ADVERTENCIA: esta historia es horrible para todos aquellos que crean que entre Gabby y Xena hay algo, pero es perfecta para aquellas personas que crean que no existe el sub texto.
Aparte, si eres menor, o simplemente muy poco maduro... ¡no sigas leyendo! Y busca algo más apropiado

DEDICATORIA: Para Francisco Toraño Marc, (aunque haga unos años que no le veo), por trasmitirnos a todos su extraordinaria locura

Para criticas instructivas o intercambio de opiniones, escribidme a: lucylawes@terra.com
 


¿ES CIERTO?

Por Marta Sofía

En un cementerio, dentro de una sala, había tres tumbas. Una contenía el cuerpo y las armas de la princesa guerrera. La más pequeña el cuerpo yacente de su hermano, Lyceus. Y la tercera guardaba en sus entrañas a Cyrene. Era un espectáculo realmente triste para todos aquellos que se habían desplazado hasta Amphipolis para honrar el aniversario de la muerte de Xena. Una muchedumbre de personas, encabezadas por Toris dejaban frente a la tumba regalos, joyas o pergaminos escritos. Todo esto seria sin duda robado por algún ladrón de poca monta. Pero eso no importaba, lo que interesaba era lo que significaban aquellos presentes. Todos dijeron unas palabras, y tras horas de lamentos abandonaron la sala uno por uno. Toris se quedo el último, pero cuando se disponía a salir, observo que frente a él quedaba un hombre encapuchado. A pesar de todo, sin saber quien era, dejo que permaneciese allí, pues todos los años lo hacia. Tan solo se acerco a él, y le dio el pésame, como si aquella persona fuera familiar de la víctima, y el un simple conocido. Cuando todos se hubieron ido el desconocido suspiro, mientras se acercaba a la tumba. Paso su mano sobre ella, mientras decía

“Xena, otra vez estamos solas” comento, mientras se deshacía de la capa que la cubría por completo. Era una mujer de unos 55 años. Su rostro dicharachero y alegre hasta el último momento estaba entonces acompañado de algunas arrugas, pero sus ojos seguían tan vivos como su sonrisa. “Ahora que lo pienso… no estamos del todo solas” comento la bardo al tiempo que se giraba hacia la zona más oscura. Noto como en ella alguien soltaba un respingo al notar que le habían descubierto. Pero lejos de asustarse se acerco a aquella mujer mientras dejaba mostrar su rostro. “Vaya, Ares, los años no te han afectado” le saludo con una sonrisa Gabrielle..

“Lo se” respondió él con otra “La ambrosía hace maravillas” comentó “¿Cómo supiste que estaba aquí?”

  “Siempre vienes”

  “Pero nunca me dejo ver, siempre estoy invisible para los ojos de los humanos”

  “Ya, pero yo me enorgullezco de ser una digna sucesora de Xena, ella me enseñó todo…”

  “…Incluso a oler la apestosa presencia de los dioses, ¿no?” pregunto Ares.

“Podría decirse así” contesto ella. Entonces se hizo el silencio. Ambos se limitaron a observar la tumba, y a recordar quien la ocupaba. Era triste pensar en la muerte de la guerrera, aunque a su vez era difícil no hacerlo. El dios recordaba la escena con mas claridad que con la que observaba lo que le rodeaba. Recordó como Callisto le ataco a él indefenso y mortal. Recordó como Xena, sin dudarlo intento protegerlo. Recordó como el de forma cobarde había cerrado los ojos mientras Xena se interponia entre la espada de Callisto y él. Recordó como el cobardemente cerraba os ojos, antes de sentir el cuerpo ensangrentado de Xena sobre sus brazos. Recordó como a pesar de notar su ultimo momento cerca, se alegro de que el dios recuperase la memoria. Recordó su ultimo gemido antes de caer desmayada y muerta sobre él.

Entonces sintió que un mar de lagrimas se removía en su interior. Miro a Gabrielle, mientras anunciaba “Me voy, no estoy acostumbrado a llorar en publico” una profunda laguna en la voz de Gabrielle la hizo comprender que no mentía. Con un gesto le pidió que esperara, mientras rebuscaba en una bolsa que transportaba echada al hombro. Ares la miraba curioso, cuando la bardo le tendió una carta antigua y vieja. El dios la miro mientras la cogía con intriga:

“¿La has escrito tu?”

“No, Xena” Ares elevo su mirada hasta los ojos de Gabrielle. Su voz era serena y se notaba que no mentía “Sin saber muy bien como, ella presentía que en aquellos días iba a morir. Antes de intentar recuperar tu memoria, me escribió una carta. En ella se despedía de mí y me indicaba donde había dejado una carta para ti”

“¿Y por que no me la has dado hasta ahora?” pregunto Ares notando quizás un poco de furia

“Ella me especificó que debían pasar treinta años. Si pasado ese tiempo seguías visitando su tumba, entendería que la apreciabas”

“Yo no solo la apreciaba”

“Ella lo sabia” contesto Gabrielle con una sonrisa “Supongo que intentaba probarte o algo así”

“Me conocía bien poco si no sabía que iba a volver a los treinta, cien o mil años”

“Para eso no tengo respuesta” contesto la bardo “Bueno, he de irme, tan poco estoy acostumbrada a llorar en publico” sonrío con una voz profunda y ronca. Acarició por ultima vez la tumba y se despidió con un gesto de Ares. Alli se quedo el dios mirando atónito la carta. Y así continuaba en su templo, observando la carta, barajeando la posibilidad de destruirla y no sufrir más. Porque al no estar ya Xena, al no poder contestarla con otra carta, Ares sentía que serviría de poco sufrir más. Pero aun así lo que sentía por la princesa guerrera le impulso a leerla. La abrió temblando la mismo tiempo, mientras que notaba que empezaba a llorar cuando reconoció la letra de Xena:

“Noto un escalofrío cuando recuerdo la premolición de una de las tejedoras. Noto algo horrible, aunque estoy segura de que no te va a pasar nada malo a ti”

Así empezaba la carta que Xena había escrito. Ares sonrío al reconocer entre letras la chispa de arrogancia de Xena.

“Ares, si estas leyendo esto es que mis temores se han confirmado, estoy muerta. Por Zeus espero haberlo echo como una autentica heroína”

“No lo dudes Xena, así fue” se dijo para sí Ares.

Aunque no sé por que lo denomino como temor. La muerte no se puede considerar así para alguien como yo. Alguien que lo estuvo deseando durante años, y que ahora, tiempo después aun lo sigue deseando pues ya he hecho todo lo que pretendía me he redimido, y conocido la paz, y aunque no entraba en mis planes… también el amor” Ares releyó aquella línea desconfiando de sus ojos, pero comprobó que aquel era el texto “Por eso en cierto modo la muerte es un amigo, aunque no puedo evitar sentir el dolor de perder a las personas que quiero. Alguien me dijo una vez que me estaría esperando en los campos Elíseos. Confío en su palabra, porque sé que iré allí, y que él me estará esperando. Por eso a las personas a las que quiero, yo les dedico las mismas palabras, para que sepan que las estaré esperando, pero… ¿qué se hace cuando una de esas personas, quizás la mas querida, no puede reunirse jamas contigo tras la vida? Sufrir, sufrir en silencio.

Aunque me siente mal admitirlo, deseo que a ti Ares te pase algo malo, para que así puedas reunirte conmigo. Sé que es ridículo, o quizás egoísta, pero no consigo evitar pensar que es lo que deseo.

Como ves hay cosas que la muerte me quita, pero otras que me da, por ejemplo la oportunidad de no envejecer. Así no me observare marchitar, perder mi bélico encanto a los ojos de los demás, a tus ojos”

Cuan equivocada estabas si creías que por eso iba a dejar de quererte, que poco me conociste

“Ahora que no estaré, que no te podré ver, me pregunto que será del orgulloso Dios de la Guerra”

Me he convertido en un llorón empedernido” susurro ares con una sonrisa, mientras secaba sus lagrimas

“Esta carta es mi despedida, pero también una forma egoísta de desahogarme. Por eso aprovecho para decir aquello que en vida no me atreví, por miedo a que el pasado del que me redimía se convirtiese en mi presente:

La experiencia me enseñó a desconfiar de cualquiera, y tu no fuiste una excepción, pero a pesar de ello, concentre mis defensas en no volver a tu ejercito, y mi corazón quedo desprotegido. Y Ahora, minutos antes de mi muerte reconozco que tras una emboscada, conseguiste conquistarlo de forma perfecta. Así que como rendición de mi corazón hacia tu conquista me veo obligada a decirte: Te quiero, mas de lo que yo pensaba, mas de lo que tu piensas. Te amo.

Noto un escalofrío cuando recuerdo la premonición de una de las tejedoras. Noto algo horrible, aunque estoy segura de que no te va a pasar nada malo a ti”

Y hay para temor del dios, la carta terminaba. La miró atónito mientras volvía a llorar desconsolado. Con cuidado y delicadeza guardo la carta en su sobre, mientras decía:

“La confesión final que tanto tiempo espere y ahora estas muerta ¿qué pretendes que haga ahora con estas dos palabras? ¿Qué vuelva tranquilamente a mi vida rutinaria? Hubiera sido mejor no saberlo” siseo, mientras dejaba caer su cabeza entre sus brazos apoyados en sus rodillas “Xena, ¡eres cruel aun muerta!”

“Lo se” se oyó una voz en la puerta de la habitación que él dios ocupaba

“¿Gabrielle? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?”

“¿Y si te dijera que no soy Gabrielle, que deseaba verte y que entre noqueando a los guardias?”

“Te diría que yo también estoy afectado por la muerte de Xena y que aun siendo tentador no me dejo llevar por la locura”

Gabrielle sonrío de forma abrumadora y con una chispa de picardía. Sus ojos se tornaron mucho más profundos y expresivos. Incluso su pose cambio. Entonces Gabrielle pronuncio unas palabras, con una voz que no era la suya.
“Ares, no soy Gabrielle” aseguro

“¿Xena?” pregunto con los ojos de nuevo humedecidos

“Quizás…” contesto mientras se acercaba a él “¿Tu que crees?”

 “Xena” sonrío en un susurro Ares. Pero entonces se percato de que el envoltorio de esta no era el habitual “¿Estas en el cuerpo de Gabrielle?”

 “Si…” contesto apenada “no sé si es una bendición o una maldición, pero cada aniversario de mi muerte resucito. Siempre he necesitado un cuerpo para pasar ese día y Gabrielle siempre se a ofrecido”

“¿Significa eso que todos estos años te he tenido cerca de mí, y sin saberlo?”

“Hmmm, si, podría decirse así”

“Vaya…” farfullo al observar a Xena frente a sí mismo como lo había echo durante años en el funeral de esta. Xena se acerco a él y a tan solo unos pasos se acerco a él, y poniéndose de puntillas pregunto:

“¿Por qué no volvemos a empezar desde el principio?” pidió “Hola” musito, y tras eso se acerco a él y le beso. Cuando se separaron Ares disfruto el sabor del beso, mientras Xena le conducía a una habitación, donde poder estar sentados. Y así cómodamente empezaron a hablar y comentar sobre lo ocurrido desde la muerte de Xena. lentamente y sin omitir nada de valor, Ares describió aquellos años sin ella.

“Sabes… me gusta esto de hablar calmadamente contigo, sin tener que preocuparme de hacia donde se dirigirá la próxima vez tu espada” comentó con una sonrisa

“Si, sé a lo que te refieres” sonrió ella, pero aun así Ares, sintió en su voz una dejadez que antes no había escuchado

“¿Qué te ocurre Xena?”

“Me ocurre lo que tu me has dicho, me gusta hablar contigo, me gusta conversar a tu lado, sin temer ningún ataque próximamente, pero eso no va a durar” comento mirando al cielo. “Cuando el día vuelva a nacer yo me iré y volverá a su cuerpo Gabrielle”

Ares cerro los ojos mientras suspiraba hondo. Había olvidado por completo aquello entre palabras y palabras. Triste se apareció tras Xena quien miraba por la ventana el sol. La agarro por detrás por la cintura mientras depositaba un beso en su cuello y decía:

“¿No hay nada, cualquier cosa, que yo pueda hacer para que te quedes?”

“No”

“Xena ¿y que voy ha hacer entonces?”

“¿Despedirte de mí en condiciones?” propuso la guerrera, mientras algo más alegre se giraba y frente a frente le besaba. Ares mantenía sus manos en el rostro de la guerrera, deseando tocar mas, pero a pesar de ello no se atrevía a moverlas. Sentía que algo iba mal, sentía que no iba a pasar la noche con Xena, su amada princesa guerrera, sino con Gabrielle, la bardo de Potedaia. Se aparto suavemente de ella, mientras murmuraba que aquello era demasiado raro incluso para él.

“¿Sientes que vas a acostarte con Gabrielle?” pregunto

“Si” contesto el sin atreverse a mirarla a los ojos. Xena, lejos de ofenderse le miro con humor, mientras se acercaba de nuevo a la ventana, y desgarraba un trozo de cortina

“Mi voz la reconoces como mía, ¿verdad?” comento en un susurro “Pues bien, veamos como me recuerdas” le reto Xena mientras tapaba su vista con la tela

“Xena, ¿qué es eso?” pregunto riendo el dios, pero sin quitarse la venda

“Así podrás imaginar que a quien amas es a mí y no a Gabrielle”

 “¿Cuantas veces has hecho esto?” pregunto Ares con humor

“¿Hacerlo? ¡Nunca! Pero desearlo… mas de las que puedas contar” Xena noto como bajo la tela los ojos de Ares se abrían con asombro “¿Qué? 30 años muerta en los campos Elíseos dan para mucho” siseo Xena, mientras volvía a besarle. Ares sentía que aquella idea era bastante divertida, pero a pesar de ello tuvo que admitir que funcionaba. No sentía la venda de sus ojos, pues recordaba perfectamente el cuerpo de Xena, y lo achacaba con el que tenia delante.

Aquella noche, sin duda, fue la mejor de su vida. Descubrió cosas que creía inalcanzables para los dioses, pues la piel de Xena era mejor que la ambrosía, sus besos mas dulce que la miel y su voz ronca susurrando “te quiero” no tenia comparación.

Aquella noche descubrió el amor. Pero tras la noche apareció el día y aquella mañana junto a él en su lecho no estaba Xena, ni tampoco el anciano cuerpo de Gabrielle, lo cual en cierto modo hubiera sido un consuelo. Solo quedaba él, tumbado y desolado.

La había perdido de nuevo.

Otra vez.

Mientras desayunaba se negaba a creerlo. No podia admitir que tan pronto había estado con ella hablando, como tan rápido se lamentaba por su muerte. Al tiempo que observaba el sol que se ponía, comandado por el carro de Apolo, sintió que una idea surgía de su mente. Mas que una idea era una forma de chatajear a Hades, para devolverle la vida a Xena.

Continuara...