cuanto se acercaba en su pronostico
"Bueno… adiós"
"Hasta la vista" contesta ella, pero ninguno se movió. Rígidos como estatuas, mirándose, ninguno dijo nada.
"Este saludo es un poco…" comentó Xena sin terminar
"Sí, le falta algo" respondió el Dios, deseando que aquel saludo fuera algo más "¿Crees que lo mejoraríamos si te pidiese un beso y tú aceptaras?" preguntó sonrojándose
"Sí" contestó ella firmemente. Se acercaron tímida y lentamente, dudando de vez en cuando hasta que sus labios se tocaron suavemente. Entonces Xena lanzó un breve suspiro y dijo más calmada "Adiós"
"Adiós" contestó Ares con una sonrisa.
Entonces observó, quizás algo apenado como Xena se marchaba. Comprendió que era
lo debido, pero aun así, no era lo que deseaba. Ya tenía una pregunta para Zeus.
¿Por qué los dioses no tenían siempre lo que deseaban? "Adiós, Xena, nos
volveremos a ver, seguro" rogó Ares, sin saber del todo por que confiaba tanto
en que así sería.
15 AÑOS DESPUÈS
Era un día soleado y muy agradable. Por uno de los caminos, Xena y Gabrielle disfrutaban del paisaje, mientras hablaban de lo que se les ocurría, ya que después de tres años viajando juntas, ya habían agotado todos los temas posibles.
“Eso no vale” se quejó Gabrielle
“Oh, vamos, no te enfades” dijo sonriente “además, ya sabes que siempre te gano ha este juego” dijo confiada
“A sí, eh?” dijo la bardo “está bien” asintió “vamos a jugar a un juego llamado verdad o desafió” propuso.
“Gabrielle, llevamos jugando más de medio día, déjame descansar por un momento ¿quieres?” dijo, intentando escabullirse.
“¿Qué pasa, la Princesa Guerrera tiene miedo de que una simple bardo le gane a un juego?” Contestó la bardo desafiando a la guerrera. Ésta se detuvo con la ceja subida juguetonamente “Venga Xena, solo un rato, ¿si?” Intentó convencerla, “¿Por favor?” le pidió suplicante la bardo, al ver que la guerrera no había caído en su trampa. Xena no pudo replicar ante el entusiasmo de su amiga y bajó la ceja en señal de derrota. Gabrielle se puso tan contenta que le dio tal abrazo a la guerrera, que ésta tuvo que hacer uso de mucha fuerza para despegarse de ella. Pero cuando le miró a la cara un escalofrió le recorrió el cuerpo. La bardo tenía una picara sonrisa mostrada en mitad de la cara, ya que aprovecharía este juego para sonsacarle todo lo que pudiera a su amiga.
“¿Bueno y como decidimos quien empieza?” preguntó la bardo
“Esa es fácil” contestó la guerrera “usaré la moneda” diciendo esto sacó una moneda de entre sus pechos y la lanzó al aire. Antes de que cayera en su mano la bardo eligió, como siempre “cara” y como siempre salió perdiendo. Maldiciendo la moneda se puso a andar, dejando atrás a la guerrera, quien sacudía la cabeza con una media sonrisa.
“Bien, empieza” dijo Gabrielle
“¿No crees que primero me tendrías que explicar las reglas del juego?” dijo alcanzándola.
“Oh perdona, lo había olvidado, ¿pero tú no has jugado a este juego antes?” la guerrera ladeó la cabeza negando y la bardo se dispuso a explicarle.
Un par de minutos más tarde…
“¿Entonces lo has entendido verdad?” le preguntó a su amiga.
“Sí Gabrielle. Tú eliges verdad o desafió, y yo tengo que preguntarte o darte una tarea embarazosa, ¿no es así?” La bardo asintió dándole comienzo al juego. “Muy bien ¿verdad o desafió?” preguntó la guerrera
“Verdad” dijo con la voz temblorosa, sabiendo que la guerrera se lo pondría difícil.
“Bien Gabrielle, contesta con sinceridad, ¿de acuerdo?, en el último pueblo que estuvimos, ¿Perláis te besó a ti o tú le besaste a él?” preguntó Xena con una sonrisa malvada.
“Emm…bueno…en realidad, ¡fui yo, vale!” contestó avergonzada, mientras que Xena se reía por la reacción de ésta. “Ahora tú. ¿Verdad o desafió?” preguntó la bardo.
“Desafió”
“Bien, genial, y ahora que desafió le propongo, ella puede hacerlo todo” pensó Gabrielle. “mmm, vamos a ver, ya está, ¿Ves aquella ardilla con la bellota en lo alto de ese árbol?”
“Sí” dijo Xena algo extrañada.
“Bien, pues quiero esa bellota, la necesito para la cena” le sonrió inocentemente.
“Vale, ahora vengo” se mofó Xena confiada.
Pero, no fue como ella esperaba, la ardilla no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Ella se encontraba posada en la rama de un árbol muy grande. Xena, silenciosamente, se deslizó de rama en rama. Cuando llegó a la que le interesaba, la ardilla la miró a los ojos. “Ven bonita, no voy a hacerte daño, solo quiero esa bellota, ven, vamos, acércate” parecía como si la ardilla la entendiera, ya que se acercó un poco a Xena, pero entonces, cuando Xena fue a agarrarla, la ardilla saltó y Xena no pudo parar el impulso de su salto, cayendo del árbol al suelo. Gabrielle no podía más, se estaba meando encima, una carcajada detrás de otra. Xena postrada sobre la hierba, miraba a su amiga mientras que giraba los ojos y se dispuso a levantarse, pero entonces vio a la ardilla delante de ella, cara a cara. La ardilla se acercó a Xena y le tendió la bellota, en señal de lastima, le había caído bien. Gabrielle no pudo más y se tiró al suelo, lloraba de tanto reírse. Y a Xena eso le reventó “gracias” le gruñó a la ardilla y ésta se fue tranquilamente en busca de otra bellota.
“Ja, ja, ja, que divertido, ¿verdad Gabrielle?” dijo con ironía.
“Pero, ja, ja, ja, ja, te la a dado por lastima, ja, ja, ja, vale vale, ya paro….ja,ja,ja, lo siento, lo siento” se disculpó al ver la vergüenza de Xena. “míralo de esta manera, ahora tienes una amiga más, ja, ja, ja”
“Bien, verdad o desafió” se vengaría de ésta, de algún modo u otro.
“Desafió” la guerrera no podría ponerle una prueba más vergonzosa que esa.
“¿Estas seguras?”
“Completamente”
“¡Está bien, métete en el lago y pesca para mí, mmm, ya sé! Una bonita trucha, que prepararas como cena, acompañada de esta bonita bellota”.
“Pero, Xena, sabes que yo no se pescar, y además estoy harta del pescado –se quejó, pero enseguida lo entendió todo- quieres vengarte, ¿no es cierto?, pues bien, te traeré tu trucha, la más grande del lago” se quitó la ropa y se zambulló en el agua.
Un buen rato más tarde…
Xena sentada en una roca junto al lago le quitaba los pétalos a una flor.
“Gabrielle, ¡ya te he dicho que te perdono el desafió!, y ahora quieres parar ya, por Zeus me crujen las tripas y seguro que a ti también, ¡venga!” se cejó. A si misma “¿Cómo puede ser alguien tan pequeña, y taaan terca?”
“No Xena, tú cumpliste tu desafió y yo también, además te lo prometí, y ¡si tengo que estar toda la noche pescando, lo estaré!” gritó y se zambulló de nuevo. Un minuto después salió con una trucha enorme en las manos. “uuuuuwow, ja, ja lo he conseguido, mira Xena lo he conseguido, y mira que grande es, ja” dijo saliendo del agua.
“Muy bien Gabrielle, me alegro, y ahora vístete rápido si quieres llegar mañana a Cila, acamparemos por el camino, y podrás cocinar tu preciosa trucha” le dijo mientras que la esperaba en medio del camino junto a Argo, a quien acarició el lomo. Gabrielle apareció y siguieron su camino.
“Verdad o desafió”
“No quiero perder más tiempo, así que, diré, verdad”
“Genial, ¡con sinceridad recuerdas! ¿Cual fue tu primer amor?, Y no me vale Marcus, ¿de acuerdo?” la guerrera le lanzó la mirada pero a ésta no le hizo efecto.
Después de un rato respondió “de acuerdo, mi primer amor, fue un joven muchacho llamado Arturo, que no era de Amphipolis. Le conocí en la orilla del un lago que hay cerca, pero por primera vez lo vi en la posada de Madre. Tenía el pelo negro y los ojos igual de oscuros. Era muy atractivo y a pesar de la poca edad, muy varonil y con pose arrogante. Sin querer me quede mirándolo, mientras que yo estaba en el escenario, por que a Madre le habían fallado los del espectáculo y me subió allí a la fuerza. Él también se me quedó mirando, y por eso me quedé en blanco. Cuando volví a la realidad, no pude seguir con el espectáculo y me escapé a caballo hacia el lago muerta de vergüenza. Cuando llegué él apareció allí, y después de estar todo el día hablando y bañándonos, nos quedamos mirando las estrellas, hasta que nos quedamos dormidos. Al día siguiente, me despertó por que venían ha buscarme. Y antes de despedirnos me preguntó si por favor me podría dar un beso y,… acepté” la guerrera estaba recordando con anhelo aquel que fue su primer beso “ fue mi primer y ultimo beso, porque desde entonces nunca más lo he vuelto ha ver, a pesar de que él me prometió que, cuando fuese una guerrera y él un guerrero nos volveríamos ha ver, pero nunca lo cumplió, que tontería,… ¿Verdad?” entonces, se hizo el silencio, ya que ella no volvió ha hablar durante toda la tarde y la bardo tampoco, pensando en que había sido la causante de que la guerrera estuviese triste. Ese día, Xena soñó una y otra vez con aquel muchacho, que logró permanecer tanto tiempo en su corazón, a pesar de la rivalidad que había tenido.
Al día siguiente, llegaron a Cila, que en ese mismo momento estaba siendo atacada, pero pudieron fácilmente con todos los bandidos. Al finalizar, Xena era la única que había acabado llena de barro, ya que al poder ella sola con todos, la bardo se fue a por un vaso de leche. Después de cazar la comida, se metió en el lago para darse un baño. Estaba nadando tranquilamente cuando se puso rígida y en alerta “¿Qué haces tu aquí, no te enseño tu madre que no se debe de espiar a la gente cuando se está dando un baño?” Preguntó mientras se volvía ha dar la vuelta y seguía nadando.
Entonces una luz azul apareció dando paso al dios de la guerra “si” afirmo el dios “pero contigo haré una excepción” dijo sin quitarle los ojos de encima.
“oh, que amable” dijo Xena sarcásticamente “por mi no te molestes”
“tranquila lo hago con mucho gusto” dijo con picardía
“ya, ¿Qué quieres esta vez Ares?” preguntó harta del juego.
“nada simplemente observar el paisaje y de paso, darme un baño con la criatura mas hermosa que hay sobre la faz de la tierra” dijo mientras desaparecía y volvía aparecer en el agua desnudo, detrás de ella. Esto hizo que a la guerrera se le acelerara el corazón, pero aun así no se rindió:
“¿Qué pretendes?” le preguntó intentando que no se le quebrara la voz.
“ya te lo he dicho” contesto éste mientras que se acercaba aun más, “solo, quiero estar contigo el resto de mi vida” dijo susurrándole al oído mientras la rodeaba por la cintura, esto hizo que la guerrera cerrara los ojos por la oleada de calor que había recorrido todo su cuerpo “amarte, hacer de ti la mujer más feliz del mundo” dijo dándole la vuelta y quedándose los dos uno frente al otro, entonces Xena abrió los ojos para encontrarse a tan solo un milímetro de él, “besarte” dijo por ultimo, besándola dulcemente. En ese instante los dos corazones galopaban al par. Ella no pudo resistirse a las caricias del dios y le rodeó el cuello con sus brazos. Éste al notarlo se aferró mas al cuerpo que tenia entre los suyos, desapareciendo para volver a aparecer en la fresca hierba, mientras que él la besaba por el cuello haciendo que ésta se derritiese. Con una mano, Xena le acariciaba la espalda y con la otra el cabello. Las manos de Ares bajaron de la espalda de ella hasta su muslo pasando por el trasero, suavemente. Esto hizo que la guerrera volviera en si y se apartara bruscamente de él, poniéndose en pie.
“esto no está bien Ares, y tu lo sabes, ¿Por qué no te entra en ese cráneo hueco que tienes por cabeza?” dijo enfadada. Aunque no sabía si estaba enfadada con él, o con ella misma por haber parado.
Él supo en ese mismo momento que había perdido y con un chasquido ya estaba vestido, “ya sabes que eso nunca sucederá, por que te tengo en mente día y noche” dijo mientras que miraba con lujuria el cuerpo desnudo de la guerrera. Ésta sintió la mirada del dios recorriéndole el cuerpo, pero no tenia nada a mano. Entonces fue cuando sintió un escalofrió, había empezado a refrescar. Y el dios no pasó ese detalle desapercibido "¿Tienes frió? ¡Te dejo mi chaqueta!" Preguntó. Ese comentario, hizo que la guerrera viajase en sus recuerdo, hasta el preciso instante en el que un joven muchacho llamado Arturo le dijera esas mismas palabras, dándose cuenta de que en realidad no era Arturo sino ARES!, ahora comprendía muchas cosas, como el porqué de que amase a Ares del mismo modo que a Arturo, cuando ni siquiera con Marcus lo pudo olvidar, como cuando el muchacho apareció tan rápidamente en el lago, o por que le había parecido que el muchacho había reaparecido justo al lado de ella, cuando ésta estaba sentada en la fresca hierba.
“Ohhh… Por todos los dioses ¿e...eres tú? Ese muchacho tan agradable pero engreído a la vez,… ¿eres tú? Oh dios... no me lo puedo creer” dijo mientras elevaba los brazos y se daba la vuelta, caminando de un lado a otro y sacudiendo la cabeza incrédulamente. Su furia se hacía más evidente cada instante. Mientras tanto el dios sorprendido, por lo que estaba pasando le preguntó que qué le sucedía.
“¿tú?,…eres tú, ja….como no me di cuenta antes, por Zeus” dijo esta alzando la voz.
“pero,… ¿de que hablas?” dijo el dios empezándose a hartar “¿Quién soy yo?”
“¡¿No te acuerdas verdad?!” contestó ella enfadándose más por el echo de que él no se acordara de ella “por lo menos cumpliste tu promesa, nos hemos vuelto ha ver” dijo con ironía “como ves” dijo abriendo los brazos, como señalando en lo que se había convertido “logre convertirme en una guerrera y por lo que veo, tú también lo lograste” dijo ella pegándole un puñetazo en el estomago al ver que éste no reaccionaba y por que no lo podía soportar más. “mi primer beso y por consiguiente mi corazón te pertenecen,…” paro en ese momento con cara de asco, para decir asombrada “¡¿a ti?!”. El dios se sorprendió aun más al oír estas ultimas palabras “¡lárgate!” le exigió “no quiero volverte ha ver mientras vida” le gritó “¡cerdo, embustero y mentiroso, LÁRGATE!... lárgate” volvía a repetir rogando mientras una lagrima caía por su mejilla. Ares estaba paralizado, no entendía que estaba pasando, y como ella tampoco le aclaraba nada, enfurecido, desapareció.
Gabrielle había oído todo y la verdad no se extrañó mucho, siempre pensó que Xena y Ares estaban hechos el uno para el otro, pero fue a consolar a su amiga, que se encontraba dando vueltas y pateando todo lo que podía. La bardo la tapo con una manta y la sentó en el suelo, intentando consolarla. “shhhhshhh, ya pasó todo, tranquila” le dijo con voz suave, mientras que Xena la abrazaba y lloraba con fuerza “ee….era él Gabrielle, es él” decía la guerrera temblando y llorando sin parar, como si le hubiesen apuñalado el corazón con una daga, “era él, y ni siquiera se acuerda de mí” dijo “lo odio, lo odio más que antes,… TE ODIOOOOOOOOOO!, MALDITO BASTARDO, ERES UN HIJO DE PERRA, TE ODIOOOOooooo, lo odio” dijo llorando, con ira y resentimiento, mientras que el sentimiento de vacío y las lagrimas no le dejaban seguir aullando. La bardo la abrazó con todas sus fuerzas mientras que le caía una lágrima. No podía verla así, derrotada. “me dijo que nunca me olvidaría, Gabrielle… que nun….que nunca lo haría… pero lo hizo…me olvido, Gabrielle… me olvidó” gritaba una y otra vez, mientras su corazón y alma le dolían cada vez más.
Mientras tanto, en su templo el dios de la guerra destrozaba todo a su alrededor, pero paró cuando notó que Afrodita aparecía detrás de él preguntando que le había pasado. Éste le contó todo lo sucedido y la única respuesta que obtuvo fue “con que aquella muchacha es ella ¡ya entiendo!…aunque yo ya lo veía venir, por como no os enamorasteis el primer día que os visteis, ya que de antes lo estabais, eso es”
“¿Qué muchacha? ¿Qué entiendes?”
“¡insensible, como has podido!” dijo Afrodita enfadada
“¿tú también?” preguntó éste enfadándose esta vez con la diosa “pero bueno, alguien me va ha decir que es lo que está pasando” dijo hablándole al aire “además, ¿Cómo lo sabes tú si ni siquiera lo sé yo?” preguntó éste con el ceño fruncido.
“yo, ¡querido estúpido, lo sé por que simplemente te espié y por que soy la diosa del amor, zoquete!” respondió resaltando los insultos, haciendo que él se enfadara aún más. “además si que lo sabes, pero lo has olvidado”
“¿me espiabas?” dijo enfurecido y a punto de lanzar una bola de fuego, cuando le preguntó “pero, ¿Cuándo? ¿En que momento?,…… dímelo por favor, no aguanto verla así, de verdad estaba hundida y no sé el porqué, pero como siempre es por mi culpa, que raro” dijo con sarcasmo sentándose cabizbajo en su trono “por favor…dímelo….no la quiero ver así” dijo mientras los ojos le brillaban con tristeza. La diosa no pudo resistir verlo de esa manera, así que le empozo a dar pistas.
“¿nunca te has preguntado por que amabas a Xena sin antes haberla conocido, habiendo estado con tantas mujeres, por que ella, y por que a ella le pasó lo mismo contigo? ¿No te resulta familiar ese sentimiento que sientes hacia ella?
“no”
“hace unos quince años, cuando todavía eras un chaval, te refugiaste en un pueblo llamado Amphipolis, el mismo pueblo en que vivía una muchacha llamada Xena” dijo esto ultimo con énfasis para ayudarle a recordar, viendo que sus esfuerzos daban fruto “tú y ella os enamorasteis a primera vista y esa noche la pasasteis juntos...”
“pero no revueltos” la cortó Ares “es ella,…ahora ya entiendo por que solo sentía con ella lo que había sentido con aquella muchacha, pero desgraciadamente no las relacioné, pensé que Xena la había reemplazado y la olvidé, pero no era así, sino que seguía siendo ella. Xena, cuanto lo siento, ¿cómo no me di cuenta, si siento lo mismo con Xena que con aquella muchacha?” unos cuantos minutos después” como no dudaba... cumpliste tu sueño, eh? muchacha arrogante, pero tan bella a la vez” comentó con una sonrisa nostálgica, que desaparecería al instante “¿Cómo no lo pude ver?” preguntó dándose asco a si mismo.
“si lo viste hermanito. Simplemente, no la reconociste. Pero siempre ha estado en tu corazón, sin que tú lo supieras, y tú en el de ella sin que ella lo supiera. Y al darse cuenta después de tanto tiempo, de que aquella persona a la que ella dio su primer y mas bello beso, era a la vez la persona que más amaba y odiaba, pudo con ella” dijo la Diosa del Amor, haciendo ademán de que sabía de lo que estaba hablando. Ares por su parte, estaba mirando por la ventana mientras recordaba aquel maravilloso día en el cual conoció a aquella bella muchacha, terca y cabezota, pero definitivamente sensual, amable, sencilla, peligrosa, poderosa, elegante, seductora, con mal carácter, chulería, pero maravillosa en todos los aspectos. Y solo el hecho de pensar en que todo este tiempo lo había perdido peleando con ella y haciéndole daño, lo mataba.
Al mismo tiempo en un día caluroso y agradable una guerrera y una bardo caminaban por el camino, hablando animadamente. Xena, ya había olvidado lo ocurrido el día anterior, o por lo menos eso era lo que se decía a si misma, pero cada vez que lo intentaba olvidar volvía a recordarlo, sintiendo un odio terrible hacia aquella persona que le había hecho sufrir lo nunca imaginado, y esta vez no le iba a perdonar, se decía una y otra vez, sin que realmente se lo terminara de creer, cuando oyó la voz de Gabrielle llamándola.
“Xena” llamaba la bardo “Xena!” volvió a repetir
“sii?” dijo ésta saliendo de sus pensamientos
“¿Qué te parece éste?, ayyyyy, es precioso ¿verdad?” se contestá la bardo ha si misma
“si Gabrielle es muy bonito, ¿vas a comprártelo o no?” preguntó la guerrera, a la que obviamente no le gustaba ir de compras.
“¿oh vamos Xena, después de tanto tiempo y todavía no te gusta ir de compras?” preguntó la bardo mirando fijamente a la guerrera “por favor, inténtalo al menos, siiii?” insistió Gabrielle con inocencia.
“ya lo he intentado muchas veces, y ya sabes que nunca a salido bien, además, tengo cosas mas importantes en que perder mi tiempo, que estar simplemente…mirando y gastando el dinero a lo tonto” dijo ésta poniendo las manos en las cadera.
“de eso se trata precisamente, de derrochar algún dinar que otro en algún capricho, a eso se le llama diversión, ¿sabes?” Dijo la rubia dejando la prenda en el mostrador y depositando ella también las manos en las caderas “además, que se supone que es más importante que tienes que hacer, justo ahora, mmmmh?”
“pelear conmigo” dijo el Dios de la Guerra haciendo acto de presencia.
“¿Es que quieres morir? Te dije que me olvidaras, ¡recuerdas!” dijo Xena desenvainando la espada y apuntando al dios “¡lárgate!” dijo con ira “déjame vivir en paz” dijo suplicante, pero con dureza.
“necesito hablar contigo Xena, por favor. A, por cierto es perfecto para Xena, buena elección Gabrielle” se dirigió a la bardo haciéndola sonreír complacidamente “gracias” respondió.
Xena ladeo la cabeza como si estuviese viendo una escena asquerosa, y con irritación contesto “agrrrrr”
Ares la volvió a mirar “vamos Xena, solo será un momento, ¿de acuerdo?” insistió
“no tenemos nada de que hablar, pero bueno, tampoco tengo nada que perder” dijo sarcásticamente “habla” dijo sin ni siquiera bajar la espada “ya no puedes hacerme más daño del que me has hecho” dijo mirándole fríamente a los ojos.
“yo…” intento hablar el dios, con una suavidad que Gabrielle nunca antes había visto en Ares “lo siento Xena…lo siento de veras… si hubiese sabido que eras tú la muchacha que me robó el corazón desde el primer día en que vi sus ojos, todo sería distinto” dijo intentando acercarse, al ver que ésta había bajado la espada.
“muy bien, si eso es todo, hasta la vista” dijo dándose la vuelta para marcharse, haciendo enfadar al dios, pero antes sin darse la vuelta le dijo “por cierto, nada hubiese sido diferente, tú seguirías siendo el dios de la guerrera y yo una simple guerrera” dejó pasar unos segundos “que te odia” añadió, empezando a andar, dándole la espalda, pero Ares no se quedó callando y una vez más sacó su orgullo masculino e inmortal, el cual tantas veces le había metido en líos “sabes, no era eso lo que pensabas hace quince años cuando me dejaste que te besara, deseando volver a verme!” dijo, haciendo que ésta se detuviese y se diese la vuelta para mirarlo a los ojos antes de contestar con un seco “eres un cerdo!”, dijo con toda la rabia que tenía dentro, y esta vez si que se marchó dejando a un dios enfurecido que al segundo desapareció y a una bardo con la boca abierta, pensando en que tendría que hablar ese mismo día con su amiga.
Esa misma tarde Xena estaba afilando su espada, mientras que Gabrielle hacia la cena. Las dos estaban en silencio, hasta que la bardo se decidió ha hablar.
“¿Quieres hablar de ello?, ¡por que al paso que vas, vas a desgastar la espada!” dijo intentando hacer reír a la guerrera, pero ésta ni siquiera paró, seguía afilando la espada y esto hizo que la bardo se enfureciese con ella. “ya está bien Xena” dijo levantándose y arrebatándole la espada “ya es suficiente, ¿Por qué te torturas así?” la bardo estaba seriamente enfadada, no soportaba verla así “por favor, mírame” dijo en un tono más amable “por favor” repitió, consiguiendo que la guerrera levantase la mirada, observando, las lagrimas que recorrían sus mejillas “sino lo aceptas…olvídalo, no te hagas más daño, ni se lo hagas a él” esto ultimo hizo que la guerrera frunciera el ceño, “no puedo, y además es él el que me ha hecho daño, y me lo sigue haciendo…no yo” dijo remarcando las últimas palabras.
“eres terca, eh guerrera” dijo Gabrielle pateando el suelo “¡¿no eres tú la que suele decir que no ahí que echar la propia culpa a los demás, sino que ahí que afrontarla?... Eee?...contesta!” dijo haciendo enfadar a la guerrera, la cual se levantó, se secó la cara con las manos y se fue a dar un paseo y a calmarse, porque de lo contrario mataría a su amiga. Un instante mas tarde apareció el Dios de la Guerra junto a la bardo. Ésta asintió y el dios desapareció con una sonrisa en los labios. Gabrielle se sonrió a si misma y siguió preparando la cena, pero esta vez para ella sola.
Mientras tanto una enfurecida guerrera, caminaba ya lejos de allí, dando patadas a todo lo que encontraba, maldiciendo tanto a Ares como a su amiga. En una de éstas, cogió una piedra y la echo hacia atrás.
“ahuuuuuuuuug!” se oyó una voz “ten más cuidado, ¿quieres?”
“no, no quiero y menos siendo tú” dijo sin parar mientras el Dios de la Guerra aparecía frente a ella, haciéndola parar y sacar su espada. “Fuera de mi camino”
“no, no quiero y menos siendo tú” dijo con una sonrisa traviesa, mientras hacia enfurecer aun más a la ya enfurecida guerrera.
Xena no pudo aguantar más el impulso y mando una estocada al dios, quien la paró con facilidad, mientras que reía, haciendo perder el control a la guerrera que atacaba una y otra vez sin parar. En una de las ocasiones, Ares aprovechó para mandarla al suelo y aparecer encima de ella. Cuando Xena se percato de la situación intento liberarse, utilizando todo lo que tenía al alcance de la mano, pero era inútil el dios la tenía bien sujeta. Con las manos, tenía los brazos de la guerrera aprisionados contra el suelo y con sus rodillas, las piernas de ésta, para que no pudiese darle una patada en la entrepierna, aunque le estaba costando, por que Xena no se dejaba vencer tan fácilmente, “me va a costar más de lo que creía” pensó
“suéltame, imbécil” dijo Xena intentando soltarse
“no pienso soltarte, preciosa” respondió el dios “te tengo donde quería, y no te voy ha dejar escapar por nada del mundo” dijo susurrándole al oído. Por su parte Xena intento morderle pero éste fue más rápido.
“GABRIELLE” chillaba la guerrera “GABRIELLE” volvió a repetir “¿Dónde se mete cuando la necesitan?” se cuestionó a si misma.
“oh, no te esfuerces” dijo el dios con una sonrisa “ella me apoya en esto” dijo triunfante al ver que la guerrera levantaba una ceja.
“maldito cabrón, suéltame, no vas ha lograr nada” sin parar de forcejear “además, perdiste la oportunidad el día en que te olvidaste de mí” dijo con ira mirándole a los ojos.
“yo no te olvidé, simplemente no te recordaba, además, como lo iba a recordar, si ahora eres muy diferente a la chica tan amable y simpática que me hechizó” dijo acercándose más a Xena, y sonriendo al notar que el pulso de ésta se aceleraba, por el simple acercamiento “aunque en realidad no te olvidé por que me enamoré de ti el primer día en que te vi, ya que ya ocupabas mi corazón, simplemente no te reconocí” dijo a un centímetro de los labios que tanto anhelaba “y no quieras acerté la inocente, por que tú tampoco me recordabas”
“en eso tienes razón, pero no te tenía porqué recordar, puesto que el chico que me robó el corazón… ¡SE LLAMABA ARTURO!” dijo mirándolo con furia, pero luego tuvo que desviar la mirada, al no poder sostenérsela.
Cuando volteó la cabeza para volver a mirar esos ojos perturbadores, se encontró con los labios del dios en los suyos. Al principio no participó, pero no pudo aguantar más, y buscó desesperada los labios de Ares, que con ansia la estaban besando. De repente, sin saber muy bien por que, Xena apartó su rostro e intentó liberarse de nuevo, pero como antes había sucedido, no pudo. Ares intentó besarla otra vez, pero…
“no vuelvas a hacer eso--”
“¿--o sino que me harás?” preguntó éste cortándola y volviéndola a besar. Esta vez ella participó, y para sorpresa del dios sin rechistar. Éste al ver que Xena no se oponía, soltó poco a poco los brazos de ella, para dirigir sus manos a la cintura de la guerrera, la cual puso las suyas en la espalda de éste. En ese mismo instante, Xena aprovechó para ponerse encima de él con el chakram apuntando al cuello del dios.
“esto” dijo ella triunfante, al ver la sorprendida cara de Ares.
“está bien, me rindo” dijo éste tumbándose en el suelo y mirando a los ojos de la guerrera “tú ganas Xena, como siempre, pero esta vez hazme un favor quieres, mátame” dijo éste rogativo “para así poder descansar en paz, recordando el día mas feliz de mi vida, en el cual conocí a una muchacha que cambió mi vida, y después de quince años volvió a embaucarme con tan sólo una mir…” no llegó a terminar, pues la guerrera estaba saboreando sus labios. Ares reaccionó al instante volviendo a agarrarla por la cintura. Ésta se tumbó encima de él y dejo que éste se pusiera encima de ella. Xena rompió el beso y le miró fijamente a los ojos, haciéndole pensar que todo lo que había conseguido no había servido para nada. De repente notó como una lagrima resbalaba por la mejilla de Xena mientras que seguía mirándolo “Ares, no vuelvas a dejarme, por favor” dijo sorprendiendo al dios, el cual le sonreía cariñosamente “nunca, mi princesa” y se volvieron a besar. Ares la besaba como si estuviese recuperando el tiempo perdido, mientras que ella le quitaba el chaleco de cuero, con las manos, pero sin romper el beso, para después acariciar con dulzura pero con ansia la espalda ahora desnuda de Ares. El dios, abandonó momentáneamente los labios de Xena y se dedicó expresamente a besar ese cuello que había estado deseando desde el instante mismo que lo vio, mientras, sin perder el tiempo, sus manos empezaban a deshacerse de la armadura de la guerrera.
Por otro lado, a casi un quilómetros de allí, Gabrielle se reía, pues sabía que el dios había conseguido su objetivo y eso significaba la felicidad para su amiga, la cual la mataría cuando volviese…si es que volvía.
A la mañana siguiente, Xena volvió al campamento más feliz que nunca
“Hola”
“Hola, Xena. ¿Que tal te fue anoche?, te estuve esperando hasta muy tarde pero, como no venías, me quede dormida” dijo la bardo haciéndose la inocente.
“ya” dijo alzando una ceja y sonriendo pícaramente “y no te preocupaste, por qué...” dijo cediéndole la palabra a su amiga.
“sí, bueno, esto…bueno ya sabes, je, je tú eres ¡Xena la princesa guerrera, de tócame y te mato! Y pensé que te las arreglarías tú sola, no me necesitas para espantar a los hombres” dijo empezándoselo a creer ella misma, pero con eso ultimo había metido la pata, puesto que la guerrera frunció el ceño divertidamente “esto…bueno ya sabes he dicho hombres como podría decir, animales, tú ya me entiendes” dijo cogiendo una bocanada de aire. Ese hecho le hizo mucha gracia a la guerrera la cual se estaba riendo. “¿se puede saber de que te ríes?” preguntó Gabrielle algo mosqueada.
“Gabrielle, ya lo sé todo, Ares me lo contó”.
“ya, y te estás riendo de mí ¿no es cierto?” dijo enfadada.
“oh, no Gabrielle, solo me divertía…lo siento, pero te debía una” dijo en señal de triunfo, haciendo reír a su amiga y volviendo a reír ella también.
Las siguientes semanas transcurrieron tranquilamente, un pueblo que salvar por allí, ladrones por haya, y de vez en cuando Ares las ayudaba, la verdad es que él y Xena eran feliz, y Gabrielle también. Un día de esos Xena y Gabrielle habían pasado la tarde en el lago y estaban llegando a un reino pequeño pero hermoso llamado Milena. Tenían previsto quedarse unos días en la posada, la cual era muy acogedora y tenía baños termales. Durante aquellos días Ares estuvo con Xena y Gabrielle, como si de amigos se tratase, mientras que disfrutaban de las fiestas que se celebran en el pueblo, ya que la princesa Daphne había regresado al lado de su padre el Rey Gimnos y su hermano mayor, el príncipe Edwin, después de estar diez años fuera del reino. La princesa era una joven mujer que todavía estaba sin desposar, y aunque tenía muchos pretendientes nunca encontraba a alguien quien le atrajese. Y tampoco tenía mucho tiempo, no era que el rey estuviese enfermo, pero ya era muy viejo y en uno de esos días podría morir. Aunque festejasen la llegada de la princesa Daphne, era ella la causante de la guerra entre Milena y el reino que se situaba al lado, el reino de Rainos. Todo empezó cuando la princesa rechazó la proposición del Rey Guillermo, de casarse con su hijo el príncipe Jasón, el futuro rey de Rainos. La verdad es que a la princesa le parecía muy guapo, y lo era, era muy atractivo, pero no lo conocía, solo había estado con él un par de veces.
Ares estaba en su templo pensando en el momento en que fuese donde Xena. Su padre el Dios de los Dioses, Zeus, hizo presencia pero aún y todo él seguía pasmado mirando por la ventana.
“hola hijo” le saludo, pero nada “Ares…eeeeeeeee, ¡ARES!” gritó sobresaltando al dios.
“oh, hola padre, ¿Qué quieres?” dijo éste siguiendo en la ventana.
“¿en que piensas, en alguna divinidad quizás?, ¿Qué, es hermosa?” Ares suspiró y Zeus lo tomó como un sí “debe de serlo para tenerte así, y dime ¿Quién es?” preguntó intrigado el dios.
“Xena” suspiró Ares sin darse cuenta de que Zeus le había oído.
“¿CÓMO, ESA ZORRA OTRA VEZ?” gritó el dios “pues que sepas que no lo consentiré, no dejaré que te engatuse” y diciendo esto se marchó enfurecido.
Pero Ares no atendió a nada, la verdad es que ya estaba engatusado, y sin cura alguna. Por otra parte Xena y Gabrielle estaban en el mercadillo y por una vez en la vida Xena no se cejó.
“amiga, debes de estar realmente feliz para aceptar venir de compras” dijo la bardo asombrada.
“Más que nunca Gabrielle” dijo posándole un brazo sobre los hombros y encaminándola hacia el siguiente puesto “muy feliz, tengo las dos cosas que más quiero en este mundo, a ti y a Ares” dijo dándole un beso en la frente.
Mientras tanto en el templo más grande de la zona se encontraba Zeus, buscando un plan para separar a su hijo de Xena, pero no se le ocurría nada, hasta que Afrodita apareció, contándole el festejo que se celebraba en Milena. Él desapareció para volver a aparecer en el castillo del rey Gimnos y después de hablar con el rey llegaron los dos a un acuerdo que beneficiaría a ambos.
Los días siguientes Ares no apareció mucho, y se encontraba mal, muy mal, pero lo peor de todo era mentir a su amada, no le perdonaría nunca a su padre lo que le había hecho, y si Xena se enterase la perdería para siempre. Por otra parte la princesa ya había encontrado a su príncipe. La presentación de la pareja en público estaba concertada para tres días mas tarde.
Dos días después, Xena y Gabrielle fueron al reino de Rainos ha hablar con el rey Guillermo, de la guerra tan absurda que tenía con el reino de Milena. Era una sala muy grande igual que el trono del rey, pero el estaba ocupado, así que les atendió el príncipe Jasón. Éste se quedo impresionado por la belleza de aquella guerrera y ésta tampoco paso por desapercibido lo atractivo que era él, pero solo eso. Después de una buena charla el príncipe creyó haberse enamorado de ella.
“¿Quieres casarte conmigo?” le preguntó cogiéndola por sorpresa “vamos, cásate conmigo y detendré esta absurda guerra, por ti, lo prometo”
“mira, me halagas, en serio, pero mi corazón ya se lo a llevado otro” dijo ésta intentando ser lo más amable posible.
“Ya, que pena, hubiéramos hecho una gran pareja, pero mi oferta sigue en pie. Si ese hombre no te trata como te mereces, ya sabes donde encontrarme, y Gabrielle también se quedaría con nosotros si ella quisiese, no lo olvides” dijo despidiéndose de ellas dándole a Xena un beso en la mano.
En el camino a Milena,
“la verdad es que es guapo, y parece muy interesante. Viste su cara cuando le rechazaste, ja, ja, ja” se reía Gabrielle.
“y ni siquiera me conocía desde que, ¿unas horas? Tiene que estar muy necesitado, ¿no crees?, ja,ja,ja”
No pararon de reírse hasta que llegaron a Milena, donde Ares las esperaba impaciente.
“por fin habéis llegado” dijo acercándose rápidamente hacia Xena abrazándola más fuerte que nunca “te he echado tanto de menos” dijo besándola.
“tranquilo chico, creías que no iba ha volver, aunque ya me han hecho una proposición de compromiso” dijo juguetonamente viendo el ceño fruncido de Ares “y me lo he pensado, sabes” añadió haciendo enfadar al dios “pero nunca podría dejarte aunque quisiese, por que mi corazón te pertenece” dijo besándole suavemente, haciendo que se derritiese.
“! Xena, nunca bromees con eso, estamos!” dijo el dios sorprendiendo a la guerrera.
“Ares ¿te pasa algo?, estás muy raro, sabes” la bardo también se sorprendió, pero no le dio importancia.
Esa noche Ares fue el más cariñoso de los hombres, saboreó cada instante como si fuese el último, Xena no pasó ese hecho por desapercibido, pero no se quejó, le gustaba ese Ares. Ares rodeaba con sus brazos a una dormida Xena, mientras la admiraba por última vez “eres tan bella, ¿Por qué me tuve que enamorar de ti?”. A la mañana siguiente Xena despertó sola, llamó a Ares pero no aparecía “estará ocupado” pensó. Pero entonces vio la rosa con una nota al lado.
Querida Xena,
Tu eres y serás la reina de mi corazón tu ordenas y ordenaras en él, pero cuando tu ya no estés Xena, el reino se hundirá, y yo con él
Mi
vida, te quiero, nunca lo olvides, pase lo que pase, siempre te querré
Ares
Xena y Gabrielle desayunaban juntas mientras la bardo leía una y otra vez el poema.
“Xena… esto es precioso!, te ama enserio, no lo dudes, pero ¿Qué quiere decir con que “pase lo que pase”?
“no lo sé, pero no me importa por que ya nada podrá separarnos,…...nada”
“A, ¿quieres que vayamos a conocer al hombre que a conseguido enamorar a la difícil princesa Daphne?”
“de acuerdo, vamos “dijo la guerrera depositando dos monedas en la mesa, “mas guapo que Ares, no será seguro” pensó, mientras una sonrisa aparecía en su rostro.
Cuando llegaron a la plaza estaba llena de gente, por lo que tuvieron que hacerse sitio. Pero delante había un hombre que media más de dos metros y ni Gabrielle, ni Xena podían ver el balcón, así que optaron por subirse a un banco que estaba bástate legos. Unos segundos antes de que la pareja saliese Xena divisó un hueco y se dirigió allí, pero antes de que llegase ya habían salido, y todavía no había visto nada. Pero Gabrielle si los llegó a ver “a esto se refería con…oh por todos los dioses” pensó. Xena llamó a Gabrielle, pero ésta no la escuchaba, bueno la verdad es que se había quedado de piedra. “tiene que ser muy guapo para que Gabrielle no me haga caso” pensó.
“¿Gabrielle, qué pasa?, ¿Tan guapo es?” le preguntó a la bardo mientras que se acercaba a ella.
“eeeeeh, o no, no, no merece la pena, vayámonos” intentó llevársela
“vamos, déjame verlo, no puede ser tan horrible” insistió
“no, Xena, por favor, no subas, te lo ruego vamos”
“no seas así Gabrielle” dijo mientras que se subía al banco “no creo que vaya a traum…ohhohhohh, dios”, notó como se le paraba el corazón, le costaba mucho respirar. En el mismo instante en que le vio se le rompió el corazón, era Ares! La había engañado. Rompió a llorar, mientras que Gabrielle la agarraba fuerte para no dejarla ir a romperle la cara. Sentía rabia, asco, un vació insoportable, le dolía muchísimo más que cuando no la recordó, no se podía comparar, quería morirse, no podía hablar, ni siquiera insultar. Al mismo tiempo Ares rogaba que Xena estuviese en cualquier otra parte menos allí.
Ese día llovió, no era de menos, Xena se había encerrado en la habitación, y ni siquiera quería ver a Gabrielle. Al día siguiente Ares apareció, como si no pasase nada en la habitación de Xena, y a la milésima de segundo tenía la espada de Xena empuñada por ella, atravesada en el estomago. En ese momento su mundo se vino a bajo al ver los ojos más fríos que había visto en toda su vida.
“hijo de puta, me engañaste….. creías que no me enteraría, que nos tendrías a las dos a la vez, estás loco.” le dijo mientras una lágrima recorría su rostro “¿Por qué?” suspiró en un llanto, “mira, me da igual,… que te valla bien” dijo sacando la espada, intentando ser la guerrera fría de siempre “la verdad es que es muy guapa……espero que..” intento decir pero no le salían las palabras, ladeó la cabeza, para intentarlo de nuevo, le dolía en el alma “..., espero que, que seáis muy felices, de…de corazón, por mi parte, no volveré ha verte nunca más, y tampoco me busques” dijo aguantando las lágrimas, “por favor” le suplicó en un llanto de despedida dirigiéndose hacia la puerta, pero no pudo impedirlo y volvió para besarlo por ultima vez. Después Xena salio corriendo de la habitación, dejando a Ares con el corazón en la mano. Eso le había dolido más que si le hubiese chillado o pegado una paliza olímpica. En sus labios todavía sentía el amargo sabor de las lágrimas de su amada, a la cual vio correr hacia el bosque por la ventana de la habitación.
“será mejor así Xena, lo siento….lo siento mucho…nunca te quise hacer daño….pero no soportaría vivir sin ti, viviría el mismo infierno en la tierra. Prefiero que me odies a llorar toda la eternidad tu muerte. Me sacrificaré por ti, sacrificaré nuestro amor, lo haré, aunque eso signifique estar separado de ti. Supongo que así será más fácil” dijo con una lágrima en la mejilla.
En el bosque una enfurecida guerrera se desahogaba con un árbol. Todavía no sabía de donde había sacado las fuerzas, para hablarle así, pero le daba igual, nunca se lo perdonaría, “nunca”, se juraba una y otra vez. Su mundo estaba desmoronado, tenía a Gabrielle, pero ya no era lo mismo, tenía lo que necesitaba para ser feliz, más feliz de lo que nunca en la vida uno pueda llegar a ser, pero todo se derrumbó. El viajar juntas no le llenaría y no quería seguir así. Por una vez en la vida, no sabía que hacer, pero de repente recordó unas palabras, que le hicieron tomar una decisión definitiva y se dirigió a la posada, en busca de su amiga.
“Xena, por fin, te he estado buscando todo este tiempo, ¿Dónde has estado?”
“Gabrielle recoge tus cosas, nos vamos” le dijo secamente.
“¿pero a dónde?, es de noche…Xena ¿Qué vas hacer?” preguntó la bardo, con algo de miedo al ver la cara tan decidida de su amiga.
“planear una boda” dijo dándose la vuelta para salir. Gabrielle, no entendió nada, pero prefirió no hacer preguntas durante el camino. Hasta que, conoció el camino por el que el día anterior habían pasado y lo entendió todo, parándose seca en el sitio.
“¡Xena!, ¡no iras a...!” dijo espantada.
“sí Gabrielle, es lo mejor para las dos, pero si tú no quieres quedarte lo entenderé” le dijo siguiendo hacia delante, estaba decidida.
“NO, Xena no lo hagas, no es lo mejor, es lo más fácil, nunca has huido de los problemas, siempre te has enfrentado a ellos, ¿Por qué haces esto?” dijo agarrando a su amiga del brazo.
“te equivocas Gabrielle, no estoy huyendo, solo que ya me he cansado del camino, ¿tú no?” dijo intentando engañar a su amiga, pero Gabrielle la conocía demasiado, como para saber que eso lo hacia para huir del daño que Ares le había hecho. Sabía que ahora no iba a conseguir nada, pero no perdería el tiempo, ya pensaría en algún plan.
“está bien, pero que sepas que jamás te dejaré sola, muy bien, ¿quieres arruinar tu vida?, de acuerdo, pero tendrás que arruinar la mía también, porque no pienso separarme de ti, me quedaré contigo por mucho que odie tu decisión” dijo adelantando a la guerrera.
Cuando llegaron a Rainos, se dirigieron al castillo.
“¿Qué?, ¿Qué es lo que queréis a estás horas?” preguntó el príncipe Jasón.
“Príncipe Jasón, si todavía aceptas casarte conmigo, para mí sería un honor” dijo Xena sorprendiendo al príncipe.
“pe...pero tú no estabas enamorada de otro hombre?”
“digamos que ese bastar… que ese hombre no me merece”
“¿Gabrielle?” se giró sin creer nada.
“ya la has oído, majestad” dijo más sería que nunca.
“bien, wow, esto, hoy podréis dormir en las habitaciones de huéspedes, y mañana ya, ya hablaremos ¿de acuerdo?” estaba realmente entusiasmado.
“como gustes, vamos Gabrielle”
“sí, vamos”
Esa noche nadie durmió, Gabrielle no podía dejar de pensar en la equivocación que Xena cometía, mientras que pensaba que era lo que podía hacer para evitarlo. El príncipe, estaba tan entusiasmado, que no podía dejar de pensar en el momento de presentar a Xena ante el pueblo y los demás soberanos, se morirían de envidia. Y tanto Xena como Ares pensaban el uno en el otro, mientras que miraban la luna llena que les recordaba todos los momentos tan maravillosos que habían pasado juntos. recuerdos.wmv (video de recuerdos).
Al día siguiente, el príncipe Jasón presentó a Xena ante el rey y el pueblo. Todos quedaron impresionados, y no era para menos. Xena lucía un vestido rojo, con el pelo suelto, realmente estaba hermosa. Ese día todos tuvieron de que hablar, ya que para ninguno era un secreto quien era aquella mujer. El rey estaba encantado.
“felicidades hijo es muy guapa y gracias a su fama no habrá oponente quien se atreva a tosernos, bien venida a la familia Xena” ésta asintió como haría una guerrera, aunque fuese a ser una princesa, no dejaría de ser una guerrera “y por supuesto tú también, Gabrielle”
“gracias, majestad” se inclinó en presencia del rey.
“oh no jovencita, vasta de formalidades, eres como de la familia, y puedes llamarme Guillermo” le sonrió el rey.
“gracias, Guillermo” contestó sonriendo.
“bueno ¿Qué os parece si planeamos la boda?” preguntó entusiasmado
“sí, pero antes” dijo Xena dirigiéndose a Jasón, “tienes una guerra absurda que detener, ¿no es así?”
“oh, sí, ahora mismo mando un emisario para que acuerde un tratado de paz con Milena” dijo “Silnus” llamó al hombre que guardaba la puerta “dile al Rey Gimnos que quiero hablar con él para acordar un tratado de paz” ordenó.
“sí, mi señor, ahora mismo” contestó antes de dirigirse a la puerta.
“espera, Silnus, se me ha ocurrido una idea mejor” dijo el rey sorprendiendo a todos.
En el reino de Milena, Ares y Daphne hablaban de la boda y de cómo habían llegado a esa situación. Ares era muy guapo, pero Daphne aunque aun no lo supiera del todo, estaba enamorada del Príncipe Jasón, y él también lo estaba de ella, solo usaba a Xena para darle celos, al igual que Xena hacia para darle celos a Ares.
“¿de verdad quieres casarte conmigo?” preguntó Ares, estaba muy relajado y era muy cordial, como si de amigos se tratase.
“¡no!” dijo la princesa “no es que no me gustes pero, me he dado cuenta de que mi corazón pertenece a otra persona, mi hermano me lo dijo una y otra vez pero, no le hice caso” dijo agachando la mirada.
“ya te entiendo, a mi también me pasa lo mismo, pero no me queda de otra que casarme contigo, no te lo tomes a mal, pero toda la culpa la tiene mi padre, él la odia y hace cualquier cosa por separarnos, pero esta vez creo que no tengo escapatoria, además si consiguiese anular el compromiso ella no me lo perdonaría. Como ves los dos tenemos el mismo problema” dijo agachando la mirada también.
“¿la quieres?, quiero decir, que si la quieres, ¿Por qué estás aquí?, la verdad es que no lo entiendo” dijo Daphne algo perdida.
“daría mi vida por ella, y es eso lo que estoy haciendo…………mi padre, Zeus, me amenazó con matarla si no me casaba contigo, y por mucho que se sepa cuidar muy bien sola, no puedo arriesgar su vida, sabes, lo odio” dijo con una brillo intenso en los ojos “pero no se lo digas a nadie, por favor.”
“tranquilo no se lo diré a nadie. A decir verdad, tú al menos has estado con ella, sabes lo que ella siente, pero yo no lo sé, perdí la oportunidad el día en que rechacé el compromiso con el Príncipe Jasón, pero no nos conocíamos lo suficiente y no estaba preparada, no sé si lo entiendes”
“entonces es él el afortunado ¿eh?, bueno, no tienes nada que perder si vas y se lo dices, ¿no?”
“oh, no no, mi padre no me lo permitiría, además no me atrevería…yyy dima, ¿Quién es la afortunada?”
“bueno, puede que hayas oído hablar de ella, es morena, de ojos azules, alta, fuerte, una guerrera, no cualquier guerrera, como ya te he dicho se sabe defender muy bien, es la mejor de todas, Xena, la princesa guerrera” dijo mirando al lago orgulloso de ella, recordando el rostro y el olor de Xena.
“oh, sí, he oído hablar de ella, menuda mujer, en este momento estará maldiciéndote, je, supongo, pero si te ama tanto como tú a ella, también sufrirá mucho”
“y lo peor de todo es que no tuve oportunidad de explicarle nada, y seguramente me odiará”
“seguramente” dijo la princesa afirmando y agarrando la mano de Ares, los dos estaban igual de tristes.
Unos minutos después apareció el Rey Gimnos feliz, para contarles las noticias llegadas de Rainos.
“escuchad hijos míos, el rey de Rainos y yo vamos a negociar la paz, al parecer el príncipe Jasón ha encontrado una bella mujer con quien casarse” en ese instante, el corazón de la princesa Daphne se rompió en mil pedazos. Ares le cogió la mano en señal de que no estaba sola, tendría un hombro donde llorar. Pero el rey no pareció darse cuenta, ya que seguía hablando “y por lo que he oído, ¡es realmente hermosa!, aunque no me han querido decir quien es, pero bueno, ya tendremos ocasión de conocerla, en el banquete que se celebrará mañana, para celebrar todos juntos la paz y las dos fiestas de boda, a la vez” y se fue sonriendo, estaba muy feliz, en una sola semana había conseguido un hombre para su hija y la paz con Rainos.
“sabes lo que significa ¿verdad?”
“que él estará allí…con ella” dijo Xena mientras se probaba el vestido que llevaría a la fiesta. Era un vestido negro, muy escotado y largo, con tirantes. Lo llevaría con el pelo suelto.
“¿y, crees que lo soportarás?”
“sí” dijo segura de si misma, pero en realidad no era así.
“te queda bien”
“eh, sí, ya…a ti también, te resalta lo ojos”. El vestido de Gabrielle era verde, escotado también. Ésta lo llevaría con el pelo recogido. En ese instante tocaron la puerta, el Príncipe Jasón entró.
“¿Qué os parece, la fiesta de mañana?”
“creo que nos gustará” dijo mirándole a los ojos “¿verdad Gabrielle?”
“sí, por supuesto” odiaba ser tan falsa, en ese momento le hubiese gustado decirle la verdad, pero no podía traicionar a Xena.
“bien me alegro, además tengo ganas de conocer al prometido de la princesa Daphne, bueno pronto cenaremos” dijo con un tono algo molesto y cerrando la puerta, se fue.
“creo que tengo un plan” pensó la bardo al darse cuenta, de que al príncipe no le agradaba mucho que la Princesa Daphne se casase.
Esa noche solo Gabrielle durmió, ya que todos los demás, estaban ocupados pensando en como podrían aguantar la presión de la fiesta, al tener que estar con otra persona que no era dueña de su corazón. Xena estaba muy nerviosa, más de lo normal, pero lo conseguiría, “no caeré otra vez en las redes de Ares, por muy, simpático, hermoso, arrogante, con ese cuerpo que…” pensó Xena “que haces, se supone que le odias” se decía sacudiendo la cabeza “es verdad, mañana, deseará morir al verme con Jasón,…que sufra” se sonrió malévolamente.
Llego el día que todos temían, el banquete se celebró en el palacio del Rey Guillermo. Como era de esperar la hora llego y Ares, Daphne, su hermano Edwin y el Rey Gimnos, llegaron puntuales. Gabrielle estaba en la sala principal, recibiendo junto al rey a los invitados, cuando sus ojos se cruzaron con los de Ares, quien se sorprendió mucho al verla allí.
“¿Qué haces aquí?” le susurró a Gabrielle
“disfrutar de la fiesta que se avecina” dijo sonriendo con disimulo.
“pero, ¿y Xena?”
“oh, la veras muy pronto, no te preocupes por eso” dijo ésta dirigiéndose a los siguientes invitados.
Ares no entendía nada, por que estaba ella allí, y lo más importante ¿Dónde estaba Xena? El solo hecho de pensar que la vería aunque no hablase con ella, le hacía muy feliz, pero aún y todo no entendía nada y se esperaba lo peor. Daphne lo notó y le preguntó, que quien era aquella mujer.
“una conocida”
“aaaa… ¿entonces qué es lo que te pasa?”
“a mi nada, sigamos a delante”
Cuando todos los invitados llegaron, el Rey Guillermo, hizo la presentación de los futuros reyes de Rainos. “es para mi un honor presentarles a los futuros reyes del reino de Rainos” dijo el rey captando todas las miradas hacia las escaleras.
En ese momento se miraron y asintieron con una sonrisa. Cogidos de la mano aparecieron Xena y Guillermo. Toda la gente se quedó impresionada al ver a la novia, los cotilleos no mentían, era realmente hermosa.
“es muy herm…”
“¡¿Xena?!” susurró asombrado cortando a Daphne, porque no se lo esperaba y porque realmente estaba hermosa.
“¿es ella?, ¿esa es Xena, la princesa guerrera?” preguntó Daphne asombrada.
“el Príncipe Jasón y la Princesa Xena, mas conocida como Xena, la Princesa Guerrera” añadió el rey. Todos cuchicheaban por la noticia, pero el rey los cortos “y los futuros reyes de Milena, la Princesa Daphne y el Príncipe Ares” en ese instante a Xena le ardía la sangre “más conocido como el Dios de la Guerra”. Todos se pusieron tiesos, al oír aquel nombre, pero enseguida se calmaron “subid junto a los príncipes Jasón y Xena, por favor”. Y eso fue precisamente lo que hicieron. El dios se fue a colocar en el peor sitio, al lado de Xena. Ares seguía sin entender nada, pero lo que más le molestaba era lo acaramelados que estaban Xena y Jasón, le hervía la sangre. Eso Xena lo sabía, y no se iba a privar, así que, cuando Ares miraba, le dio a su prometido un beso, que dejó a todos con la boca abierta.
“¡te estás pasando!” susurró Ares.
“¿tú crees?” le susurró ella con sonriente disimulo dándole una mirada de medio segundo que aún y todo lo dejó atemorizado. Y después se dispuso a bajar las escaleras con la más grande elegancia, para dirigirse al gran salón, donde tomarían algo antes de cenar.
“¡o te ama de verdad… o entonces es que te odia mucho!” dijo Daphne afirmando con los ojos completamente abiertos, aunque ella también había sentido algo con ese beso, ¿rabia hacia Xena quizás, o al hecho de que el Príncipe Jasón no se hubiese opuesto?
“muchas gracias” dijo Ares fastidiado “pero parece que a él tampoco le a disgustado… sería estúpido si lo hiciese” dijo afirmando, deseando probar ese beso.
“ja…ja…ja”
“tú empezaste…vamos, no dejaremos que nos intimiden ¿verdad, querida?” dijo el dios con picardía.
“vamos, querido” y se dirigieron cogidos de la mano, cosa que no pasa desapercibida para Xena, ni el príncipe.
El príncipe Jasón y Xena se encontraban hablando de negocios con unos mercaderes, y la Princesa Daphne y Ares hablaban animadamente con unos conocidos de la princesa. Mientras tanto Gabrielle se encontraba apoyada contra la pared con un racimo de uvas. El príncipe Edwin, la divisó y sintió curiosidad por saber de que se conocían ella y Ares, y aunque no lo admitiera también sentía curiosidad por ella. Por eso cogió dos copas de vino y se dirigió hacia ella.
“hola”
“hola” dijo Gabrielle sin importancia.
“¿de parte de quien estás aquí?”
“¿mm?” No se había dado cuenta de que él seguía ahí “oh, de parte de la novia, Xena”
“ah, yo también estoy de parte de la novia, Daphne”. ¿Quieres una copa?” le ofreció el vaso.
“gracias” murmuró sin mucho entusiasmo, pero al mirarle se encontró con un apuesto caballero, rubio de ojos azules, y atractivo, que la había dejado asombrada. Era alto y se veía que era un guerrero perteneciente a la armada del Rey Guillermo, supusó. “perdona, me llamo Gabrielle” dijo sin retirarle la mirada y aceptando la copa.
“bonito nombre, muy propio para alguien con esa cara de ángel”
“gracias” le correspondió con una mirada dulce y algo vergonzosa, se notaba que le atraía, y mucho. Lo que empezaba a sentir por él era incluso más fuerte que lo que había sentido por Pérdicas. “pero que haces, si le acabas de conocer… Gabrielle, estás muy necesitada” se decía.
Él se sentía derretir con esa mirada milagrosa. “yo soy el pri.., me llamo Edwin” rectificó éste.
“oh, dios que sonrisa mas maravillosa” pensó “y que, ¿eres familiar de la princesa Daphne o eres un amigo?” preguntó interesada.
“un..un amigo”. “ ¿y que me dices de ti, de dónde eres?”
“de Potedaia, pero hace años que no he vuelto. Ya sabes la vida en el camino no deja mucho tiempo”
“¿en el camino?” preguntó Edwin sorprendiéndose de que una divinidad como ella viviera en el camino.
“sí, desde que conozco a Xena he viajado con ella por todas partes, luchando contra el mal, pero…” se calló, no podía reprimir la tristeza que sentía al dejar el camino en el que había sido tan feliz junto a su mejor amiga, su alma gemela, la cual ahora iba a arruinar el resto de sus vidas por rencor, y eso le producía coraje.
“¿estás bien?” preguntó Edwin, depositando una mano reconfortante en el hombro de Gabrielle y mirándola con ternura.
“sí, perfectamente, gracias por preguntar” todo su cuerpo temblaba por la caricia, pero el porqué, lo desconocía. La verdad era que el que un desconocido se comportase así con ella, como si se conocieran de toda la vida, le hacía sentir bien. Y así siguieron hasta que Gabrielle vio algo que le interesaba más en aquel momento.
En aquel momento Xena se encontraba en una esquina con su copa de vino, pensando e intentando escapar del aburrimiento y de las charlas aburridas que compartía de vez en cuando, con algunos invitados, la verdad, se sentía como un animal fuera de su habitad, enjaulada.
“te sientes fuera de lugar, ¿verdad?”
“no hasta que tú, has aparecido”
“Xena, yo necesito hablar contigo, lo que vas ha hacer es un error que lamentarás, por favor” dijo suplicante
“no me digas que te importa lo más mínimo lo que yo haga o deje de hacer. No creía que fueses a caer tan bajo, es que definitivamente eres un bastardo, engreído hijo de perra, siempre consigues sorprenderme, je. ¿Con que derecho te crees TÚ capaz de pedirme algo, incluso a dirigirme la palabra?” no lo soportaba cerca de ella, era superior a ella, lo odiaba hasta morir, pero sentía que con solo una caricia, se doblegaría a sus pies, maldecía a Afrodita por ese don que causaba tanto dolor, y también maldecía a su corazón por negarse a olvidar al ser desgraciado que se había atrevido a rompérselo en mil pedazos. Tenía el alma desgarrada, pero tenía que guardar las apariencias, así que construyó un muro entre sus sentimientos y su corazón, jurando que jamás dejaría a nadie volver a atravesarlo.
“está bien seré lo que tú quieras y si no lo haces por ti, al menos hazlo por Gabri…”
“no te atrevas a usarla como excusa, además no te servirá de nada”
“ya veo, aquí está otra vez, esa guerrera egoísta y orgullosa que conocí hace tiempo, sin sentimiento alguno, ni siquiera por aquella persona que no dudó en confiar plenamente en ti cundo te redimiste y ni tu propia madre creía en ti, no sé como pude enamorarme de ti”
“ja –se rió con una sonrisa malévola- tu me hablas de egoísmo, orgullo,….amor? cuando tú eres el Dios de la Guerra, Ares, tú me hablas de confianza?, por Zeus no seas cínico, creo que te acabas de describir a ti mismo. No tienes sentimientos, y por supuesto no tienes corazón, y además si no recuerdo mal ahora soy todo lo que querías de mí, una fría y calculadora guerrera sin sentimientos. Así que no sigas mintiendo, porque eso de que me amas, lo dudo mucho, ya que después de conseguir tu propósito, te tiraste a la primera… como decirlo...mmm... pobre princesa que seguramente cree que a encontrado a su príncipe azul que le promete la luna y le dice que la quiere. Pero pronto se dará cuenta, de que al hombre al que a entregado su corazón y su cuerpo, con tanto amor, la dejará por otra que se le cruce en el camino” terminó diciendo con una lágrima recorriendo su mejilla, pero se tapó con la copa de vino, para que Ares no la viera.
“grhhhhh” gruñó el dios dejando su copa y dándose la vuelta para marcharse, porque si se quedaba era capaz de hacer algo que lamentaría el resto de su vida.
“¿Qué pasa Ares, he dicho algo malo? ¿Es que te he ofendido?” dijo con un brillo oscuro en los ojos.
“cuando quieres eres muy cruel sabes, pero esto lo hago por ti y no conseguirás que me eche atrás, aunque si quieres guerra, muy bien, pues guerra tendrás” y se fue a la terraza a desahogarse con su padre. “si no te amara tanto, maldita guerrera, ya estarías muerta, sería capaz de enfrentarme al gran dios, por ti, pero ahora vas a lamentar el día en que naciste, te lo juro. Y tú Padre, convéncete de que tienes un hijo menos, pedazo de cabrón todo esto te lo debo a ti, me lo pagarás.” Dijo mirando al cielo.
“hablando solo”
“¿Qué quieres?”
“¡eh, no creo que merezca que me hables así!” dijo haciéndose la ofendida, pero con una sonrisa amable en la cara.
“yo, lo siento Gabrielle, pero es que esa amiga tuya podría sacar de quicio hasta a una piedra, ¿como la soportas cuando está de mal humor?”
“bueno no tengo una formula para eso, pero suele ayudar el no mentirla ni engañarla y el escucharla cuando ella quiere hablar o preguntando, pero sin agobiarla mucho. Pero me parece que eso no te va a servir de mucho, verdad.” Dijo mirándolo con ternura.
“y como es que tú si me hablas – dijo yéndose hacia atrás- ¿no estaréis tramando algo?” temiéndose lo peor.
“oh, no, no estamos tramando nada, contra ti, aunque ganas no me faltan, ¿sabes?, pero algo me dice que esta vez eres inocente, aunque la verdad no sé el porqué. Has hecho sufrir lo inimaginable a mi mejor amiga, y sin embargo, aquí estoy, hablando contigo” dijo asombrada, pero al fin y al cabo no podía resistir la idea de ver de nuevo a los dos guerreros juntos, como antes, y haría todo lo que estuviera en su mano.
“ya lo sé, pero como tú bien has dicho esta vez soy inocente y victima, pero a Xena no le importa, y… por una parte la entiendo, porque yo en su lugar ya habría matado al desgraciado que se atreviese a tocarla, porque la amo, y juraría que cada día la amo más y más, pero por otro lado podría intentar…no… porque entonces me odiaría aun más, aunque creo que eso es imposible.” Se dijo lastimado.
“te entiendo, sabes, se muy bien que no aguanta las injusticias y el ser traicionada, por la persona que más ama” dijo confortándole “pero…” no se atrevía a preguntar.
“lo siento pero no puedo decírtelo y menos a Xena, pero que sepas que lo hago por su bien, y en parte por el tuyo también, pero que no se te suba a la cabeza, entendido” dijo con una media sonrisa, irradiando orgullo y chulería ya que se suponía que se llevaban mal, y de alguna manera eso la hacía feliz, recordar los viejos tiempos, su forma de ser, y no la cambiaría por nada del mundo.
“tranquilo, te guardaré el secreto, pero si yo fuese una amiga… –dijo guiñándole el ojo- …intentaría hablar las cosas, porque como bien sabes, ella es capaz de entender cualquier situación y arreglarla aunque en eso le vaya la vida…”dijo y poniendo la mano en el hombro de éste, le sonrió y se fue a la fiesta.
“eso es lo que precisamente intento evitar” se dijo creyendo que ella no le había oído, pero Gabrielle se guardó esa información, para analizarla mas tarde.
Un rato después se sentaron a la mesa a cenar. En la mesa en la que se encontraban los novios, se ubicaban así: de izquierda a derecha, el Príncipe Edwin, la Princesa Daphne, Ares, el Rey Gimnos, el Rey Guillermo, el Príncipe Jasón, Xena y Gabrielle, quien no esperaba el momento de cenar, pero se sorprendió al ver a Edwin en aquella mesa, ¿sería el un amigo muy especial de la princesa?, y aunque sea increíble, se le quitaron las ganas de cenar, no podía hacer otra cosa mas que especular el motivo por el cual él estaba sentado en aquella mesa. Edwin por su parte temía que ella se enfadara por haberla mentido. Los demás cenaban, sin ningún problema en que pensar, aunque de vez en cuando Ares, hacía rabiar a Xena, y al Príncipe Jasón, al coger la mano de la Princesa Daphne y besarla. Pero Xena y Jasón no se quedaban atrás, ella coqueteaba con él mientras que a él se le iba la mano por debajo de la mesa, y aunque Xena tenía unas terribles ganas de romperle la mano en mil pedazos, sonreía mientras intentaba en vano retirar su mano, sabiendo que eso haría que Ares se encendiera. Y así estuvieron toda la cena. Después como era costumbre, se celebraba un baile. En el que los primeros en entrar a la pista de baile eran los novios. La música era lenta y intensa a la vez (algo parecido al baile de Xena y Gabrielle en el episodio 6x03 x&g dance.) Para desgracia o alegría de los novios, estos tendrían que bailar con la pareja del otro, ósea, Xena con Ares y Daphne con Jasón.
Ares saltaba de alegría y así lo demostró con una sonrisa picara repasando con la mirada a Xena quien se cuestionaba el poder controlarse ante el contacto con el dios, pero echo los pensamientos a un lado, decidiendo que lo iba a dejar con las ganas, y se dirigió al centro de la pista, mientras esperaba a su pareja de baile. Mientras tanto, se empezó a mover sensualmente al ritmo de la música, moviendo los brazos en el aire como las serpientes, al mismo tiempo que miraba con deseo a Ares. Éste no pudo evitar suspirar de placer, era tan sensual, y se dirigió hacia ella, dando pequeños círculos alrededor. Después la agarró por la cintura y la volteó, para quedar cara a cara, pero sin dejar de moverse de esa manera, ahora era ella quien revoloteaba alrededor de él acariciándole la cara y los hombros, parecían uno solo y como seguían actuando, no se dieron cuenta de que todos les miraban. Él la agarró firmemente cuando ésta se encontraba enfrente de él dándole la espalda, pero muy cerca de él. Entonces Ares le volvió a agarrar con una mano la cintura y con la otra le cogió la mano, se la subió en alto y después deslizó la suya propia bajando de la mano, pasando del brazo y siguiendo hasta el muslo donde paro, para volver a subir a la mano de Xena. Mientras tanto, Xena no dejaba de moverse e insinuarse. Cuando Ares volvió a coger su mano, esta vez la agarró de los brazos, como si la arrastrase en el aire mientras que ella doblaba las rodillas y se dejaba llevar. Luego él la hizo ascender suavemente hasta quedar de nuevo cara a cara. Entonces él le hizo dar vueltas alrededor de él y en la ultima vuelta le hizo echarse hacia atrás, y él puso su brazo bajo su cintura, para que ella se echara mas hacia atrás. Entonces, el posó su mano en su torso y fue bajando, mientras que hacía eses, hasta llegar al estomago, donde ella puso su mano sobre la de él, y Ares la subió poco a poco, hasta que estuvieron cerca el uno del otro, Xena se acerco como si fuese a besarlo, pero entonces sonrió con malicia y zas, termino la canción. Entonces volvió a sonrió malévolamente mientras se apartaba de él y se dirigía a donde su futuro marido, para cogerlo de la mano y sacarlo a bailar. Ares se dio cuenta de que había jugado con él y eso lo hizo enfadar mucho.
Todos bailaban “felices”, Gabrielle con Edwin, Ares con Daphne, y Xena con Jasón. Pero de repente, Jasón se acercó con Xena hacia Ares, para pedirle un intercambio de parejas, el cual aceptó gustosamente, al contrario que Xena, quien hizo un amago de irse a sentar, pero Ares la agarró y no la dejó ir.
“yo ya estoy cansada, mejor me voy a sentar” lo intentó
“pero, me sentiría ofendido y eso no estaría bien” dijo Ares con una sonrisa, ya que Jasón estaba delante y seguramente se saldría con la suya.
“claro Xena, baila con él, solo es un baile, no puedes despreciarlo, además vamos a ser futuros vecinos y amigos, ¿no es cierto Ares?” dijo yéndose con su pareja, la cual se reía por la situación.
“¿de qué te ríes?”
“de nada, vamos a bailar” dijo disimulando.
“no quiero bailar contigo, suéltame” dijo ella disimuladamente, mientras que bailaban.
“¿no has oído a tu pro-me-ti-do? –le dijo burlonamente- además, no mientas, te mueres por que te acaricie –dijo acercándola más a él notando que estaba algo nerviosa- te bese,….te ame -dijo seductivamente- y si no, ¿a que a venido el teatro de antes?”.
“me gusta hacer las cosas bien, y si tenía que bailar contigo, porqué no hacerlo bien, aunque si quieres que te confiese algo, bailas fatal –le susurró-, a por cierto, ya estás subiendo esa mano, sino quieres que te la corte” amenazó.
“si así lo deseas, aunque no estoy muy seguro, la verdad es que no te creo” dijo sin mover la mano, pero ese fue un gran error. “aaah”
“ya te he advertido, pero tu ego masculino te ha traicionado… -le mira, sonriente- otra vez, buenas noches” dijo triunfante. Le había propinado un rodillazo en la entre pierna a Ares. Quien intentaba disimular el dolor. Entonces ella cogió y se marchó a la mesa, a sentarse, mientras que Ares se quedaba en la mitad de la pista, solo y con un dolor impresionante entre sus piernas, haciendo que empezase a odiar a Xena, pero sin dejar de amarla, tal y como ella hacía con él.
Gabrielle bailaba con Edwin, la verdad es que hacían buena pareja.
“¿y que pasó con tu soldado, lo dejaron en la estacada?” preguntó algo horrorizada.
“no, por suerte yo andaba cerca y lo cargué hasta el campamento, donde nos hicimos como uña y carne mientras que se curó, después, nos tuvimos que separar, porque yo tenía que regresar a Milena y a él le asignaron al sur de Grecia. No sé si está muerto o tiene hijos, pero lo echo mucho de menos, ya sabes, las noches en vela hablando de cualquier cosa, las aventuras, la amistad” dijo sin dejar de sonreír.
“ya te entiendo, eso era exactamente lo que solíamos hacer Xena y yo –después hubo una pausa mientras ella apoyaba su cabeza en el hombro de él y se movían al ritmo de la música- y dime tú y la Princesa Daphne… ¿sois muy amigos?” dijo disimuladamente.
“si, nos conocemos desde pequeños, nos criamos juntos, ¿Por qué lo preguntas?”
“no, es que como te vi sentado en la mesa de los novios, pues…pero no importa, no te preocupes.” Dijo acomodándose más en el hombro de Edwin. Éste no pudo dejar de pensar que lo que hacía estaba mal, era tan hermosa, le diría la verdad.
“escucha Gabrielle, yo…quiero decirte algo”
“¿sí?”
“la verdad es que no soy solo un amigo de Daphne –a Gabrielle se le paro el corazón- soy, su hermano –Gabrielle empezó a reír, aunque después le preguntó el porqué de su mentira- bueno, yo no quería que por ser el Príncipe Edwin no te acercarás a mí o que te acercaras por ser quien soy -dijo agachando la cabeza- lo siento”.
“sabes, lo que hiciste estuvo mal, pero yo también tengo que confesarte algo, yo también soy de la realeza, yo soy la Reina de las Amazonas –dijo sorprendiéndolo- yo te perdono si tú me perdonas a mí” dijo mirándole amablemente.
“claro que te perdono, pero tú no me mentiste, sin embargo yo sí, ¿y ni siquiera te enfadas o haces algo?” dijo sorprendido, nunca había conocido a una mujer así, era única.
“la verdad es que pensándolo mejor, si que voy a hacer algo –le besó sin que él pudiera reaccionar- ¿te parece suficiente castigo?” preguntó coqueta.
“no, creo que deberías de ser mas dura” dijo haciéndola reír, y volviéndola a besar.
Xena observaba todo desde la mesa, y aunque estaba encantada de que su mejor amiga hubiese encontrado a alguien que la hiciese reír como nunca la había visto, al mismo tiempo sentía envidia al verla tan feliz. Ella se encontraba sola con su copa en la mano, mientras veía como Daphne y Ares se lo pasaban estupendamente, más bien, observando como se lo pasaba Ares sin que se preocupase si ella lo miraba o no. Para su alivio, la fiesta acabó poco después, y todos los invitados se habían ido. Menos el Rey Gimnos, Edwin y la pareja de novios, ya que se quedarían unos días más en Rainos. Y eso no hizo mucha gracia a ninguna de las parejas, menos a Gabrielle y Edwin, a quienes les parecía muy bien.
Esa noche realmente nadie durmió, intentando oír algún ruido de la habitación de al lado, ya que las habitaciones de las tres parejas estaban una al lado de la otra. Como bien sabemos, Xena tenía muy agudizado el oído, pero no pudo oír nada. Por una parte eso la alivió, aunque eso le parecía algo raro, pero no hizo conjeturas que podrían ser erróneas.
A la mañana siguiente, Xena se encontraba en los jardines del palacio, sentada en uno de los bancos que se encontraban en frente del banco de peces. Pensaba en que sería de su vida después de que se casara, en los momentos que había pasado junto a Gabrielle, y junto a Ares. En eso estaba cuando Daphne pasaba por allí, y al verla, se acercó a ella sentándose a su lado.
“hola” dijo Daphne intentado entablar una conversación muy incomoda.
“ah, hola” respondió conteniendo las terribles ganas que tenía de enseñarle su mejor golpe, pero la conciencia se lo impedía.
“mmm, anoche bailaste muy bien, aunque se que tu especialidad es la guerra”
“sí”.
Estuvieron aproximadamente diez minutos mirando a todas partes y a ninguna. Xena preferiría estar ella sola ante todo un ejercito, pero lo intento otra vez, en contra de su voluntad, además, ¿ella no era culpable de que Ares fuese un imbécil, de que su primera diversión antes de la guerra fuese la de jugar con las mujeres, ¿no?
“y, dime, ¿Cómo conociste a Ares?”
“en, en una posada cercana a Milena”
“ah, y de eso ¿hace mucho?”
“no, en realidad no, hace dos meses”
“será cabrón” se dijo a si misma.
“¿has dicho algo?”
“eh, no nada, solo que tienes mucha suerte al tener a un hombre como Ares a tu lado, no, no lo dejes escapar, por que cuando lo conoces, no lo puedes olvidar” intentó contener las lágrimas, pero no duraría mucho, si seguía allí sentada junto a Daphne.
“gracias, y te digo lo mismo respecto al Príncipe Jasón”
“ya –sonrió- bueno me tengo que ir…adiós” se incorporó para marcharse
“espera” se levantó Daphne
Xena se paró y se giró “¿sí?”
“¿no te caigo bien verdad?”
“¿Por qué lo dices?”
“no es por nada, solamente que lo siento así”
“no, no me caes mal, es solo que nunca acostumbro a fiarme de la gente tan fácilmente, casi nunca –se dijo a sí misma, volviendo a maldecir a Ares- y todavía no nos conocemos mucho, pero espero que eso no sea por mucho –le sonrió dándose la vuelta- adiós” y se marchó.
“adiós”
Xena fue a buscar a Gabrielle, pero no estaba en su recamara, ya que había salido a dar una vuelta a caballo con Edwin. Así que decidió quedarse un rato. Pero no estaba en su naturaleza el estar sin hacer nada. Por eso, se fue a ver el entrenamiento de la guardia real de Rainos. Mientras que andaba entre las parejas de espadachines, iba haciendo su crítica mental. “demasiado flojo, poco instinto, cambia de mano,…...no está mal” –pensó, pero no se dio cuenta de que cada vez que pasaba al lado de una pareja, ésta, se paraba, hasta que se dio cuenta.
“que pasa, ¿habéis visto un fantasma?, vamos, a entrenar” les gritó, pero no se movían. “¿es que no entendéis mi lenguaje?, VAMOS” volvió a gritar.
Un soldado dio un paso hacia delante y dijo “pero, usted no debería de estar aquí, la podríamos dañar señorita –dijo temblando por dentro, Xena le imponía, ya que ésta, mantenía su pose de guerrera con poca paciencia, (con la ya vistosa altura, con los hombros echados hacia atrás y los brazos cruzados debajo del pecho, además, la ceja elevada también ayudaba)- la, la podríamos dañar, y se podría ensuciar el vestido”
“no seas estúpido, ni todos vosotros juntos conseguiríais tocarle un solo pelo, y respecto al vestido, no creo que le importe mucho ensuciarlo, ¿verdad, Xena?”
El soldado se aterrorizó al oír el nombre, ya que no la había reconocido y todo lo que había oido de ella pertenecía a su pasado como sanguinaria “yo, yo lo siento, no sabía…soy nuevo y…” anunció sobresaltado el soldado.
“no te preocupes, y ahora seguid con lo que estabais haciendo, y por cierto, no dejes a un lado tu instinto, no está tan mal –le sonrió al soldado calidamente, calmando al joven - Y en cuanto a ti, Ares, ahora entiendo como pueden ser tan malos, aunque no debería sorprenderme, tú y yo ya sabemos que aún siendo el Dios de la Guerra, no es tu fuerte” dijo con una sonrisa burlona.
“ya, entonces no te importara enfrentarte a mi mejor hombre, ¿mm?”
“de acuerdo, la verdad es que necesito un poco de diversión, ¿a cual de estos…soldados, quieres que pateé el trasero?” todo esto lo dijo mientras que se rasgaba el vestido, para mayor libertad de movimientos.
“bonitas piernas, ¡MARCUS! –grito, haciendo parar a todos los soldados- suerte, la vas a necesitar”
“ya” ese nombre le recordaba a su “segundo” amor muerto, por culpa de Xena, y eso, Ares lo sabía. Entre la multitud apareció un hombre de más de dos metros de altura, fuerte y ágil, con una espada grandiosa, por su tamaño.
“Marcus, ésta va por ti” pensó.
“es un honor conocer a la más grande, de los guerreros, no te lo tomes a mal Ares, y a la mas hermosa” dijo agachando la cabeza “será un honor enfrentarme a ti”
“gracias, ¿y ahora, empezamos?”
Todos los soldados formaron un círculo, en el que quedaron atrapados Xena y Marcus. Ella primero le probaría, para calcular su habilidad, y después buscaría su punto débil. Él fue el primero en atacar, se acercó a ella y le dirigió una estocada a la cabeza, la cual Xena esquivó sin problema, agachándose. Él volvió a atacarla, pero esta vez con una patada, que casi la alcanza, aunque Xena ya había saltado sobre ella misma cayendo justo detrás de él, mientras que se reía, complacida por el reto “muy bien, a ver que sabes hacer” le dijo al tiempo que de una patada le arrebataba la espada a Ares, “ahora te la devuelvo”. Al igual que Xena, Ares se lo estaba pasando muy bien. Una de las cosas que admiraba en ella era su maestría en la lucha y además la había visto sonreír, sin duda era el mejor día de Ares. Después de evitar y propinar estocadas y patadas, Xena bloqueó el golpe de Marcus cruzando la espada, para después impulsarla hacia delante haciendo balancear a su enemigo hacia atrás. Y aprovechando el momento, saltó y le propinó tres patadas en el aire. Luego, se impulsó en el dorso de Marcus y volteó otra vez para dar la patada final, la última y definitiva patada también en el dorso, derribándolo al instante, cayó a su lado, ofreciéndole una mano. Después volvió a saltar, esta vez hacia atrás, cayendo al lado de Ares.
“aquí tienes –le devolvió la espada y se dio la vuelta, para marcharse, pero antes- a por cierto, si eso es lo mejor que tienes…estáis perdidos, no te lo tomes a mal, Marcus” se dirigió a él.
“será un placer aprender de la mejor, mi señora, si estás dispuesta a ello” dijo agachando la cabeza.
“no lo dudes –le sonrió- pero no vuelvas a llamarme señora o será lo último que pronuncies” le dijo guiñándole un ojo y haciendo sonreír a Ares. La verdad es que aunque aparentase ser dura tenía un sentido del humor bastante afinado, otra de las cosas que le gustaban a Ares.
“pero, supongo que éste ha sido un aperitivo para ti” lo dio por hecho al ver que la Princesa Guerrera sonreía “¿Por qué no te enfrentas al Dios de la Guerra?” dijo Marcus, Xena alzó la ceja y a Ares se le cambio la cara.
“sí, por que no” dijo Xena y todos comenzaron a gritar “pelea”
“Ahora mismo tengo unos hombres que entrenar, y…”
“que pasa Ares, te asusta una mujer, tranquilo no te haré mucho daño” dijo desafiante.
“está bi--”
“¿Qué haces aquí?” le interrumpió “Te estaba buscando, ¿y que le ha pasado a tu vestido? ¿Estás herida?”
Xena se volteó para acercarse a su prometido, rodeándolo con sus brazos “oh, querido, ya sabes que, bueno, la guerra es mi trabajo y como me aburría, decidí venir a divertirme un poco, a ejercitar. Y en cuanto al vestido, necesitaba total libertad de movimiento y lo modifiqué, ¿no te gusta?” dijo dando un circulo alrededor de él y enseñando el muslo.
“siii, sí me gusta, pero no vuelvas a irte sin decir nada, estaba muy preocupado”
“lo siento perdóname –y le beso apasionadamente- ¿ya estás mejor?”
“sí –y la volvió a besar, aprovechando que ella estaba más cariñosa de lo normal- vamos, la cena está servida –y agarrándola de la cintura, se dispuso a marchar, pero en la puerta, se detuvo y se giró- Ares, ¿vienes?” le preguntó mientras que Xena miraba a Ares con una sonrisa maliciosa, aunque por dentro se derritió al verlo sin la camisa mientras que derramaba un odre sobre su cabeza y se frotaba el dorso. Ares asintió sin quitarle la vista de encima a Xena
En los pasillos de palacio dirigiéndose al comedor,
“¿a qué ha venido eso?”
“¿El qué?”
“esa forma de comportarte”
“a, eso, bueno, he estado pensando y ya que pronto vamos a ser marido y mujer, he decidido que voy a entregarte todo mi cariño y amor, lo que por derecho te corresponde” dijo acercándose a él –tienes razón Xena, tarde o después vas a tener que hacerlo, por que no irte haciendo a la idea, además es atractivo y besa muy bien, aunque no tan bien como Ares, pensó. “¿te parece mal?” preguntó acariciándole la cara
“no, es solo que no quiero obligarte a hacer nada que no quieras, hasta que tu corazón se sane, ya se que afirmas haberlo superado, pero la verdad, no te creo, tomate tu tiempo, te esperaré” le dijo mirándola a los ojos.
“gracias, es lo más bonito que me han dicho en mucho tiempo, eres un buen hombre y no dudo que serás el esposo perfecto” le dijo besándolo, pero esta vez solo le dio un beso simple pero sincero –no te defraudaré, intentaré quererte, lo prometo- se dijo, “vamos” y fueron a cenar.
Gabrielle y Edwin ya se habían aseado después de estar todo el día en el campo con los caballos. Ese día fue maravilloso para los dos, hicieron carreras, las cuales ganó Gabrielle, chapotearon en el agua, y estuvieron hablando de sus vidas, sus aventuras…
“y así fue como conocimos a Autholicus el Rey de los Ladrones. No se lo digas a nadie, pero en realidad es un buen hombre, solo roba a los más ricos y malas personas, y de vez en cuando les entrega parte de lo que roba a los pobres, pero es secreto, de acuerdo, por que si se entera de que te lo he contado, me matará” dijo burlándose.
“querrás decir que lo intentará, porque por lo que me has contado, parece que luchas muy bien, además teniendo a una maestra como Xena a tu lado, no es de extrañar, yo nunca la he visto luchar, pero tiene fama de ganadora” dijo haciéndola sonrojar.
“sí, es una ganadora nata, pero también te digo que es una ¡cabezota! –dijo afirmándose a si misma, cosa que hizo gracia a Edwin- solo hay una persona que puede calmarla, como se calma un animal salvaje, aparte de mi, pero…” dijo cabizbaja.
“¿puede ser un tal Dios de la Guerra?” sorprendió a la bardo.
“¿Pero? ¿Cómo? ¿Quién?..”
“tranquila el secreto está a salvo. Me lo contó Daphne, me comentó que Ares no hacía otra cosa que hablar de ella. Además, no me puedes negar que el ambiente se caldea cada vez que ellos están en una misma sala”
“no, no puedo” dijo mirando al horizonte “sabes, en realidad me encanta la pareja que forma –dijo riéndose- y las peleas son aún mejores. No me interpretes mal, no me gusta la violencia, pero en su caso no lo considero violencia, ¿me sigues?, verlos a ellos pelearse es tan…” dijo intentando buscarle significado “esa llama que comparten es, es como el fuego griego, cuanto más pelean más grande se hace la pasión y el amor que siente el uno por el otro. Ese odio amor que sienten a la vez, te parecerá raro, pero, me divierte, son como niños.” Sacudió la cabeza “olvídalo, es, es una tontería. Pero respóndeme a algo, ¿Por qué se va a casar Ares con tu hermana si a la que ama es a Xena?”.
“no es el único” dijo desconcertando a Gabrielle “al igual que Xena y Ares se aman, Daphne y Jasón también lo hacen, y la verdad es que yo tampoco sé el porqué, pero ésta situación me enferma” añadió apretando los puños.
Gabrielle se percató y depositó sus manos encima de las de él. “pues decidido, tendremos que planear algo para que esos se vuelvan a juntar” lo sorprendió, amaba su dulzura y voluntad para ayudar a los suyos.
Después de estar un rato mirándose decidieron que tenían que hacer algo para evitarlo y se dirigieron a cenar. En el comedor todos los estaban esperando con miradas interrogantes.
“sentimos el retraso, se nos hizo tarde” se disculpó Edwin separándose de ella para sentarse al lado de Daphne. Al mismo tiempo que Xena le susurraba a su amiga “luego hablamos”, la bardo asintió y empezaron a cenar.
Llego el postre, fresas con nata que Ares había pedido específicamente, para martirizar un poco a Xena, mientras que recordaba las tardes que pasaron juntos tirados en la hierva dándose fresas el uno a otro. Pero como siempre, la jugada le salió mal.
“fresas con nata, me encantan” dijo llevándose una a la boca y comiéndosela con sensualidad “tengo entendido que a ti también te gustan ¿verdad,….Xena?” en ese momento todos miraron a la guerrera quien se atragantó con un trozo de pan.
“kkkkkk,-tosió intentando salir del apuro, y Gabrielle le palmeó la espalda para ayudarla, mientras Ares se ponía tenso por el susto- sí, kk, la verdad es que me enloquecen” dijo con tono pícaro –te ha llegado la revancha Ares- pensó, al tiempo que cogía una fresa lentamente y la untaba en nata. Para después inclinar la cabeza hacia arriba y deslizar la fresa por su lengua, comiéndosela, lamiéndose los labios después.
Esto parecía un campo de batalla, pero aquí no había perdedores ni ganadores, solo heridos y tanto Gabrielle como Edwin se percataron sonriendo tímidamente. El resto no entendía nada aunque tampoco se molestaron en preguntar.
Todos habían subido a sus habitación menos Xena y Gabrielle quienes se quedaron ha hablar un rato.
“y qué, ¿va en serio?”
“¿El qué?”
“¡Gabrielle!” le echó la mirada
“me gusta Xena, me gusta mucho” dijo mirándola a los ojos. “no había sentido esto por nadie, ni siquiera por Pérdicas”
“me alegro” dijo cogiéndole la mano “espero que él sienta lo mismo por ti, porque como te haga daño…”
“sí, ya lo sé mama” dijo sonriendo.
“hablo en serio Gabrielle, no quiero que te hagan daño” dijo mirándola de nuevo a los ojos, sabiendo de que hablaba.
“lo sé Xena y te lo agradezco, como tampoco quiero que te lo hagan a ti” la bardo tocó el tema.
“puedo cuidarme sola” intentó escabullirse.
“ahí está otra vez ese orgullo tuyo, Xena, a mí no intentes engañarme, se que te mueres por dentro cada vez que Ares está cerca de Daphne.” Dijo hiriendo a Xena quien se levantó, y se dirigió a la chimenea.
“tienes razón, pero no es lo mismo, prefiero soportar éste dolor a verte sufrir a ti”
“no me cambies de tema, Xena. Quieres dejar de pensar en los demás por un instante y prestar atención a tu corazón” se enfadó la bardo.
“no, no puedo Gabrielle, lo he intentado pero me he dado cuenta de que si lo ignoro desaparece” dijo intentando sonreír.
“Xena” lamentó Gabrielle acercándose a su amiga “eso está mal, cuanto más tiempo lo ignores más te dolerá después. Por favor Xena, saca el dolor que llevas dentro y combátelo”
“no, no puedo” le susurró la guerrera mientras que una sola lágrima recorría su mejilla, al verlo Gabrielle la abrazó.
“gracias”
“¿Por qué?” preguntó la bardo.
“por ser así, como eres, por ser mi amiga, aunque a veces no lo merezca”
“calla tonta”
Cuando se separaron, Gabrielle no pudo impedir preguntarle si lo había hablado con Ares:
“no, ni pienso hacer Gabrielle, me dejó por otra, logró lo que quería de mi y luego me abandonó, no tengo nada que hablar con él, todo está muy claro” dijo con odio.
“Xena, sabes que eso no es verdad, él te ama, daría su vida por ti, incluso más de una vez se a enfrentado a los dioses por ti, tiene que haber una razón lógica para su comportamiento, y además, Edwin me a dicho que Ares está todo el día hablando de ti, tiene que tener una razón, sabes que él no te dañaría” dijo pensativa.
“ja, ¿ahora te pones de su parte?” dijo frunciendo el ceño.
“sabes que no es…”
“sí, Gabrielle, eso es lo que has dicho y lo que querías decir, mira, me voy a mi habitación, al menos ahí hay alguien en quien puedo confiar” y dejando a la bardo furiosa se largo a paso largo.
“Xena….Xena…XENA…” pero ésta no le hizo caso.
Xena estaba decidida a olvidar a Ares a la fuerza, así que después de entran en la habitación se arregló para su futuro marido, el cual estaba leyendo unos escritos. Cuando estuvo lista se acercó a él por detrás rodeándolo con los brazos. “¿Qué haces?” preguntó girándose hacia ella “mmmm, estás preciosa”.
“gracias –dijo besándolo- solo quiero divertirme un poco y pensé que tú podrías ayudarme” dijo sensualmente.
“¿estás segura?” preguntó dudoso creyendo que aún era pronto para ella.
“sí” dijo besándolo de nuevo con más intensidad que antes, y él no opuso resistencia alguna. Todo iba bien, él respondió cogiéndola por la cintura y depositándola en la cama dejó que sus manos vagaran sin rumbo, al fin y al cabo él también necesitaba desahogarse. Dejó de besarla y se dirigió a su cuello. En ese momento Xena cerró los ojos y empezó a creer que podía seguir, aunque sus caricias le recordaban mucho a las de Ares, pero, en cuanto Jasón dejó su cuello, se dirigió otra vez a los labios de ella, mientras que su mano se dirigía desde la pierna de ésta al muslo. Entonces fue cuando Xena abrió los ojos y no lo vio a él, si no a ¡Ares! Intento seguir cerrando de nuevo los ojos, pensando que así pasaría, pero cuando los abrió otra vez, él seguía allí. No pudo más y de un empujón se libro de Jasón, quien le preguntó que le pasaba al no entender nada, aunque una leve idea tenía.
“yo, lo siento…...pero no puedo lo siento” dijo ella saliendo corriendo de la habitación.
“lo sé” contestó él, la entendía perfectamente.
Xena no paro de correr y se metió en los baños cerrando la puerta tras de si. En ese momento se apoyó en la puerta y se dejó caer al suelo. “¿Por qué?, déjame en paz Ares, por favor, quiero olvidarte, ¿cómo pude caer en tu trampa? ¿Por qué me haces esto?, ¿Por qué me atormentas?,…….por qué…Ares…...por qué.” susurraba una y otra vez mientras que golpeaba la pared, al tiempo que las lágrimas ganaban la batalla final. Pero entonces oyó un ruido y se levantó, secándose la cara.
“¿Quién anda ahí?”
“Xena”
Ya no aguantaba más, su corazón no se lo permitía, tenía que sacar todo lo que llevaba dentro “no, por que me haces esto, por que no me dejas en paz,…...por favor” le suplicó mientras que las lágrimas volvían a salir y las fuerzas la abandonaban, haciéndola caer de rodillas. Ares intentó acercarse, pero tenía miedo de su reacción. Finalmente se acercó y la abrazó con todas sus fuerzas, odiaba verla derrotada. Ella se resistió al principio, pero enseguida se dejó abrazar, no hacía otra cosa que repetir una y otra vez “¿por qué?”.
“lo siento, xena, lo hice por ti, no lo entenderías, pero sabes que daría la vida por ti y eso es lo que estoy haciendo, oh, mi amor, cuanto he anhelado el poder abrazarte, el…”
Xena lo estaba besando dulcemente, Ares creyó estar en los campos elíseos. Esa noche la pasaron juntos aprovechando cada momento, aunque no fueron los únicos que lo hicieron. Cuando Jasón fue a buscar a Xena se encontró con Daphne y después de conversar un rato se rindieron a sus deseos.
A la mañana siguiente, Ares se despertó, solo. Pero encontró algo en lugar de Xena:
Ésta mañana, me he despertado junto a ti, y por un momento, solo por un momento, he llegado a pensar que todo había sido una pesadilla. El verte dormir, tan tranquilo, me ha devuelto la vida por un instante, pero el tormento que sufre mi corazón, me ha hecho regresar a la realidad. Y después de lo de anoche, estoy más confusa que antes, se que me amas, eso nunca lo he dudado, y es por eso por lo que no dejo de preguntarme, por qué me dejaste. Pero con esto, no quiero que entiendas que seré tuya cada noche que nos necesitemos, porque esa oportunidad, ya la perdiste, solo quiero decirte que aunque te odio, te sigo amando, porque eres el amor de mi vida y nunca podré olvidarte, pero tampoco puedo perdonarte.
Xena, la que una vez fue, tu Princesa Guerrera.
Ares sabía que ella le quería y aunque ella no le perdonase nunca, tenía que saber la verdad, así que tomó una decisión que cambiaría su vida para bien o para mal.
Xena entró en su habitación, tenía que hablar con Jasón. Él todavía dormía y decidió no despertarlo, pero más tarde hablaría con él. Cuando salía del cuarto, se encontró con Gabrielle, se quedaron mirándo una a la otra.
Después de unos segundos “Hola”
“Hola”
“Oye Gabrielle, te quería decir que lo siento de veras, yo no…”
“Lo sé” le sonrió.
“Sabes, no sé que haría sin ti, ven aquí” la atrajo en un abrazo.
“Probablemente, serías una guerrera sin mucho talento” dijo burlándose.
“Probablemente”
“Pero Xena, reconocerás que tenía razón, acerca de Ares”
La rodeó con un brazo mientras que se dirigían al jardín “Sip, ayer hablé con él”
“Y que tal, ¿Qué te dijo? ¿Qué paso?, vamos Xena contesta” dijo nerviosa.
“La verdad es que no le dije gran cosa y, él a mí tampoco” dijo, sabiendo que su amiga la entendería, y no tardo mucho.
“Pero entonces… oh, espera, tú y él, quiero decir,…”
“Sí, pasé la noche con él y no, no he vuelto con él”
“Pero entonces, ¿Por qué?”
“Gabrielle, ayer nos necesitábamos mutuamente el uno al otro, y nuestra debilidad fue más fuerte que nuestra… bueno, que mi autocontrol, pero eso ha sido y será todo” afirmó dejándoselo bien claro a la bardo.
“Hey, ¿Qué tal están mis chicas?” se oyó una voz en el fondo del jardín.
“¿Joxer?” repitieron las dos a la vez.
“¿Qué pensabais que no iba a venir a la boda de mi amiga la Princesa Guerrera?” dijo acercándose y abrazándolas.
“Me alegro de verte Joxer” dijo Gabrielle.
“yo también”
“¿Dónde has estado?”
“En una aldea cercana ayudando a reconstruir las casas que una guerra había destruido, y hay es donde me enteré, Xena, ¿en serio te vas a casar? No sé, es muy raro en ti, aunque no tanto” Se puso a pensar en la boda de Ares y Xena” y dime ¿Quién es el afortunado?”
“Es el Príncipe Jasón, pero déjame verte, estás más fuerte” dijo intentando evitar el tema.
“Sí, la verdad es que he estado practicando, sabéis?”
“¿A sí?, espero que te quedes con nosotras, me gustaría mucho que estuvieras en mi boda”
“Claro” dijo alegrándose de que Xena contara con él.
“¿Y ahora vamos a almorzar?” preguntó Gabrielle después de que le crujieran las tripas.
Cuando llegaron al comedor, hay sentados se encontraban Ares y Daphne, quienes levantaron la mirada en cuanto estos entraron.
“El que faltaba” susurró Ares.
“¡Ares!, ¿Qué haces tú aquí?” dijo sacando la espada y golpeándose con ella.
“Oh, ¿No lo sabes?, yo también me voy a casar” dijo acercándose a él, el cual estaba asombrado, mientras que lo sentaba a su lado “¿Te apetece algo para almorzar?” dijo sorprendiendo tanto a Gabrielle como a Xena, quien, aún y todo, desconfiaba.
“Ah, mis buñuelos preferidos, ¿Cómo…?” fue a decir la bardo pero enseguida se dio cuenta de quien era el detalle, al mirar a Ares y ver que éste le guiñaba un ojo.
“Sí… Cómo.”Se repitió Xena, sabiendo la respuesta.
La verdad es que Daphne estaba algo incomoda al ser la única que obviamente no encajaba en ese grupo.
Un mes después, el día antes de la doble boda. Gabrielle y Edwin estaban dando un paseo. Ares y Jasón se encontraban en una reunión. Y Xena se encontraba sola en su habitación, cuando llamaron a la puerta.
“Adelante”
“Xena, ¿Qué haces aquí tan sola?, ¿No deberías de estar pateando culos o lo que sea que hagas ahora?” dijo intentando establecer una conversación.
“Nada, simplemente disfrutaba de la soledad de mi último día como Princesa Guerrera, libre. ¿Querías algo en especial?”
“No, pero ahora quisiera hablar contigo, si tú quieres claro” dijo sentándose a su lado.
“Claro, dime” le miró fijamente a los ojos, lo que le dio más valor a Joxer para decirle lo que le iba a decir, al ver la inmensa tristeza que reinaba en los ojos de la guerrera.
“Xena, esta charla ya la tuvimos cuando te ibas a casar con Ares, y por lo que veo te la tengo que volver a repetir. Xena, se que no soy el tío más listo e inteligente del mundo, pero en un solo día he visto lo que pasaba aquí”
“¿Qué quieres decir, Joxer?” dijo ésta, no le entendía muy bien.
“Está bien, ¿Por qué te vas a casar con Jasón, cuando al que amas es a Ares? Y no se te ocurra negarlo” dijo dejando su faceta de tonto a un lado, por que en realidad no era tan tonto como hacía creer.
“¿Cómo lo has sabido? ¿Te lo ha dicho Gabrielle?” dijo sin creérselo.
“¿Crees que no soy capaz de entenderlo por mi mismo, verdad? Pero sí, lo he descubierto yo solo, y no me parece muy bien lo que estás haciendo, no es propio de la Princesa Guerrera que yo conozco” dijo algo enfadado.
“Lo siento, Joxer, yo no quería decir eso, y sí, tienes razón, me voy a casar con un hombre al que no amo, mientras que al que amo se casa con otra, supongo que ya no soy esa guerrera que conociste” dijo bajando la mirada.
Al verla, Joxer la obligó a mirarlo otra vez, tomando su cara entre sus manos “Xena, sé, que no soy Gabrielle, pero una vez estuve a tu lado en la misma situación y no voy a dejarte sola esta vez…te lo prometo” la guerrera lo mira fijamente a los ojos, ya sabía que Joxer tenía un gran corazón, y lo abrazó, comenzando a llorar, no sabía por que pero, confiaba en él “Tranquila, yo y Gabrielle estaremos aquí para ayudarte a enfrentarte a ese bastardo que no te merece…siempre” y la abrazó más fuerte, era la primera vez que veía a la invencible guerrera derrumbarse sin presentar batalla. “Oh, se me olvidaba, toma, algo usado” se separa y le entrega una pluma “Es la pluma que mi padre me regaló, aunque realmente nunca la he usado” dijo arrebatándole a la guerrera una media sonrisa. “Algo nuevo” le da una flor “La cogí está mañana, la primera de la temporada. Y algo prestado, mi pata de conejo, la volví a guardar después de que me la dieras otra vez, pero está vez quisiera que te la quedaras tú” haciendo recordar a Xena el mismo momento en que Joxer le diera esa misma pata de conejo, cuando se iba a casar con Ares, pero esas eran otra circunstancias.
“Y como en los viejos tiempos te vuelve a faltar algo triste como el azul” la guerrera intenta sonreír en vano.
“Eso es fácil, esta vez, te tienes a ti” dijo apenado “¿No hay nada que pueda hacer para que no cometas esta locura?”
“No, pero gracias, por estar junto a mí en este momento” lo abrazó otra vez “Gracias Joxer, no sé que haría sin ti, eres un gran amigo” se separó de él y se secó la cara. “De esto ni una palabra, una tiene su reputación” dijo sonriéndole.
“Por supuesto, ya te entiendo. Tú tampoco digas nada de esto o mi reputación de guerrero insensible se vendrá abajo” dijo con orgullo.
“Claro” afirmo guiñándole un ojo “¿Sabes Joxer? en verdad eres el mejor guerrero que he conocido en toda mi vida, porque tú, no ganas las batallas con la espada…sino con el corazón, y eso, si es ser un verdadero guerrero” dijo haciéndolo sonrojar “Eres mi héroe” la cara de Joxer se iluminó, nunca imaginó que alguien como Xena pudiera pensar eso de alguien como él.
“Y tú mi heroína” dijo de todo corazón.
“Prométeme que nunca cambiarás, que siempre seguirás siendo quien eres, por mucho que te conviertas en un gran guerrero, en el cual lograrás convertirte algún día”
“Te lo prometo, pero, Xena, seamos sinceros, yo, nunca seré un gran guerrero como tú” dijo volviendo a bajar la cabeza y dirigiéndose hacia la puerta.
“Espera. Tú ya eres tan buen guerrero como yo, Joxer, ya dominas lo más importante, ahora solo te falta saber manejar una espada, estrategias de combate…pero bueno, si tú te quedas con nosotras una temporada, nos podríamos enseñar mutuamente como ser un gran guerrero” dijo volviendo a ver esa chispa en los ojos de Joxer.
“¿En...en serio me enseñarías todo lo que sabes sobre la guerra?”
“Si tú me enseñas a ganar batallas con el poder del corazón” dijo afirmando
“¿¡BIEN!, bueno cunado empezamos?” sonreía como si le fuese la vida en ello.
Xena sacudía la cabeza mientras una sonrisa se mostraba en sus labios.
Y por fin llegó el gran día, donde todos estaban espectaculares, pero sin duda la que más destacaba era Xena, por su altura, belleza y actitud, aunque Daphne tampoco se quedaba atrás. A la guerrera casi le da un infarto cuando vio entrar a Ares, con un traje negro, que llevaba encima de una blusa blanca y una especie de corbata, parecía todo un dios.
La ceremonia había empezado y los novios se miraban los unos a los otros. Ese era el día en que Ares había decidido terminar con esa farsa, delante de todos, tanto mortales como dioses.
Solo faltaban Xena y Ares para decir el famoso y temido “Sí, quiero”
“Tú, Xena, Princesa Guerrera, ¿quieres al Príncipe Jasón como tu legitimo esposo, para honrarlo y cuidarlo en la salud y enfermedad hasta que la muerte os separe?” terminó el cura.
Xena miro a Jasón, luego Ares, quien asintió, mostrándole una cariñosa sonrisa que por un momento la hizo dudar, pero volvió a mirar a Jasón, “Sí…quiero”. Dijo mientras que se le partía el corazón.
“Tú, Ares, Dios de la Guerra, ¿Quieres a la Princesa Daphne como tu legitima esposa, para honrarla y cuidarla en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte os separe?” éste miró a Daphne, a quien le susurró sin que nadie, ni siquiera Xena le oyese, “Ha llegado la hora, debemos luchar por lo que queremos” y aunque ella no le entendió muy bien, asintió. “No, no quiero”
Todos se ruborizaron y Zeus se acercó a Ares realmente enfadado “¿Cómo osas contradecir al Dios de los Dioses?, te casarás con ella o atente a las consecuencias”
“NO, no lo haré Padre, no destruirás los corazones de cuatro personas, y no intentes intimidarme. Oíd todos, el Dios de los Dioses, me amenazó con matar a…”
Zeus no podía permitir que el secreto saliese a la luz “Ares, ahora no puedes echarte atrás, ya que la Princesa Daphne está embarazada, enhorabuena Hijo” dijo esto último mirando a Xena, cuyo corazón no aguantó otro desengaño tan grande, y eso Zeus lo sabía, como también sabía que ahora Xena odiaría a Ares para siempre.
Todos excepto Xena y Ares miraban a Daphne, pero notó que en la mirada de Jasón había una inmensa tristeza que ella había causado. Por otro lado, Xena miraba fijamente a Ares, entonces se marchó hacia el bosque, sin rumbo fijo. Gabrielle y Edwin se miraban sin comprender nada. Todos los presentes parecían ignorar lo que ocurría.
Joxer quien por alguna razón ya sabía que el hijo que Daphne esperaba no era de Ares, se acercó a él.
“¿Vas a dejar que el amor de tu vida se te escape de las manos por no tener agallas para enfrentarte a tu padre? Sabes, yo no seré valiente, ni fuerte, pero cuando se trata de los que quiero, ni siquiera un dios puede frenarme. Sabes lo que pienso, que eres un cobarde, pero lo voy a remediar” dijo sacando la espada “o vas tras ella y le cuentas toda la verdad, trayéndola de vuelta a tus brazos, o yo mismo te mataré, aunque muera en el intento” no se lo podía creer, se estaba enfrentando al mismísimo Dios de la Guerra.
Ares le miraba extrañado, tenía ganas de cargárselo por su insolencia, pero por otra parte admiraba un poco su valentía, aunque reconocía que tenía razón. Miró a su padre, el cual se reía, y luego miro a Gabrielle, quien le sonríe y comprendió que por una vez en la vida, tenía que hacer lo correcto, sin mirar las consecuencias, tenía que luchar por lo que quería, y asintiéndoles, comenzó a correr, pero su padre apareció en frente.
“¿A dónde te crees que vas?” dijo Zeus cruzando los brazos
“Voy a hacer lo que tenía que a ver hecho hace mucho tiempo, y no serás tú quien me lo impida Padre” dijo intentando lanzarlo por los aires, pero éste ni siquiera se movió.
Entonces Ares se temió lo peor, pero repentinamente Zeus cayó al suelo, descubriendo a Hércules con una rama en la mano.
“¿Tú? ¿Pero por qué me ayudas?”
“Digamos que no quiero verla sufrir… bueno, está bien, supongo que no me parece bien lo que Padre te está haciendo, al fin y al cabo, somos medio hermanos, ¿No? Pero ya vale de sentimentalismos, no pierdas el tiempo y ve a buscarla, ya sabes lo testaruda que es, así que ten paciencia y tráela de vuelta, ¿Entendido? Nosotros nos ocupamos de Zeus.
Ares asintió con una media sonrisa, y desapareció, al tiempo que se oía un “Gracias”
Xena siguió corriendo hasta llegar a una colina en el bosque, donde se detuvo, se dejó caer y gritó de dolor e impotencia…
“¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!” mientras que unas lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas. Pero enseguida se secó y se levantó, poniéndose en alerta. “Sal” ordenó.
“Xena, déjame explicarte todo desde el principio, yo…” intentó acercarse a ella, aunque descartó esa opción cuando ella le propinó un puñetazo.
“No hace falta que me expliques que eres un hijo de perra, y yo claro está, una autentica estúpida…pero sabes que Ares, esto se acabó” dice mientras que se lanza a por él.
“Xena, por favor escúchame” intentó calmarla mientras que bloqueaba todos los golpes de Xena, sin responder, aunque se le estaba haciendo difícil controlarse, por que esta Xena no era a la que él quiere, sino la que él antes deseaba, la antigua Xena, llena de rabia, odio y rencor, una Xena sin corazón, a la que quería eliminar.
“¡LUCHA!” La guerrera le golpeó con todas sus fuerzas tirándolo al suelo y pateándolo. Pero Ares solo se limitó a mirarle a los ojos y hablarle.
“Xena, lo siento… pero lo tuve que hacer. Zeus me amenazó con matarte, si no me casaba con Daphne. Por favor, tienes que creerme. Sabes que yo nunca te haría daño. Siento todo lo que te he hecho, pero en realidad, lo hice por ti. Con esto no me estoy intentando librar de la culpa…” cuanto más hablaba más fuertes eran las patadas y golpes de Xena, pero él seguía pasivo, no quería hacerle más daño.
“Deja de hablar y lucha, ¡Lucha! Eres un cobarde y siempre lo has sido, lucha, sé que no puedo matarte pero moriré intentándolo, todos los días de mi vida, desearé tu muerte y tu desgracia, querías de vuelta a la antigua Xena, ¿Verdad? Pues bien, aquí está. Estarás orgulloso, has logrado lo que querías. ¡Maldita sea, lucha! ¡Repugnante sabandija, lucha!” ella seguía golpeándolo, mientras que él se quedaba quieto.
“¡LO SIENTO! Hice mal, lo sé, ¡¿Pero tanto te cuesta aceptar que alguien lo de todo por ti?¡ Y no, no quiero a la antigua Xena, sino a la que cabalgaba por el bosque con su inseparable amiguita, en busca de nuevas aventuras y dispuesta a dar la vida por los demás, esa Xena que… que era tan dura como una piedra pero tan dulce como la miel, llena de vida y amor.”
“¡Deja de atormentarme y lucha, quiero verte sufrir tanto como yo he sufrido, o morir en el intento, vamos lucha!”
“Ya te he dicho que no pienso hacerte más daño”
“¿Más daño? Ja ¿Crees que puedes hacerme más daño del que ya me has hecho? Eres patético Ares. ¿Tú te haces llamar Dios de la Guerra? Tú no te mereces ese título, porque eres un cobarde y débil hombrecillo, al que ni un pobre niño teme, me das pena” intentaba hacerlo enfadar, para obligarlo a luchar.
“No lo conseguirás Xena, no voy a luchar contigo” la hizo cabrear más.
De repente hubo un destello de luz dorada, dando entrada al Dios de los Dioses.
“Jajajaja…la verdad es que Xena tiene razón Ares, eres patético como dios y como hombre, y por eso he estado pensando que, ella podría llegar a ser la nueva Diosa de la Guerra…”
A Xena se le encendieron los ojos “Bueno, no suena tan mal, no Ares, ‘Xena, la Diosa de la Guerra’ la verdad es que me gusta la idea, creo que…”
“Xena, no lo hagas… tú no eres así, lucha contra esa sensación, piensa en todo el bien que has hecho, piensa en Gabrielle, Joxer, Hércules, en tu familia, en…”
“No Ares, ya no”
“Muy bien Xena, ya sabes lo que tienes que hacer” dijo Zeus mientras que hacía aparecer una daga untada en sangre de ciervo “¡Mátalo!” se lo entregó a Xena, quien lo cogió con una media sonrisa, mientras que miraba a Ares. “Mátalo, y el puesto es tuyo… además, se lo merece por haberte hecho sufrir tanto, porque alguien como tú no debería de sufrir”
“sabes, Zeus, hmmm, Padre, ¿No te molesta que te llame así, verdad?
“Claro que no, hija mía” miró fijamente a Ares.
“Bien, acabemos con esto de una vez, porque la verdad, ya me estoy hartando de tanta amabilidad. Bien Ares, ¿Quieres decir algo antes de morir?” le preguntó juguetonamente.
“Sí, tengo algo que decirte Xena, prefiero morir a verte convertir otra vez en la bestia que eras antes… así que mátame, porque ver a la antigua Xena otra vez sería como vivir en el infierno”
“Deseo concedido” se acercó a él, quien estaba de rodillas, le miró a los ojos y dirigió la daga a su corazón.
Ares no gritó, ni se quejó. Simplemente se limitó a vocalizar las palabras “Te quiero”. Por un segundo, le pareció ver a su Xena, pero enseguida se desilusionó, mientras que notaba como los parpados le pesaban y finalmente, murió.
“Me sorprendes Xena, nunca pensé que serías capaz de hacer algo así, pero bueno, ahora sé que no me equivoqué contigo… así que ahora ven conmigo Xena, dame la mano y serás la Diosa de la Guerra, venga Hija, vayámonos a tu nuevo hogar” le tendió la mano.
Xena dudó un instante, era como si dentro de ella hubiese una batalla entre la destructora y la guerrera, pero finalmente, ganó la destructora y la antigua Xena regresó, tomando la mano de Zeus “Sí, vamos Padre” él la rodeó con el brazo y comenzaron a desaparecer. La Xena que luchaba por el bien, miró por esos ojos ahora llenos de odio, a Ares con lastima, estaba atrapada y no tenía fuerzas para seguir luchando, se había rendido, cuando oyó que alguien la llamaba, era Gabrielle, pero ya era demasiado tarde, Xena y Zeus ya habían desaparecido.
“Xena, no…” la bardo se tiró al suelo, quien la había visto desvanecerse junto al dios “Ares, Ares, respóndeme por favor, respóndeme, ¡maldita sea, RESPONDE!” le golpeó en el pecho.
“Déjale Gabrielle, se ha ido” Hércules y Joxer lo sentían realmente, Ares, realmente había sido capaz de cambiar por amor a Xena, pero ya era demasiado tarde, para los dos.
“Creéis que ella le a…” agachó la mirada “Xena, que has hecho…” suspiró.
Los tres seguían allí, mirando el cuerpo tendido de Ares, mientras que Xena, apareció en el Olimpo.
“Bienvenida a tu nuevo hogar Xena, Diosa de la Guerra”
“Ya, ahora necesito un poco de tranquilidad, ¿Podrías…?
“Claro, pero espero ver pronto la eficacia de tu nuevo trabajo”
“Sí, así será” dijo al tiempo que Zeus desaparecía.
Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer, pero ya no podía echarse atrás.
Se tumbó en la cama y cerró los ojos, pero le era imposible dormir, los recuerdos la invadían. Repentinamente, se levantó y miró la cama, recordando las noches que había pasado en ella con Ares. Se apoyó en una esquina y se dejó caer. Se quedó ahí durante horas, mirando fijamente la cama.
Mientras tanto, abajo en la tierra, Gabrielle, Joxer y Hércules, quien llevaba el cuerpo de Ares en los brazos, regresaron a la ciudad de Rainos, donde todos seguían sin saber lo que estaba pasando.
“¡Ares!” gritó Afrodita, al verlo en los brazos de Hércules.
“¿Qué ha pasado?” preguntó una dolida Hera, pero intentó disimularlo.
“Xena lo… Xena lo ha matado” susurró Gabrielle.
“¿QUÉ?” gritó de nuevo Afrodita, la que se lanzó a por Ares. “Esto no va a quedar así Xena” y desapareció, para volver a aparecer en los aposento del difunto Ares, donde al principio no sintió a Xena, pero entonces se giró y la vio donde estaba antes, seguía mirando fijamente la cama.
“¡Tú, ¿Cómo has podido hacer algo así?!” le gritó, pero Xena parecía estar en otro mundo, aislada de todo y de todos, solo tenía ojos para esa cama. “¿Pero que te pasa? No creas que esto va a quedar así, te mataré con mis propias manos” y le lanzó una bola de energía.
En ese mismo instante, Xena levantó la mano y paró la bola sin mayor dificultad, dejando a la Diosa del Amor boquiabierta. Entonces Xena desvió su mirada hacia ella, una mirada dura, con un resplandor terrorífico, una mirada peligrosa que la hizo temblar.
“pero… ¿Cómo has podido hacer eso?” dio un paso atrás, al ver que Xena se ponía en pie.
“¿Así es como tratas a tu nueva hermanita?, nonononono, esos no son modales” y le lanzó una bola de fuego que la mandó contra la pared. “ahora, soy la nueva Diosa de la Guerra” sonrió abiertamente ante la sorpresa de Afrodita.
“¡¿Qué?!” se levantó despacio.
“oh, ¿no te gusta la sorpresa?” fingió estar dolida mientras que se acercaba a ella. Entonces la agarró por el cuello, elevándola. “No vuelvas a hacer eso, no quisiera tener que matarte tan pronto” dijo duramente, y la soltó.
Afrodita vio la inmensa oscuridad de sus ojos. Era como sentir el calor del infierno a través de ellos. Sin dudarlo un segundo desapareció. Desapareció también la sonrisa que había en la cara de Xena y miró por última vez a la cama. Después, se marchó.
La iglesia. Todos estaban confundidos, sobre todo Gabrielle. Acababa de conocer a la antigua Xena, la destructora.
“Gabrielle”
Oyó una voz tras ella. Se giró e inmediatamente se lanzó sobre los brazos de Edwin, quien la abrazó fuertemente.
“la he perdido, Edwin, y lo peor de todo es que no creo que pueda recuperarla, sin Ares… y él está muerto, y yo no se que hacer, y…” comenzó a llorar.
“shshshsh, tranquila… tranquila” le acarició el pelo.
Hércules abrazó a Afrodita a la que había vuelto.
“Hércules, era como si el infierno brotase de ella, sus ojos, su mirada, eran horribles”
“te entiendo, ha vuelto a ser la de antes, la que Ares quería que fuese” se notó el tono de enfado en su voz.
“te equivocas” Afrodita se separó de él “puede que al principio quisiese a la Xena de antes, pero con el tiempo se enamoró de la nueva Xena, de esa maravillosa persona, que no dejaba de sorprenderlo con su sabiduría y bondad. Incluso, cedió al chantaje de Zeus por ella, sacrificando su propio amor… y créeme eso es lo más que una persona puede hacer por otra, aún siendo un dios”
“puede que sí, pronto lo averiguaremos” era obvio que se traía algo entre manos.
“Gabrielle, necesito hablar contigo” les interrumpió.
“claro” miró a Edwin “ahora vuelvo Edwin” le besó, y él asintió.
Se apartaron de la gente.
“¿de qué quieres hablar?”
“tengo un plan, y necesito tu ayuda”
Gabrielle parecía confusa.
“Hércules, es muy arriesgado, si te pasa algo… tú eres el único que puede parar a Xena. No lo permitiré” dijo enfadada.
“no se trata de mí ni de ti, Gabrielle, sino de Ares y Xena. Por favor, ayúdame, necesito que lleves a Xena a la misma colina en la que mató a Ares, por favor, Gabrielle. Sabes que lo haré contigo o sin ti”
“está bien…pero ten mucho cuidado” le exigió.
“Sí, Madre, como tú ordenes” intentó bromear.
“hablo en serio” se puso seria.
“sí Gabrielle, sabes que lo tendré” la abrazó y se fue.
“suerte” susurró Gabrielle.
Hércules se dirigió al lago por donde se podía llegar hasta el inframundo. Se sumergió y llegó hasta la barca de Caronte, quien como siempre se estaba quejando de lo mal que le pagaban por su trabajo, pero no era mayor problema para Hércules.
Nuestro héroe se dirigió directamente a hablar con Hades. Éste se sorprendió al verlo allí otra vez.
“¡Hércules, Que sorpresa!” fingió emocionarse “¿a qué debo el honor de esta grata visita?”
“déjate de historias, Hades, vayamos al grano. Una vez hicimos un trato, recuerdas?” dijo firmemente.
“mmmm, Oh sí, era muy guapa, como se llamaba? Magie?”
“Meg” le interrumpió, comenzándose a enfadar “bien, Hades, quiero hacer el mismo trato, aceptas?” lo desafió.
“está bien, pero dime una cosa, ¿esta vez por quién vas a arriesgar tu vida?” preguntó con curiosidad.
“Ares”
La sorpresa en la cara de Hades era evidente, pero antes de aceptar definitivamente:
“¿Ares? ¿Y eso? Tú, un defensor de la humanidad, pretendes salvar el alma de un dios saltando al pozo de las almas en pena, y no de cualquier dios; el dios que ha intentado matarte desde que conoce de tu existencia, ah, y que además te a robado el corazón de la persona a la que amas”
Intentó controlarse “supongo que las cosas cambian. Ahora aceptas o no”
Hades asintió con una sonrisa.
“¿pues a que esperamos?” caminó hacia el pozo.
Mientras tanto en la tierra, ya era de noche. Gabrielle estaba mirando la luna por la ventana.
“Xena… se que puedes oírme… también se que no querías hacerlo, pero ahora que lo pienso, no está tan mal, incluso me alegra… pero quería decirte que, siempre estaré contigo y por eso he decidido irme contigo al Olimpo, no es genial? podríamos hacer todo lo que quisiéramos, incluso quemar alguna aldea que otra, clavarle una espada en el corazón a algún aldeano, no sé… es que ahora veo el mal como un aliado… y lo mejor de todo es que todo se lo debo a la persona que más quiero en este mundo… a ti. Gracias Xena, gracias por abrirme los ojos ante está gran mentira, sabes, tanto tiempo haciendo el bien para no obtener nada a cambio, en cambio el mal… mmmh, tiene esa gratificación que te llena por completo”
Al mismo tiempo Xena oía las palabras de Gabrielle, con dolor, mucho dolor. Sucedió lo que más temía, Gabrielle perdió toda su bondad, su luz… por su culpa.
“Xena… quisiera encontrarme contigo, tengo tantas ganas de unirme a ti, otra vez, por eso he pensado que, que mejor lugar para volvernos a encontrar que en la misma colina en donde creaste a la nueva Gabrielle, donde mataste a Ares?” se podía apreciar su felicidad ante estas palabras.
Esto último enfureció a la nueva Diosa de la Guerra, ya no había nada que hacer, no se podía echar atrás, así que, por que no hacerlo, así pasarían juntas toda la eternidad.
“buenas noches Xena” Gabrielle miró por un momento la luna y después se giró para irse a dormir.
“buenas noches Gabrielle”
Mientras tanto en el inframundo.
“listo?”
Hércules saltó al pozo de las almas, donde el que se mete envejece en cuestión de un minuto. Vio a Ares sumergiéndose en el fondo, así que se dio prisa, pero poco a poco iba perdiendo su fuerza. Casi lo tenía y… zas, una brillante luz dorada, los embargó a los dos, elevándolos hacia la superficie. A Hades le hervía la sangre, lo había vuelto a conseguir.
“¡lo has vuelto ha hacer!” dijo con amargura.
“¡Afrodita, ya está hecho!” gritó Hércules, sorprendiendo al dios.
Un instante después una luz rosa anunció la llegada de la Diosa del Amor, quien traía consigo el cuerpo de Ares y un poco de ambrosía.
“¡ya estoy aquí! Her” y depositó el cuerpo en el suelo.
Hércules hizo lo mismo con el alma, lo dejó encima del cuerpo, pero eso no bastaba para que Ares volviese a la vida, por eso Afrodita le dio el trozo de ambrosía a Ares, y después de un momento, el ahora inmortal hombre se despertó.
“¡Xena!” susurró al creer que estaba en la colina, después de que Xena le clavase la daga.
“no hermanito, pero tranquilo, la recuperarás”
Llegó la tan esperada mañana y Gabrielle llegó cabalgando a la colina donde había quedado con Xena, pero ella no estaba. Se desmontó del caballo y comenzó a caminar hacia el árbol que tenía en frente. Repentinamente apareció Xena detrás de ella.
“Hola, preparada?” tenía una sonrisa diferente en la cara, pero Gabrielle pudo notar un antiguo brillo en los ojos de Xena, que la hicieron recobrar el valor.
“Hola” sonrió complacida.
“La verdad, Gabrielle, nunca pensé que finalmente acabaríamos así, pero al menos seremos felices, y tendremos todo el tiempo del mundo”
“Yo no estaría tan seguro”
En ese preciso momento, Gabrielle pudo volver a ver una increíble felicidad al escuchar esa voz. Xena volvió a respirar, como nunca había hecho. Una luz comenzaba a crecer de nuevo en su interior, la Xena que permanecía oculta recobro fuerzas y comenzó a luchar, pero como siempre ella intentaba luchar contra eso. Volviendo a aparecer esa rabia ardiente en sus ojos.
Xena se giró indiferente “¿Qué haces aquí?”
“digamos que no cumpliste con tu deber, supongo que no es una de tus habilidades el matarme”
“eso ya lo veremos” y al instante le lanzó una bola de energía que lo hizo volar.
“bien, se acabó. Ahora, Gabrielle, si estás lista” se giró pero la bardo no estaba, ni el caballo tampoco. Eso hizo que la furia de Xena aumentase por momentos. “Como no, algún día tendría que terminar traicionándome” dijo con cara de asco.
“No te ha traicionado, digamos que te ha conducido hasta mí”
Se vuelve a girar al volver a oír aquella voz. “Pero…”
“¿creías que podrías matar al Dios de la Guerra y salir impune?, eres más ingenua de lo que pensaba” dijo cruzando los brazos.
Ante este comentario, Xena se escandalizó y volvió a lanzarle otra bola de energía, la cual esa vez él esquivó. Entonces fue él quien lanzó una bola de fuego, que también ella esquivó.
“bueno, sin embargo eres incluso peor Dios que antes, me das pena”
Comenzaron a luchar. Xena lanzó patadas que Ares detenía y viceversa. Desenvainaron las espadas y comenzaron la autentica batalla, el Dios de la Guerra contra la Diosa de la Guerra. Ares le dio una patada en el estomago y ella saltó en el aire, devolviéndole el golpe.
“no voy a dejar que te conviertas en el monstruo que eras Xena, aunque tenga que perseguirte al infierno, no lo permitiré” dijo mientras seguían luchando. De una forma u otra, esas palabras surgieron efecto en Xena, pero no era suficiente. Xena le lanzó bolas de energía, aunque él las esquivó con facilidad. Ares le lanzó otra bola de fuego a Xena, pero en ese instante apareció Zeus distrayendo a Xena, sin tener oportunidad de esquivar la bola, salió disparada hacia un árbol grande, cayendo inconsciente.
“Lo que yo pensaba. Esto no es para mujeres, son muy… débiles. Así que yo mismo tendré que terminar el trabajo que ella comenzó” miró a Ares sonriendo “pero tranquilo, también me ocuparé de ella para que estéis juntos, a que es de agradecer, aunque antes me divertiré un rato con ella, porque tengo que admitirte que…uf, es realmente hermosa, y una autentica fiera” comenzó a reírse. Entonces lanzó a Ares a una gran distancia, haciéndole aterrizar contra el suelo fuertemente. Se levantó pero fue inútil, volvió a salir despedido contra una roca, dejándolo inconsciente.
“en fin esto ya no tiene gracia, me decepcionas como hijo y como Dios de la Guerra, será muy fácil encontrar un sustituto mucho mejor que tú en algún callejón” se dispuso a lanzar el rallo final, pero de repente apareció Xena sobre Ares “¡Noooooooooooooooooo!”
Hubo una radiante luz y todos desaparecieron, excepto Zeus, quien sonreía. “no pensaba que esa mortal pudiese hacerlo pero lo ha hecho, Xena a pasado la prueba, ya nada les impide estar juntos. Que seas feliz hijo” dijo Zeus mientras que la imagen desaparecía.
Un lago cercano a Amphipolis. Todo parecía estar tranquilo, se podía oír el canto de los pájaros. Repentinamente un flash mostró a dos jóvenes, tumbados en la hierba. La mujer estaba abrazada al hombre, como si le fuese la vida en ello. Sus ojos fuertemente presionados comenzaron a abrirse al no pasar nada. Miró a su alrededor pero allí no había nadie más que ellos dos. Entonces se fijó en el hombre, inconsciente.
“!Ares, Ares… Ares!” gritaba mientras una lágrima volvía a empañar sus ojos azules. “lo siento, lo siento mucho, perdóname por favor, si quieres puedes olvidarme para siempre, pero despierta, por favor, no me hagas esto, por favor” cogió suavemente su cabeza y la puso en su regazo, balanceándolo, cada vez eran más las lágrimas. “Ares, vamos, despierta, no te rindas, no ahora, después de todo lo que hemos pasado, no me dejes, no le des la razón a tu padre, lucha…LUCHA! Entenderé si no quieres verme más, incluso yo misma me alejaré de ti, pero despierta…por favor” una de las lágrimas cayó en la cara de Ares, quien comienza a abrir los ojos.
“No vuelvas a decir eso nunca más” dijo sorprendiendo a Xena. Ésta sonrió y lo besó apasionadamente, pareciendo no ir a soltarlo jamás.
“lo siento, perdóname, por favor, perdóname” lo abrazó de nuevo.
“no sé, déjame pensarlo…umm, me has ignorado, no me has dejado explicarme, me has clavado una daga, sin mencionar ese “golpe bajo” - pero no pudo con la mirada de culpabilidad de Xena y- pues claro que te perdono, tonta – Xena alzó la mirada y lo volvió a abrazar de nuevo
“Te quiero, te quiero, te quiero…”
“No lo digas muy alto o te podrían oír” bromeó Ares.
“no me importa –en voz alta- quiero que todo el mundo sepa que amo a este hombre” Ares la miró algo sorprendido.
“¿Qué has dicho?” dijo Ares haciéndose el tonto.
“ya lo has oído” alzó su famosa ceja.
“te amo, Xena” la besó suavemente, obligándola a desear más. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaban uno encima del otro, demostrándose su mutuo y eterno amor. “te amo” le susurró al oído, haciéndole sonreír.
Sobre la hora de cenar, todos esperaban impacientes saber lo que estaba pasando. Todos incluidos Hércules y Afrodita, paseaban de un lado a otro del salón, mientras que de vez en cuando Gabrielle picaba algo. Y entonces, un flash de luz azul anuncio la llegada de Ares.
Él miró a Gabrielle, quien tenía el corazón en la mano, sin poder leer en la cara del Dios, se imaginó lo peor.
Entonces se abrió la puerta y allí apareció ella, tan radiante como siempre.
“siento la espera…es que odio aparecer y desaparecer.” Sonrió.
Al ver a Gabrielle se acercó y espero a que ella dijese o hiciese algo, pero al ver que solo la miraba, fue ella quien la abrazó.
“lo siento mucho, Gabrielle. Yo…”
“no vuelvas a dejarme nunca, ¿entendido?” dijo la bardo correspondiendo al abrazo de su amiga.
“lo prometo” se separaron y se sonrieron la una a la otra. Luego Xena se giró hacia todos los demás.
“quiero pediros disculpas a todos y os agradezco todo lo que habéis hecho por mí, gracias” se acercó a Jasón. “escucha yo…”
“lo sé” dijo mirando a Ares y asintiendo.
“gracias” contestó Ares “pero hazme un favor, cuídala bien. Como me entere de que le haces sufrir, yo mismo iré a por ti, ¿entendido?” Jasón al principio no entendió nada, pero después se giró y tomándola en sus brazos, besó a Daphne. Se separó de ella y se dirigió a él otra vez “lo mismo espero de ti” dijo mirando a Xena.
“no lo dudes” se acercó a Xena y la abrazó por detrás.
Al fin todos eran felices. Aunque todavía faltaba algo…
“bueno, supongo que es hora de despedirse. Adiós Xena- Jasón la abrazo, después se dirigió a Gabrielle- adiós Gabrielle”
“adiós Jasón. Daphne”
“adiós Gabrielle, Xena espero que algún día lleguemos a ser amigas”.
“ya lo somos” la abrazó
Ellos se fueron alejando, menos Gabrielle y Edwin, quienes se quedaron mirándose el uno al otro. Ninguno sabía que decir, que hacer.
“bueno, yo…”
“mira Edwin, desde la muerte de mi primer y único amor, no creí poder encontrar un hombre que me hiciese realmente feliz… pero entonces te conocí a ti. Y ahora…”
“no se le pueden cortar las alas a un pájaro, lo entiendo, pero quiero que sepas que siempre te estaré esperando, si es que decides guardar las halas. Te quiero”
“oh, y yo a ti” lo besó por última vez, y salió corriendo. No tenía valor para despedirse de él cara a cara.
Alcanzó a Xena y a Ares. La guerrera al verla la abrazó y siguieron andando. Repentinamente Ares se detuvo.
“ah, sabía que se me olvidaba algo. Xena, ¿podrías esta vez hacer una excepción y venir conmigo?” la miró con ojos de corderito.
Xena sacudió suavemente la cabeza y asintió “Gabrielle, ahora…”
“no, Gabrielle también” entonces las dos lo miraron como un cazador mira a su presa.
“hmm, es una sorpresa” dijo rodeándolas y desapareciendo.
De nuevo en la iglesia. Todos están vestidos elegantemente, sentado cada uno en su sitio. Un flash de luz azul volvió a anunciar a Ares, esta vez con las dos amigas. Se miraron la una a la otra y sus ojos se ensancharon. Los dos vestían unos preciosos vestidos blancos de novia, junto con Daphne. Y los chicos, vestían esmóquines.
“Ares ¿Qué…?”
“sorpresa” sonrió de oreja a oreja.
“ya” dijo con media sonrisa.
Entonces tanto Ares, Edwin, y Jasón se pusieron sobre una rodilla y a la misma vez preguntaron “¿Xena/Gabrielle/Daphne quieres casarte conmigo?” las tres mujeres se miraron y sonrieron. Entonces cada una volvió a mirar a su amado y al unísono contestaron “sí”.
¿Que pasó después? Os preguntareis, pues eso, tendrá que esperar.