La manzana
La manzana dorada, esta justo debajo de su boca, puede oler su suave aroma,
prometedor, una promesa de poder y riqueza, pero Xena no ve eso en ella. Ella
veía a Ares, una oportunidad con él, para poder tener por fin su escultural
cuerpo, con él que soñaba tantas noches, saborear la dulzura de sus labios,
conocer lo que aquellos oscuros ojos le invitaban a descubrir. Pero casi al
instante su frío cerebro intervino, no era amor aquello, no podía serlo, el amor
no existía, era solo su cuerpo que hacia demasiado que no estaba con un hombre,
tenía que ceñirse, como siempre, a su plan, lo demás era secundario. Mira
aquellos ojos que aún esperaban el milagro aunque con cierto pesimismo, estaba
demasiado acostumbrado al rechazo. Con un esfuerzo sobrehumano, y esperando que
nadie se diera cuenta de él, obvia el sentimiento que le provocan estos ojos
negros, no es amor el amor no existe, y lanza la manzana a Afrodita. Ella la
recoge con un chillido infantil de niña, Xena la mira pero no la ve, solo ve lo
que significa, ella es la hermana de Ares, su negativo, su opuesto, la única
familia que le queda a él, recuerda como se arriscó para salvarla en Roma,
seguro que es alguien muy importante para Ares. ¿Hasta que punto? Se pregunta un
tanto celosa. ¿Celosa? No, no puede sentir celos porque simplemente aún no puede
sentir amor. Afrodita aún no ha mordido la manzana, lo hace ahora. El aire se
vuelve más agradable, todo se vuelve más dulce mientras el poder de Afrodita se
extiende por la tierra. Xena y Gabrielle se miran felicitándose mutuamente por
otro plan que ha salido bien.
-Ahora que el amor se ha restaurado, Xena piensa en la posibilidades.- La voz
oscura y varonil de Ares le obliga a volver a mirarlo. Vuelve a sujetar una
manzana debajo de su boca, ¿Es que no se rinde nunca?, sus ojos se clavan en los
suyos, es conciente de su más que posible fracaso pero también de su decisión,
aunque le rechaza mil veces, él volverá a por ella, él lo intentará hasta el
infinito, dio su inmortalidad por ella y lo volvería hacer sin dudas ni
exigencias, porque en sus ojos hay sobretodo amor.
Y estos ojos cogen desprevenida a Xena, sus barreras que se relajaron con la
desaparición del amor, son derruidas por el sentimiento que le provocan esos
ojos. Recuerda la primera vez que les vio, todas y cada una de las cosas que han
vivido juntos y se da cuenta, que no es atracción, ni odio, ni ningún de los
otros sentimientos que tantas veces le ha adjudicado, lo que aquellos ojos le
hacen sentir es amor. Por primera vez, en muchos años, sus sentimientos superan
su fría cabeza, salen a la superficie y la verdad se le revela con alivio. Le
ama, definitivamente ella tiene debilidad por los chicos malos, sea por lo que
sea, masoquismo, lo que él le hace sentir con solo una mirada no se puede
comparar con nada y eso que ha conocido muchos hombres y amado algunos, pero a
nadie como él. Lo ama todo de él, desde su perfecto cuerpo a su carácter
rebuscado y cargado de ironía, incluso, aunque le duela reconocer su divinidad,
porque le hace especial, único. Y quiere que estos ojos solo la miren a ella,
para siempre, sabe lo que tiene que hacer para conseguirlo. La manzana continua
debajo de su boca, al alcance, prometiéndolo todo por tan poco, ¿lo hará? Sabe
que es su última oportunidad , dentro de poco su fría cabeza recobrará el
control y entonces todo se perderá, es ahora o nunca¿ Qué hará?
Da un minúsculo mordisco, el trozo de manzana baja lentamente por su cuello,
puede ver la sorpresa en sus ojos, no se lo esperaba. No le recrimina, ella
tampoco lo haría, ni aún lo hace. Su cabeza ya le recrimina su comportamiento
antes de que la porción de manzana llega a su estomago. Pero lo margina, cuando
Ares se le acerca rodeándolo con los brazos. Su calor, puede sentir la fuerza de
sus músculos moviéndose bajo su piel blanca, rodeándola.
-¿Estas segura?- murmura deliciosamente.- Para acabar de ser una diosa tienes
que comerte toda la manzana.
Y al besa, un beso fugaz pero pasional, que le transmite todo lo que siente,
todo su amor comprimido en unos segundos de saliva, un pequeño trozo de los
Campos Elisios. Puede saborear su miedo, tiene miedo a perderla como tantas
otras veces. Eso quiere decir que aún hay vuelta atrás, pero Xena sabe que esto
no es cierto. Ella ya ha tomado su decisión, y ella nunca se echa atrás en
ellas, siempre ha sido fiel a su cabeza ya es hora que lo sea a su corazón. Y
además no puede renunciar a Ares, no después de este beso. Mirándole fijamente
come toda la manzana.
Al principio solo es un pequeña sensación en el estomago, que se va expendiendo
por sus venas como el fuego, invadiéndola, dominándola. Una sensación de poder.
Cierra los ojos, y cuando los abre, todo es sencillamente distinto. Sabe que es
lo mismo pero a la vez no lo es, es completamente distinto, es una sensación
inexplicable, cúmulo de muchas otras, se siente incluso mareada por lo que ahora
ve, por lo que ahora oye, por lo que ahora siente. Ares la sostiene entre su
brazos, hasta que vuelve a recuperar al control, la mira tiernamente, es tan
hermosa.
Se miran, se besan, se abrazan, se sienten, incapaces de creerse que esto pueda
ser verdad, ser tan fácil, estar por fin juntos. Ahora todo es posible.