MI ULTIMA NOCHE CON
ELLA.
Ares se despertó de golpe, había alguien más en su habitación, abrió los ojos
dispuesto a atacar y se encontró con Xena. Perplejo parpadeo pero Xena no se
movió estaba allí, en vez de su armadura llevaba un kimono rojo pero sin duda
ella. Le sonrió enigmáticamente mientras se acercaba.
-¿Estoy soñando?-Le pregunto.
-¿Importa?- Respondió ella mientras se sentaba en la cama y dejaba que Ares
acariciara su rostro.- Lo importante es que estamos aquí tú y yo, con toda la
noche por delante.- Continuo mientras le besaba.
- Sí es un sueño, no quiero despertarme.-Le susurró Ares al oído mientras
saboreaba sus labios.
El resto de la noche fue para Ares el más lindo recuerdo de todos cuando tuvo.
Sobretodo al final justo antes de dormirse abrazado a su cuerpo cuando ella se
giró y mirándole a los ojos le dijo el esperado “te quiero”. Ares le respondió
con una sonrisa mientras se apretaba más contra su cuerpo y se disponía a dormir
como hacia siglos que no la hacia.
Pero el día llego y Ares se despertó solo. A su lado solo una carta escrita con
prisas y una espada. Tembloroso la leyó:
Querido Ares:
Sé que seguramente me odiaras por esto, pero no podía irme sin verte, sentirte y
tocarte por ultima vez. Hace tiempo creí odiarte, pero era justo lo contrario,
es irónico que dos sentimientos tan contrarios sean también tan parecidos. Luche
con todas mis fuerzas contra tus ojos, tu sonrisa... intente pensar en lo que me
hacías, en lo que representabas... pero perdí. Puede que no me tuvieses
despierta pero estabas siempre presente en mis sueños, en mis pensamientos, en
todas y cadascuna de las acciones que hacia.
Sé que no lo entenderás, pero a la vida hay cosas más importante que otras,
cosas más importantes incluso que el amor, que nosotros. Llevo todos estos años
dando todo para los otros, preparándome para este momento. Gabrielle ya no es
una niña puede empezar a vivir su vida, encontrar otros objetivos por los que
vivir, ya no me necesita. Y ahora que esta todo listo, reculo y tengo miedo no
del destino sino de ti, de no volver a verte, besarte, pelearme contigo seguir
escribiendo capítulos de esta relación tan extraña pero que me ha hecho tan
feliz. Ahora entiendo porque prohíben las relaciones entre mortales y dioses,
porque al final siempre hay dolor.
Repito sé que me odiaras, que no lo entenderás, pero espero que entiendas esta
verdad: me enamoré de ti de tu lado humano y tierno, pero también de tu orgullo
y fuerza son tus dos caras, las que te hacen irresistible no las pierdas ni una
ni la otra. Algunos mortales pueden reencarnarse, si es así te buscaré espérame
por favor. No buscó tu perdón solo tu amor.
Una estúpida enamorada como tantas:
Xena, tu princesa guerrera.
El pergamino se arrugo y descompuso bajo el torrente de lagrimas que salían de
los ojos de Ares. Sin ella, no podía vivir, las reencarnaciones que vago
consuelo, ocurría tan pocas veces. Ni siquiera la guerra podía reocupar el vació
de su corazón.
Y yo Afrodita que lo había visto todo, me compadecí de él y utilizando todo mi
poder lo convertí en una estatua eterna de mármol y oro, para que la espera de
Xena no se le hiciera tan larga. Solo ella y un beso de sus labios podrá
despertarlo. Y me dispuse a volver a la naturaleza donde me esperaba mi Hefesto.
Mi ultimo pensamiento fue que era irónico que la ultima acción de los dioses
griegos, conocidos por su venganza, odio y pretensión, fuero un acto de AMOR.
FIN