ADVERTENCIA: esta historia es horrible para todos aquellos que crean que entre Gabby y Xena hay algo, pero es perfecta para aquellas personas que crean que no existe el sub texto.
Aparte, si eres menor, o simplemente muy poco maduro... ¡no sigas leyendo! Y busca algo más apropiado

DEDICATORIA: Para Juan Pablo, mi amigo de la China.

Para críticas instructivas o intercambio de opiniones, escribidme a: lucylawes@terra.com


MIENTRAS NO EXISTA EL AMOR

Por Marta Sofía

Cronos, titán personificador del tiempo, había sido desterrado. En una isla observaba pasar los días, mientras se lamentaba de haber perdido sus poderes. Como recuerdo de sus días de gloria poco más quedaba aparte de un lago bendecido por Rea, el cual tenia la facultad de ver lo que estaría ocurriendo si el pasado hubiese sido distinto. Así que, por no tener mayor diversión, toco el agua, creando en ella una imagen negra, en al que no se distinguía nada.

“El caos” murmuró el titán “Como te echo de menos” se lastimo “deseo ver que ocurriría si el amor no existiese, si Afrodita nunca hubiese emanado del mar en su concha, rodeada de espuma. Si su don nunca hubiese alegrado los corazones, perfeccionado las canciones, inspirado cuadros e historias. ¿Qué seria de este mundo sin todo eso?” pidió ver, mientras el agua se volvía turbia, y luego empezaba a mostrar imágenes.


Todos los humanos trabajan en los campos, en la artesanía, en el arte, en la medicina... pero todo es simple, sin sentido. Al acabar el día vuelven a su casa solitarios, sin que nadie les espere. Exceptuando a las mujeres, quienes a regañadientes, cuidan de molestas criaturas, de menor tamaño que ellas, llamadas hijos. Antes de acostarse, rezan al dios del Olimpo, Ares, y a su mano derecha, Zeus.
En este mundo, adoran lo que conocen, y al no estar el amor para equilibrar la balanza, directamente alaban a la guerra, sin haber para Ares ningún enemigo en potencia.

Cronos se fija de que apenas hay un tercio de la población actual trabajando, pero el agua, como si leyese sus pensamientos, muestra otras imágenes:

En un campamento de guerra, un ejercito de 1.000 hombres, espera sin ningún tipo de motivación la siguiente conquista. Limpian sus armas, como cada día, mientras monótonamente hablan de la guerra. Entre ellos se regocijan de sus trofeos. Pero estos regocijos no giran entorno a cuantas personas han matado, como en el mundo actual, sino sobre cuantos ganados, o campos han dejado inservibles, pues eso es más importante que la vida. Entonces un dios aparece ante todos, quienes se arrodillan en gesto de respeto y fidelidad. Ares, sonriente, les grita, les felicita y tras eso desaparece, para seguir planeando como conquistar la futura Francia.

“¿Así que estos estúpidos mortales no son nada sin el amor?” se carcajeó “además la lucha carece de sentido, pues una vida como esa, sin nadie a quien amar, y nada por lo que seguir viviendo, hace que la guerra sea casi una bendición, y la muerte un paraíso” continuo riendo “Los soldados no tienen enemigos nunca, pues cuando matan a alguien... ¡¿A QUIEN LE IMPORTA?!”

“Señor, hemos perdido 5 hombres, ¿qué hago?” pregunto el general, Liques encargado de dirigir el ejercito, dando a entender su dependencia sobre el dios de la guerra

“Recluta a diez mas, de donde sea, pero que sean buenos”

“¿Y si a ti no te valen, o te satisfacen en la lucha?”

“¡¡¡ERES UN INÚTIL!!!” grita desesperado el dios


Mientras en una aldea, una joven llamada Xena, trabaja transportando lo recolectado en el ultimo semestre al almacén, donde espera que tengan comida suficiente para vivir otros cinco años mas, y poder seguir trabajando. Sus ojos azules muestran cansancio. Su pelo oscuro cual noche luce recogido en un moño sencillo, como remedio contra el calor. A primera vista es una mujer normal, quizás más bella que el resto, pero nadie notaba una insignificante anomalía en ella.
Ese gran secreto era que la mente de esta mujer trabajaba a escondidas, intentando encontrar sentido a esa vida tan ridícula. Pero la muchacha aleja esos pensamientos y sigue andando cabizbaja, arrepintiéndose de sus pensamientos. Dejo la mercancía y marcho a por mas, mientras observaba a los hombres más fuertes de la aldea los cuales estaban todo el día repitiendo los mismos ejercicios, necesarios para el entrenamiento requerido en cualquier ejército.
La muchacha suspiraba, mientras imaginaba que algún día tendría que estar con uno de esos humanos, y tendría que tener un molesto hijo suyo, al cual luego abandonaría a la tierna edad de 10 años. La simple idea le repugnaba. De nuevo se recrimino sus propias opiniones, mientras llegaba de nuevo al campo y recogía mas comida.
Cuando cae la noche, entre profundos bostezos, entra en su solitaria casa, mientras se deja caer en su cama. Sentía que todos los pensamientos que cuestionaba mientras trabajaba volvían a ella con mas fuerza Por ello agradeció a Morfeo que la durmiera, pues de esta forma era imposible que intentase contradecir lo que desde pequeña le enseñaron.
En esa ciudad, como en cualquier otra, la educación se trataba básicamente de cómo trabajar, los protocolos principales y lo que esta bien y lo que no. Nada más.

Es por la noche. Ares maldecía al superior de su ejercito, porque este, creyéndolo demasiado honor, no acepto desaparecer con él hasta la ciudad más próxima para buscar reclutas; también maldijo el caballo que estaba montando por su lentitud y sus ganas de comer.
Pero el dios no tiene la culpa de no sentir pena por el cansado animal. Simplemente intentaba realizar lo mejor posible su trabajo como vanidoso y egoísta dios de la guerra y los cielos.

Cuando al fin llegaron a Amphipolis, ciudad pequeña pero trabajadora, los aldeanos los recibieron con vítores, y ofrendas. El divino los miro con aire de superioridad, mientras, bajo la alegría de todo el pueblo, convocó un torneo para determinar quien podría acompañarlo a su ejercito, donde tenían una muerte asegurada.

Xena agradece esa aparición, pues significa descanso para las mujeres, mientras los hombres se encargan de los preparativos para el desafío.
Ella desde su ventana, observaba los carteles, los últimos entrenamientos, y los últimos intentos en vano, para darle un poco de alegría con adornos a esa triste aldea.
Saltándose el horario establecido desde hace siglos, se acostó una hora antes, aprovechando el echo de no estar trabajando. Pero no fue un sueño tranquilo, pues su conciencia no la dejaba dormir e incluso en sueños la regañaba por su indeseable rebeldía.

Al día siguiente, todo el pueblo estaba sentado en un improvisado anfiteatro, donde todos los hombres luchaban con un admirable orden, sin ningún tipo de fulgor, o interés, porque aquí... ¿acaso existe eso? Primero echaban a suertes quien empezaba. El afortunado propinaba un golpe, luego paraba el del contrario, antes de contraatacarle, para luego defenderse y así continuamente
Aun sabiendo que se lo recriminaría mas tarde, Xena se marcho del lugar, sigilosamente. El aburrimiento, factor principal de su vida, estaba saturando sus neuronas. Observo la ciudad y su mente casi no la reconocía al verla tan silenciosa, y vacía, sin nadie preocupándose por no tener todo en impecable orden.
Se dirigió al establo, lugar mas alejado del anfiteatro, y se subió a la parte alta, para tumbarse sobre montones de paja.
Sentía que visitaba momentáneamente los campos Elíseos al pensar que estaba allí, sin hacer lo que debía. Ya no se aburría, ni su conciencia hacía sonar la alarma en todo su cuerpo. Simplemente se dedico a relajarse.
Entonces sintió un calor repentino. Barajeo la posibilidad de estar en el infierno, ardiendo por su desobediencia. Pero al comprobar que su alrededor era el mismo, miro para saber que era aquello que subía la temperatura. Observo unas bolas de fuego salir como proyectiles y tras eso desvanecerse. Luego oyó una voz:

“¡¡¡No encuentro lo que necesito!!!” grito alguien

“¿Quién anda hay?” pregunto temerosa la aldeana mientras se asomaba desde las alturas. Observo que un hombre de oscuro cabello y ojos igual de negros le miraba incrédulo. Ella, sin creer su mala suerte, le distinguió como ares, dios de la guerra y los cielos.
Sus manos, las cuales le servían de apoyo para no caer, fueron utilizadas para hacer una reverencia ante su superior. Pero perdió el equilibrio y sin desearlo se sintió caer a gran velocidad, consumiendo rápidamente los dos metros que la separaban del suelo. Entonces, durante la milésima de segundo que duro su caída pudo ver como el dios desaparecía. Y tras eso solo sintió unos brazos agarrándola firmemente. No sabía que le había salvado de estrellarse, pues no se atrevía a abrir los ojos del miedo.

“Tranquila, estas a salvo” oyó que Ares pronunciaba cerca de ella. Al fin abrió los ojos. Estaba en sus brazos, mirándole con asombro, mientras un cosquilleo acompañado de un sentimiento, recorría su corazón. Pero... ¿Qué sentimiento era ese? Entonces ella se ruborizó, cuando él la sonrío, devolviéndola al mundo real. Aterrada por comprender entonces que estaba entre los brazos de un dios calculaba el precio por ese sacrilegio, mientras conseguía escapar de su agarre y arrodillarse ante él.

“Lo siento, lo siento muchisimo, yo... no pretendía caerme. Sé que no he mostrado mucho respeto, pero le ruego que sea Benévolo conmigo...” tartamudeaba

“Tranquila, aldeana, sé que a sido un error, no mereces ser castigada por ello” la calmo el dios sorprendiéndose a sí mismo de la dulzura que reinaba en su voz “¿Cómo te llamas?”

“Xena”

“Xena... me agrada

“Es todo un honor para mí”

“El honor es mío por haberte conocido” comentó sonriendo, pero ella, aun así se negó a levantarse del suelo “¿Qué hacías hay arriba? Es peligroso para una dama tan bella como tu”

“es usted muy halagador” dijo sonrojándose, cabizbaja “Me encontraba allí... supongo que porque necesitaba divertirme algo mas... me encontraba francamente aburrida viendo a esos hombres luchar”

“¿No te gusta la lucha?” preguntó Ares, interesado en su opinión

“No, no, no me toméis mal, mi señor, es solo que creo que le falta algo...”

“Te mentiría si no te dijese que yo también lo pienso varias veces” murmuró él “Pero ¿qué es exactamente? Porque lo tiene todo... fuerza, agilidad, destreza, astucia... ¿Qué le falta?”

“No lo sé, pero estoy segura de que algo le falta... o quizás le sobra” comentó para sí ella, cuando se percató de nuevo de con quien estaba hablando “No sé que es lo que le ocurre a la guerra”

“Quizás luchando lo halles mejor” dijo mientras le lanzaba a la inocente aldeana la espada. Ella la cogió al vuelo, pero con algo de dificultad. Comprobó que pesaba bastante, pero cuando sintió el sonido de otra espada cerca de ella empezó a moverse con agilidad, manejando la espada como si fuese parte de su brazo. Con la adrenalina a cien, dio una pirueta, antes de cortar levemente las ropas del dios.
Sus ojos se abrieron como paltos, mientras tiraba la espada avergonzada al tiempo que volvía a arrodillarse como antes había hecho. Ares reía a gusto, mientas la felicitaba, pero ella no dejaba de maldecirse a sí misma.

La noche cayo sobre la ciudad y el relinchar de caballos se oía a lo lejos pues Ares se iba con su general y sus diez nuevos guerreros.
Aquel anochecer no solo rezo a Ares, para vendecirle y rogar por su ganado y su campo, sino para darle las gracias por no haber difuminado la noticia de su sacrilegio hacia él. DE echo le agradeció enormemente que se lo tomara a guasa, además fue curioso ver reírse a alguien después de tanto tiempo sin ni si quiera reír ella.
Mientras en su campamento Ares oyó en el viento un ligero sonido, parecido a una voz. Distinguió la voz de Xena dándole las gracias.
Esto fue motivo suficiente para que el dios no pudiera volver a prestar atención durante toda la noche al ataque del día siguiente

Por la mañana tras reiniciar de nuevo su rutinaria jornada de trabajo, Xena se sentía extraña, al recordar las palabras que le había dirigido el dios, tras pedirla que no se arrodillase ante él:

“He vivido siempre en Amphipolis, pero desearía viajar. Sé que es raro, e incluso deshonroso, que yo desee eso, pero para mi Amphipolis es pequeño y aburrido, y ya le he sacado todo el partido que creo que se le puede sacar” entonces miro al dios y mientras se sonrojaba dijo “No sé por que estoy contándote esto a ti. Supongo que me das confianza, perdóname si te estoy ofendiendo”

“¿Qué? ¡No tranquila! ¡Como mucho te tengo que dar las gracias por que confíes en mi de esta forma” dijo mientras desaparecía del montón donde estaba sentado, y reaparecía junto a ella. Sin saber porque, Xena noto que su corazón se sobrecogía al sentirle tan cerca “Me gustaría conocerte más... no me explico bien... casi ningún humano que yo conozco es como tu. Todos me temen o me alaban excesivamente, sin embargo tu...”

“¿Sí?” preguntó ella

“Me tratas como un igual, y lejos de ofenderme, me hacer sentir mejor, aunque no sabría explicar en que sentido” ella sonrío “¿Puedo verte mañana?” pregunto Ares, sin poder evitarlo”

“¿Quién soy yo para negártelo? Cuando lo desees, podrás verme” contesto ella.

Así que mientras recogía cereales en su cesta, deseaba por encima de todo volver a ver a aquel dios. Era tan misericordioso, amable y sincero, no como siempre se lo había imaginado, brutal, viril y sin escrúpulos.

En el campamento, Ares hizo llamar Liquen, mientras le decía que aquel día dirigiría el sólito el ejercito, pues quería ponerle a prueba y ver su efectividad. Cuando el general al fin comprendió que la misión no tenía riesgo alguno, abandonó a Ares. Este, sabiendo el verdadero motivo por el que dejaba solo a Liques en la batalla, se impacientaba mientras esperaba la hora de ver a Xena.
Pero ¿por qué quería verla? ¿Qué tenia ella que no tuviesen las demás? ¿Qué era eso que sentía al ver sus penetrantes ojos?
Calmo su urgencia, mientras recordaba lo sucedido el día anterior. Recordaba las palabras de ella, su forma de tratarle, su forma de confiar. ¿Debía preocuparse?

Aquella estúpida pregunta desapareció de su mente cuando desde un árbol, como si fuese un chiquillo mortal, observaba a Xena trabajar. Esta transportaba su cesta de un lugar a otro, cargándola cada vez de nueva mercancía. En uno de esos paseos, paso cerca de Ares, quien siseó el nombre de ella, llamando su atención. Cuando los ojos de Xena divisaron al dios, su corazón se ilumino, al tiempo que se arrodillaba.

“¿Qué te dije sobre arrodillarte?” pregunto con humor Ares mientras le tendía su mano para levantarse

“Lo siento, supongo que es la costumbre” comentó sonriendo

“Nunca te había visto sonreír” comentó él en un susurro “Deberías hacerlo mas a menudo” comentó mas sereno “¿Te ayudo?” pregunto mientras miraba la cesta

“¿Qué opinara la gente de que nuestro señor, el gran Ares, me ayude, como bien lo haría un asno?

“No pasara nada... sino saben que soy un dios, ¿no?” contestó con una sonrisa mientras pasaba su mano derecha por su rostro. Xena abrió los ojos como platos, mientras veía que en lugar de Ares ahora había un muchacho rubio.

“¿Ares?” pregunto acariciando su rostro

“El mismo” sonrío él, mientras acariciaba la mano de la aldeana. Esta la aparto rápidamente asustada “¿Me permites?” le pregunto a Xena mientras miraba la cesta

“Es toda tuya mi señor” dijo mientras él recogía la cesta

“Xena...

“¿Sí?”

“Sigo prefiriendo... Ares” sonrío mientras caminaban.

Al llegar al pueblo una mujer, llamada Aridice, observo recelosa, como Xena no trabaja gracias a un desconocido. Envidiosa, busco algo de lo que acusar a Xena, pues no era suficiente el echo de que un aldeano la ayudase. No le costó encontrarlo: fuera de la época de reproducción, Xena se había reunido con un hombre.
No era del todo cierto, pero... ¿a quien le importaba?

Igual que se lo había inventado aquella mujer, se lo dijo Zeus a su hijo, Ares. Este, tras adivinar quienes eran los protagonistas, disimulo ante su padre, para no levantar sospechas:

“¿De donde son esos rebeldes?”

“Ella de Amphipolis, el allí era forastero, así que desconozco su ciudad natal”

“Esta bien, gracias Zeus, yo me encargare de todo”

Su padre sonrío orgulloso, mientras desaparecía de escena. Una vez a solas, Ares no pudo evitar carcajearse, tras inponerse un castigo a sí mismo. El castigo era simple: se había condenado a volver a ver a Xena. ¡Que horror! Penso.
Como buen dios comprendió que no podia saltarse su castigo a la ligera, así que a la tarde siguiente, antes de que se pusiese el sol tras las montañas, apareció en Amphipolis.

Xena veía el anochecer desde su ventana mientras recordaba lo que había sentido al rozar la piel del dios. Aquel sentimiento desmoronaba todo lo que le habían enseñado a Xena desde niña. ¿Qué seria? ¿Quizás una enfermedad? Fuera lo que fuere era maravilloso, así que... ¿por qué cuestionarlo?

Mientras mantenía esa lucha en su interior y observaba la puesta del sol, delante de sus ojos apareció una rosa roja, sujetada por una mano. Xena la miro sonriendo, mientras aparecía Ares. Se la ofreció mientras reaparecía en el interior de su casa

“Sabes, empiezo a pensar que me mimas demasiado al brindarme el honor de tantas visitas” dijo ella mientras disfrutaba el olor de la flor

“Pues que así sea, pero por nada dejaría de disfrutar estos momentos contigo” bromeó él. Xena sintió que ese sentimiento irreconocible volvía a ella, mientras comprimía su corazón “Xena, ¿no me dijiste cuando nos conocimos que te gustaría viajar? ¿Salir de aquí? ¿ver mundo?” ella asintió sin saber que se proponía “Pues hoy visitaras Egipto” dijo mientras agarraba su mano y entre lazaba sus dedos con los de ella. Xena sintió que un escalofrío recorría su cuerpo. Aunque no sabría decir si era porque la temperatura de su cuerpo había subido repentinamente o por desaparecer junto a Ares de su casa. Mientras dejaba de ver sus conocidas paredes, vio ante sí una ajetreada ciudad, quizás mas que Atenas. Pero a pesar de ello, era preciosa. Xena miro Ares agradecida, mientras empezaban a andar por la ciudad.
Cuando la noche caía, empezó a refrescar, pero a ninguno parecía importarle mientras observaban sentados sobre el aire toda la ciudad. Poco a poco se dejan llevar, mientras se relajan. Entonces Xena noto una pequeña brisa y se estremeció. Sin decir palabra, Ares hizo aparecer una manta y la coloco sobre los hombros de ella. Xena sintió entonces una emoción inimaginable que la calentaba al momento.

“Sabes, hay una cosa que no entiendo...” murmuró ella

“¿Solo una? ¡Que suerte!” bromeo él. Tras sonreír, ella planteó su duda

“Nunca había compartido mi tiempo con nadie, y mucho menos con un dios. Lo más extraño es que él hacerlo me apetece, ¿por qué?”

“Te planteas demasiadas dudas, ¿no crees?” preguntó él, mientras rodeaba sus hombros con su brazo, estrechándola a él. Ares, al sentir su cálida piel, se dio cuenta de que lo estaba haciendo, así que dio marcha atrás. ¡¿Cómo se le había ocurrido hacer semejante cosa?! Pero Xena no parecía opinar lo mismo. Ella frenó la mano de Ares agarrando amablemente su muñeca. El dios suspiró sonriendo, mientras olvidaba todo su alrededor menos a ella.

“¿No crees que alguien me habrá echado de menos en Grecia?” pregunto Xena, elevando su cabeza del hombro de Ares

“Quizás...” farfullo mientras proponía irse de allí

“No quiero irme sin darte las gracias”

“Ya lo has, echo” sonrío él “volvamos” dijo mientras detrás de ella, la rodeaba por la cintura, para desaparecer de allí.
Entonces reaparecieron en casa de ella. Xena reconoció casi de inmediato sus comunes paredes, las cuales entonces le aprecian todavía mas aburridas.
Entonces noto los brazos de Ares rodeando su cintura. Su piel, suave caliente, turbadora... se aparto nerviosa de él, pero, sin poder evitarlo piso mal y se cayo. Ambos rieron, mientras Ares preguntó si se encontraba bien. Ella sonrío, como dando a entender que si, pero cuando intento andar, su pie izquierdo le dolió. AL soltar una pequeña queja, Ares volvió a preguntar por su estado:

“Creo que me he lastimado el tobillo”

“¿Lastimado? ¡Te lo has torcido!” comentó con humor “Túmbate, se hinchara mas si no lo descansas”

“¿Hincharse? ¡No! ¡No podré trabajar!” se quejó ella

“Yo veía eso como una ventaja” contestó él. Sintió que volvía aprobar la ambrosía cuando ella sonrío. Puso sobre la articulación un poco de hielo que hizo aparecer en el momento, mientras daba un leve masaje. El terreno masajeado, fue creciendo hasta terminar frotando desde la rodilla hasta el pie. Xena no pudo evitar suspirar, mientras el masaje del dios se empezó a convertir en expertas caricias.
Entonces, sobre las manos que recorrían sus piernas, Xena puso las suyas, impidiéndole continuar, pues empezaba a sentir algo más nuevo y desconocido que antes, y eso le daba miedo

“Será mejor que te detengas” pidió, casi rogando. Pero había algo en Ares que ni el mismo podia en esos momentos doblegar. Con sus manos, recorrió los dedos que hacia poco habían detenido su masaje, y fue ascendiendo hasta su barbilla. Acaricio lentamente la mejilla de Xena. Esta por mas que lo intentaba, no conseguía sacar la suficiente fuerza para negarse a las caricias de Ares. Así que cuando este paseo dos dedos por sus entre abiertos labios, sintió que todo su control se desmoronaba, pero ¿por qué?
Ares inclinó con lentitud su rostro, y sin atreverse del todo, junto sus labios con los de Xena. Una descarga eléctrica recorrió su cuerpo, creándole unas ganas irrefrenable de sentir de nuevo ese sentimiento, así que volvió a besarla. Esta vez el beso fue más duradero, más íntimo, más perfecto.

“Ares, soy una simple mortal, y ni si quiera estamos en época de reproducción” dijo Xena, extrañada, pero a pesar de eso, no podia evitar codiciar Ares, sus labios, su cuerpo, sus expertas caricias...

“No importa quienes somos, ni lo que hacemos, déjate llevar y haz lo que deseas” pidió él. Xena sonrío mientras volvía a besarle. Xena no entendía como algo tan maravilloso no era nada conocido en Grecia. El beso se torno mas apasionado cuando se dejaron caer en la cama de Xena. Ares abandono su boca y camino por su hombro, marcando una suave línea. Cuando sus dedos jugueteaban nerviosos con los nudos de la ropa de Xena, un crujido se oyó en la ventana.
Xena se irguió rápidamente, para saber el motivo; Ares se limito a quedarse donde estaba, mientras respiraba hondo, sabiendo que tras eso, seguramente todo abría acabado.
Xena se asomo por la ventana con rapidez, pero solo alcanzo haber las huellas de zapatos, por la hierba que se encontraba alrededor de la ventana. Entonces Ares volvió a rodearla por la cintura como antes había hecho, mientras apartaba del hombro de Xena parte de su vestidura. Beso aquella parte, hasta que Xena se dio la vuelta y con tan solo una mirada le rogó que se detuviera:

“Ares... dios sabe quien nos habrá visto... y que dirá”

“Xena, se franca, al grano”

“Creo que esto es un error”

“¡Lo sabia!” bufo Ares

“¿No opinas tú lo mismo, acaso?”

“No, ni mucho menos” dijo mientras se disponía a desaparecer. Antes de que eso ocurriese, Xena pronuncio su nombre:

“¿Sí?” pregunto Ares, con notable furia

“Querría volver a verte” murmuro tiernamente. Ares no pudo resistirlo, y rebajando su furia sonrío mientras decía

“Volverás a verme, de eso no te preocupes” y entonces, mas calmado, desapareció.

A la mañana siguiente, tras poner su tobillo sobre algo para que no se le hinchara mas, le daba vueltas a lo que ocurrió anoche. Pero recordaba con mayor preocupación el ruido de la ventana y las huellas.
Cuando su mente divagaba entre dudas, alguien llamo a la puerta. La morena se levanto deseando que fuera Ares, pero descarto esa ilusión cuando recordó que este tenia la capacidad de aparecer donde deseaba. En lugar de su esperado dios de la guerra, un hombre fornido, acompañado de Aridicie, quien sonreía de forma malévola. Xena alzo una ceja, mientras empezaba Aridice hablar:

“Te presento a un guardia del templo de Zeus”

“Los conozco” contestó ella agriamente, antes de girarse hacia aquel hombre y hablarle de forma más amable “Si es por no haber ido a trabajar, él médico del pueblo sabe que me lesione el tobillo” dijo tocándoselo

“No es por lo que te has hecho, sino por como te lo has hecho” contesto mostrando su furia. Xena sintió un escusado temor: ¿sabría que había besado a Ares, dios de los cielos y la guerra? Y en tal caso, ¿cómo se atreví a desafiarle de tal modo?
Xena, confusa pregunto:

“¿A que te refieres?”

“A que anoche estabas con un hombre, ¿vas a negarlo?” Xena ni si quiera tuvo tiempo de hablar antes de que la siguiesen acusando “Y le estabas... besando” lo dijo como se nombra un pecado “De echo, seguro que estabais reproduciendo” dijo en tono triunfante.

“¿Y que? ¿Acaso he desobedecido alguna ley?” preguntó Xena. De esta forma< había admitido lo que Aridice había dicho. Sintió la mano de aquel soldado agarrando su brazo, mientras la obligaba a andar hacia el templo de Zeus.


El edificio era grande, pero la sala principal, a pesar de tener unas dimensiones enormes, en ese momento solo estaba ocupada por 10 personas. Una de ellas estaba sentada en un trono, y tal y como se arrodillaban los otros 9 (aldeanos curiosos y soldados fieles) debía de ser Zeus, dios de la justicia.
Xena se arrodillo para no ser menos, mientras el dios preguntaba con arrogancia si ella era Xena, la perturbadora del orden:

“Soy Xena, pero no me identifico con el nombre de la perturbadora del orden” contestó ella, sin levantar la cabeza. A pesar de estar bastante separada de Zeus pudo oírle resoplar, mientras todos los presentes cuchicheaban sobre la insolencia de la morena.

“Tu, mortal insolente e incauta, ya recibiste una vez un aviso sobre tu comportamiento, ¿no es así?”

Xena dudo unos momentos, mientras hacia memoria. Tras unos segundos de meditación, dijo “No, nunca me han llamado la atención”

“Maldita mortal, mentirosa, yo informe en persona a Ares, y él me prometio ponerle fin al asunto. ¿Estas acaso desafiando la verdad en las palabras de dos dioses supremos”

“No, pero...” empezó a hablar Xena, cuando una voz le tomo el relevo

“No, pero nada. En ese momento decidí que no tenía porque sancionarla, y también lo creo ahora” tras aquellas palabras la figura de Ares hizo presencia en la sala “¿Por qué se a organizado este juicio a mis espaldas?”

“No pretendiamos escondértelo, sencillamente es que te creí demasiado ocupado como para atenderlo, puesto que hoy en día estas siempre fuera del campo de batalla” susurro Zeus, cabizbajo.

“Pues creíste mal, Zeus” dijo mientras de un movimiento hacia aparecer un trono más altivo que el que ocupaba su padre. Tras acomodarse, como si no estuviera ya informado, pregunto “¿De qué se acusa a esta mujer”

“Estuvo reproduciendo con un hombre fuera de la época” dijo Zeus

“¿Hay algún testigo que pueda demostrarlo?” pregunto

“si, ella” dijo señalando a una temblorosa Aridice

“¿La viste reproducir con un hombre?” pregunto ladeando su cabeza con arrogancia hacia la aldeana

“Bueno... solo la vi besándose... luego me vio... y tuve que irme”

“Tenemos como único testimonio el de una cotilla vecina. ¡perfecto!” comento sarcástico “Zeus, rey de la justicia, dime por favor el día en que impuse la ley que prohibía la reproducción fuera de su época”

“Técnicamente esa regla no existe, Ares, pero es una costumbre que se lleva realizando desde hace tiempo”

“Es una costumbre... ¿cómo las fiestas dedicadas a Demeter?” todos los presentes menos el avergonzado Zeus, rieron “¿Estas comparando mis leyes con una simple tradición?”

“No, claro que no, jamas haría eso”

“¿Pero...?”

“Pero esta mujer se a saltado algo tan lógico como eso, ¿qué será lo siguiente? ¿Tus reconocidas leyes?”

“¿Entonces la acusas de algo que quizás hará dentro de unos días?”

“No, Ares, no haría cosa así” dijo mientras se retiraba del juicio arrepentido. Una vez había desaparecido, el soldado que custodiaba a Xena, se aparto rápidamente, mientras los aldeanos veían como Aridice se iba del templo silenciosamente.

Un hombre salió de entre el grupo de campesinos, mientras decía:

“¿Significa esto que la reproducción no es ya una obligación?”

“En cierto modo, nunca lo fue, simplemente ahora lo sabéis seguro” contesto ligeramente

“Pero... ¿y que haremos entonces?” pregunto otro de los campesinos confundido por semejante información

“¡Esto!” comentó con potenciando su ego, para captar la atención de todos. Se desvaneció para reaparecer junto a Xena. De sus ojos se esfumo cualquier rastro de presunción, mientras se acercaba a ella. Entonces, sin ningún tipo de altivez en su voz, le susurro a Xena “¿Puedo besarte?” pregunto mientras a pesar de los cuchicheos, acariciaba el rostro de ella

“Por supuesto” contestó ella con una cálida sonrisa. Dijo milésimas antes de que Ares se dedicara a devorar sus labios. Mientras Ares estudiaba detenidamente el cuerpo de Xena, los aldeanos volvían a musitar, pero esta vez, no contra Xena, sino a favor de la pareja.
Cuando para ambos todo parecía perfecto, un hombre que apestaba a pescado, entro agitado por la puerta del templo, mientras gritaba:

“¡¡¡Una ola casi me ahoga!!!” Ares, algo enfurecido por la interrupción, escucho a aquel hombre, junto a todos los demás aldeanos “Hubo una ola gigante. Y luego mucha espuma. Y después en la superficie apareció una concha. Una concha grandísima, pero a la vez bella. De ella salió una mujer... bellísima” contesto mientras solo el recuerdo le hacia babear “Su magnifico caminar, convertía la arena que pisaba en hierba verde y frondosa. Se presento como Afrodita, diosa de algo que ahora no recuerdo, y tras eso, detrás de ella apareció un bebe alado. Era muy pequeño, y con un rostro dicharachero. Se presento como Ares. ¿Entendéis vos de que se trata, su señoría?” le pregunto a Ares, mientras recuperaba oxigeno

“No conozco a mujer más bella que ella” dijo mirando a Xena “Pero quizás se trate de la diosa del amor y la pasión”

“¿Y que es eso?” pregunto Xena, realizando la pregunta que todos tenían en mente

“Lo que siento yo por ti ahora” dijo mientras de una leve caricia elevaba su rostro, y volvía a besarlo.


“Estos dos tiene que seguir armándola allí a donde van” comento Cronos, mientras de la pantalla desaparecía la imagen “No hay forma de separar lo que el destino a deseado unir. Lo dudo, pero quizás sea verdad eso de que el amor no tiene barreras” se cuestiono “¡Bah! Eso son tonterías, difundidas por Eros y Afrodita, ¡seguro!” termino por decir como un autentico anciano cascarrabias


Pero lo cierto es que aquella frase popular “El amor no tiene barreras” era cierto... y estaba demostrada. ¿Queréis un ejemplo? Xena y Ares, hicieron nacer lo que no existía, ¿cómo? Pues porque el amor no tiene barreras.