ADVERTENCIA: esta historia es horrible para todos aquellos que crean que entre Gabby y Xena hay algo, pero es perfecta para aquellas personas que crean que no existe el subtexto. Aparte, si eres menor, o simplemente muy poco maduro... ¡no sigas leyendo! Y busca algo más apropiado

DEDICATORIA: Para Xandra, o mi dios de la guerra particular, por su simpatía y su forma tan magnifica de tratar a la gente (como a mí)

Para críticas instructivas o intercambio de opiniones, escribidme a:  lucylawes@terra.com


POLTERGEIST

Por Marta Sofía




Y aquí estamos, observando como tontos la casa destrozada de Bes, quien no parece capaz de mover un músculo. Damos algunos pasos más y... (bendito sea dios) hayamos el cuerpo sin vida de su gato. Me llamareis demente o paranoico (al igual que lo hizo Andrea) pero en este momento no puedo aguantar la risa. Ver a aquella bola peluda muerta, estrangulada, sin lugar a dudas, era como observar el boleto ganador de una lotería. ¡Por fin me había librado de esa mata de pelo andante! ¡Por fin!

Sigo andando tras haber recibido un codazo de mi morena favorita. Oigo un grifo y casi al momento mis zapatillas se humedecen. Miro al suelo mientras grito “JODER” llamando sin duda la atención de las dos mujeres. Ambas vienen con nada disimulado disgusto, pero sus rostros cambian a sorpresa cuando observan el suelo que pisan.

Bajo sus pies, en esos momentos húmedos, hay un charco de agua enrojecida levemente, que proviene del cuarto de baño. Bes se tapa los ojos y se refugia tras Andrea mientras yo abro la puerta del servicio. Viene a mi olfato una ola de olor repugnante y observó como dentro de ella el agua es más rojiza y abundante. En el cristal alguien a escrito con ¿sangre? Las palabras “MÁS MORIRÁN, ¡PRONTO!” ¿Se referirá al gato? ¿Quiere decir que mas morirán como lo ha hecho la bestia peluda? Barajo la idea, como posible, pero entonces me percato en la sangre y se que no es del gato pues el animal tenia todos sus fluidos vitales dentro.

Entonces mi mirada automáticamente se fija en la bañera, lugar del que sale el agua. Miro a Andrea antes de abrir la cortina y...

Lo mejor será que empiece desde el principio, ¿no?

Me llamo Germán y tengo 25 magníficos años. Soy bastante alto, y como verifican mis continuos ligues de una noche, muy guapo. Mi pelo negro como el carbón, mi perilla típica en los malos de las películas y una postura que irradia chulería son mis armas mortales, para conseguir rendir a mis pies a cualquier mujer. Bueno a todas menos a Andrea.

Todo empezó cuando yo, un estúpido detective de tres al cuarto, me levante con una chica al lado de mi estúpida cama. A pesar de no conocerla no me extrañe, pues suelo levantarme con chicas desconocidas después de una fiesta. La deje tumbada en mi estúpida cama mientras me preparaba para mi estúpido trabajo. Una vez estaba en mi estúpido despacho, mi estúpida secretaria llamó a mi estúpida puerta, engrandeciendo mi estúpida resaca. Con su estúpida voz de pito me anuncio que tenia un posible caso. Le pedí que hiciese entrar a ese estúpido ser desesperado que recurría a mí. Pero entre tanta estupidez entro en mi limitado despacho la mujer más maravillosa que jamás hubiesen visto los contaminados ojos del mundo entero.

Su maravillosa figura estaba por desgracia cubierta con ropa, pero eso no fue motivo suficiente como para que yo dejase de mirarla. Quizás lo que sí fue suficiente motivo fue su fingida tos. La mire a los ojos intentando rectificar mi error, mientras la saludaba cordialmente. Al contemplar su rostro el corazón me salía por la boca. De hecho me lo hubiese sacado si ella me lo hubiese pedido. Pero por suerte para mi corazón ella no parecía querer nada de eso, simplemente me devolvió el saludo fríamente. Mas tarde descubrí que ella era siempre así de fría aunque no estuviese molesta y es quizás esa una de las cualidades que más me gusta de ella.

Tras hojear mi despacho y dejarme con las ganas de saber que opinaba sobre él, aquella mujer pronuncio por primera vez mas de dos palabras:

“¿Eres Germán?”

Bueno, quizás fuesen solo dos palabras, y no mas de dos, pero me encanto oír mi nombre en su voz

“Si, ¿quién me reclama?”

“Me llamo Andrea, Andrea Corr y desearía comentar con usted un posible caso” asentí como pidiéndola que continuase “Hace unos días que me mude a casa de una amiga, y desde entonces...” en ese momento calló  “Me da vergüenza, siento que usted no podrá evitar reírse”

“Tranquila, he llegado incluso a tratar y resolver casos basados en sucesos paranormales” entonces aquella mujer respiro hondo, y no necesita decirme que su caso seguramente trataría sobre algo para normal.  “Esta bien, Andrea, explíqueme que se trata”

“Pues vera... por las noches hay ruidos y a la mañana hay algún objeto roto. Bien sean lapiceros, o alguna fotografía o incluso platos”

“¿Y cree usted que eso lo ha hecho algún fantasma o algo así?”

“Yo no creo nada” contesto ella “Pero sobre todo no creo en nada relacionado con eso. Es mi compañera de piso la que barajo esa posibilidad. Y pensamos que por probar no pasaría nada”

“Fijemos un precio y empezare a trabajar”

“Pare el carro. Ya le he dicho que yo no creo en esas cosas, y le exijo que me demuestre que no es un farsante como cualquier otro”

“¿No le vale el echo de que usted ha venido a mi?”

“No”

Ante todo hay que admitir que me costo convencerla, y mucho. Tuve que enseñarle fotografías de mis dos únicos casos relacionados con lo paranormal. En ambos conté con la ayuda de un torpe e inaguantable experto, pero que por lo menos me ayudo a hacer desaparecer a los fantasmas protagonistas de los sucesos. Su nombre era Jonathan. ¡Y pensar que ni aun después de estos casos creo en fantasmas! Aunque también cabe destacar de ambos casos el echo de que en ninguno me pagaron, acusándome de trolero.

Eso es algo que exigí desde el principio tras haber cerrado el trato con Andrea, el dinero. Pero ella no muy convencida de que yo fuese de fiar tan solo me dio una señal, prometiéndome el resto si averiguaba lo que se cocía en su casa.

Cuando llegue a mi humilde hogar de 6 habitaciones, lo primero que hice fue comunicarle a mi nevera que por fin la utilizaría para guardar algo en su interior. Porque por fin en un mes podía comprar algo de comida.

Así que aquella noche, feliz por tener algo de dinero en mi bolsillo, me regocije con la idea de que tras haber inspeccionado la casa de aquella maravilla de morena (incluyendo los cajones de ropa interior) iría otro día mas, acompañado de Jonathan. El averiguaría el núcleo de todo, lo resolvería y yo cobraría. En resumen, el trabajaba y yo cobraba. Justo, ¿no? Quizás lo peor de trabajar con Jonathan, aunque eso no signifique sea malo, es que tiene que dormir en mi casa el tiempo que esta en la ciudad, pues vive a cinco horas de aquí. Pero el hecho de que se quedara significaba una limpieza gratuita. Por eso estos eran mis casos favoritos. Pero en aquellos momentos nos sabia lo que se me avecinaba... ¡qué inocente fui! Así que allí sentado, disfrutando de una cerveza bien fría, (es un sabor que ya añoraba en demasía) me relaje tras tirar una nota quizás escrita por la chica con la que aquella mañana me había despertado. En ella me insultaba, se metía conmigo (y con mi nevera) y cosas por el estilo, lo normal.

  Nada mas llegar a casa de Andrea, esta me presento a su compañera de piso, una rubia charlatana, que más que mantener una conversación me torturaba con palabras. Se llamaba Bes. Nada mas decirme su nombre supuse que seria el diminutivo de BESTIA. Luego, mas tarde me informaron de que no era así. Cuando al fin las pesadas palabras de Bes me permitieron entrar en su casa, una especie de alíen que ronroneaba en el sillón empezó a bufarme mientras me enseñaba los dientes.

Tras ver que no debía de caerle muy bien a aquel minino sádico, decidí sentarme en el sillón de enfrente. Entonces directa al grano Andrea dijo:

“Mira todo lo que quieras, pero date prisa, que tu tiempo cuesta” asentí contento de que no hubiese olvidado el dinero. Me enseño toda su casa en unos extraordinarios y cortos cinco minutos. El único problema surgió cuando entre al cuarto de baño. En un principio Andrea se había negado a dejarme entrar, pero al final la convencí.

El lugar era extrañamente grande y no estaba lleno de mejunjes, colonias o maquillajes, como yo estaba acostumbrado a ver en los cuartos de baño de mis poco duraderas aventuras de una noche. Lo revise por encima, y una vez me convencí de que hay no encontraría nada interesante, me dispuse a salir decepcionado, pero casi en la puerta una corriente helada me atravesó. Durante unos interminables segundos no pudo respirar y tras eso salí disparado fuera del cuarto de baño, pero sin que nadie me tocase, o al menos nada visible. Una vez fuera para mayor problema, un plato cayo sobre mí, luego otro y otro hasta lo que debió ser toda una vajilla. Lo ultimo que oí antes de desmayarme fueron los escandalosos gritos de Bes y lo ultimo que vi... a Andrea viniendo a socorrerme.

Una vez en casa, cuando al fin hube recuperado el sentido llame a Jonathan, ofreciéndole el trabajo. Este estaba dudoso, pues aun recordaba la ultima vez. Yo no le pague, pero antes de castigarme tener en cuenta que a mí tampoco me pagaron.

Tras horas de suplicas y chantajes conseguí que aceptase una cita en casa de Andrea a eso de las tres de la tarde, aunque solo me dijo que quizás me ayudaría. ¡Reconroso! Pero no se lo pude decir a la cara porque le necesitaba para darle a ese fantasma una buena patada en el culo.

Puntual como siempre Jonathan me esperaba paciente en la puerta. Cuando me vio doblar la esquina me metió prisa, y me pidió a base de gestos (casi jeroglíficos) que corriese. Me saludo con una especie de gruñido y yo le conteste de igual manera.

La verdad es que, todo sea dicho, ¡no lo soporto! Es inútil, torpe y bastante mequetrefe, pero a pesar de todo por unas o por otras siempre acabo dependiendo de él.

Llamamos a la puerta y para regocijo de mis ojos nos abrió Andrea. Ella, con su simpatía de siempre nos dijo HOLA y se aparto, como indicándonos (aunque no estábamos muy seguros) a pasar. Tras eso pregunto por Jonathan y yo le hable de él. Luego le miro, como examinándole y luego grito:

“¡¡Bes, han llegado los caza-fantasmas!!” Reí levemente por su broma mientras la seguía con la vista hasta la cocina, donde se perdió a mi alcance. Deje de prestar atención cuando Bes toca mi hombro llamándome la atención.

“¡Hola, Germán! ¿No vas a presentarnos?” Me pregunto refiriéndose a Jonathan quien la miraba como si no existiese nada a su alrededor excepto ella, a quien observaba como si fuese un ángel. Tras unas cortas y forzadas presentaciones, yo y una Fría cerveza disfrutábamos de lo lindo mientras Jonathan se ponía manos a la obra, con Bes como compañera. Entonces sentí que algo me pinchaba en la pierna.

Supongo que ya habréis acertado que era el precioso minino clavándome las uñas. ¿Es que a caso no han probado a cortárselas? Puedo jurar que le animal no las quito hasta que no me levante de “su” sillón. ¡Malcriado! Sin saber que hacer mientras Jonathan se rompía el coco a pensar, me acerque a la cocina, donde Andrea se preparaba un sabroso bocadillo, como lo que podría llamarse cena. Entre aunque ella no parecía querer prestarme atención. Entonces sin ningún tipo de escrúpulos, (característica por la que soy muy conocido: el sin vergüenza) pregunte:

“¿Crees en el amor a primera vista o he de pasar otra vez por delante de ti?” ella esbozó una obligada, pero temible sonrisa mientras decía

“Creo en el odio a primera vista, y para eso no hace falta que vuelvas a pasar por delante mío”

“¿Por qué me odias?” Pregunte sin mas rodeos. Ella soltó un bufido, como lo hizo el gato al verme salir detrás de ella de la cocina al salón.

“¿Y por que no? Yo no soy como Bes, yo no me trago toda esta tontería, este montaje” dijo ella mientras me quitaba la cerveza y se la terminaba.

“Pues no se que decirte, a parte de que tienes una mente estrecha”

“Quizás, pero eso me ayuda a mantener mi cartera ancha” contesta ella. Lo había decidido, me acababa de enamorar (pero eso no era nada nuevo. Suelo enamorarme 20 veces cada noche)

Yo pensaba contestar con alguno de mis mal hechos e inoportunos sarcasmos, pero la voz de Jonathan dando su veredicto tras revisar la casa me detuvo:

“Ustedes, señoritas, no tienen un fantasma, tienen un Poltergeist”

“¿Un que?” pregunto Andrea

“U-n –p-o-l-t-e-r-g-e-i-s-t” deletreo Jonathan. Recuerdo que Andrea casi le mata con su mirada asesina “Son seres parecidos a los fantasmas. Normalmente nunca se les ve, y por eso necesitan llamar la atención golpeando paredes, tirando cosas, quemando hogares” en ese momento Bes pego un respingo, pero se calmo al notar a su asesino felino particular ronroneando entre sus piernas “La mayor diferencia con los fantasmas es que estos no se aferran a una casa o lugar, sino a un sujeto” dijo mirando a ambas mujeres “¿Alguna a sufrido desde pequeña algo extraño?”

“No” contesto secamente Andrea por las dos

“¿Y... y tienen alguna niños recién nacidos?” tartamudeo Jonathan intimidado por mi morena favorita

“No, ninguna” conteste yo, pues ya me había encargado de informarme sobre el estado de Andrea (soltera, casada...)

“Esto es verdaderamente extraño... ¡los poltergeist no se mudan” comento frustrado “La posibilidad mas dudosa, seria que el poltergeist supiese que una de las dos esta embarazada, ¿es así?”

Entonces contesto de nuevo Andrea, pero su voz no era tan firme y convincente “Tampoco, es una tontería lo que nos esta preguntando”

“Quizás, pero necesito información, porque algo no me cuadra” dijo pensativo “Bueno, aquí nosotros ya no hacemos nada” dijo “creo que deberíamos irnos. En cuanto adivine algo, os lo diré. ¡Ah! Importante, no me ocultéis datos” contesto mirando fijamente a Andrea, quien ni si quiera le sostuvo la mirada.

Jonathan y yo andamos hacia la puerta. Andrea nos acompaño, para cerrar con pestillo una vez nos hubiéramos ido, así que a punto de cerrar, sin que nadie nos oyese le dije:

“Oye... he perdido mi numero de teléfono, ¿me das el tuyo?”

“Si claro” me contesto. Casi grito de la alegría. Pero todo se acabo cuando contesto “Es un nokia 8310, ¿contento?” pregunto mientras me cerraba la puerta

  A pesar de que durante el resto del día tuve a Jonathan en mi casa trabajando e investigando, no me importo pues estaba demasiado ocupado perdiéndome en mi cabeza, donde repetía 10.000 a cámara lenta las formas tan buenas que Andrea tenia para darme negativas a todo.

Cuando ya íbamos por la cuarta cerveza y la tercera película de bajo presupuesto, ambos empezamos ha hablar, pero por desgracia el tema elegido fue el supuesto Poltergeist:

  “Si no tienen hijos... una de las dos a de estar embarazada” repetía Jonathan

“¡Yo no he sido! “ Grite “Lo juro” comente quizás algo animado por el alcohol “Pddssst... jajajajajajaja!!!” Ambos estallamos en carcajadas. En pocos minutos nos caímos redondos en el suelo, porque tras la veintava cerveza, nuestros cuerpos ya no podían mas.

A la mañana siguiente tras tomarme dos pastillas para mi insoportable dolor de cabeza, y asegurarme que Jonathan no las encontraba (soy bastante cruel) me marche de mi apartamento con la intención de visitar a Bes, porque supuse que Andrea no estaba por la labor de colaborar.

Llame a su puerta. No se oía nada, pero no tenia porque extrañarme, a esa hora podrían no estar en casa. Dispuesto a marcharme, me gire al tiempo que oía como la puerta se abría. Me gire por casualidad para ver el rostro de Andrea echándome un vistazo y alzar la ceja sorprendida, antes de cerrar la puerta. Intente llegar a tiempo, antes de que la cerrase, pero no me fue posible. Golpee la puerta mientras rogaba:

“¡Andrea, déjame entrar, tengo que hablar contigo!” no parecía dispuesta a hablar “Prometo no incordiarte mucho tiempo” seguía sin inmutarse “No te cobrare el tiempo que este contigo...”

Es increíble el efecto que causaron aquellas palabras en Andrea. Se oyeron unos pasos y después la puerta se abrió lentamente. Me recibió con una gran sonrisa mientras decía:

“La crédula no esta, ¿deseas dejarle un mensaje?”

“No, gracias, pero quería hablar contigo”

“¿Para que? ¿Para pedirme el numero de teléfono que tu ya tienes?”

Fue entonces cuando me fije en que sus palabras, su tono de voz, su forma de moverse... ¡estaba borracha! Ni si quiera tuve que preguntárselo, me señalo con la mano, en la cual tenia una botella de whisky. Pero a pesar de eso, le pedí una explicación:

“No te vale como excusa que creí que era agua, ¿verdad?” comento ladeando la cabeza como lo haría un niño al que acaban de pillar con las manos en la masa

“No”

“Pos... me dio por emborracharme... ¡y ya esta!”

“Seguuuro” le conteste nada confiado “Déjame entrar, te preparare un café”

“¿Y si te digo que no?”

“Entonces entrare de todos modos” dije mientras atravesaba la entrada “¿No esta Bes?”

“Tuvo que irse a trabajar, avispado” me contesto, apestándome con el aliento.

“¿Y tu porque no estas también currando?”

“Porque la tienda en la que trabajo, no se abre los domingos”

Tal y como estaba, no me pareció bien comentarle que estábamos a jueves. Simplemente me limite a obligarla a tumbarse en el sofá. Mientras ella tarareaba cosas sin sentido yo intentaba prepararle un café con su extraña cafetera. Resultado final: algo marrón, con olor a café, pero que sin duda no era café. Se lo ofrecí a Andrea, quien debía pensar lo mismo que yo porque solo me dio las gracias mientras lo depositaba encima de la mesa y daba otro trago a la botella.

“No mas alcohol por hoy” dije mientras retiraba de sus manos la botella

“¿Qué? ¡Anda trae la botella aquí!” me contesto incrédula mientras me arrebataba de un rápido movimiento la botella

“No, no, no... no debes beber mas alcohol, ¿de acuerdo?” Comenté mientras se la quitaba y le daba yo un trago. Otra muestra de que tengo mucho morro. Ella se tomó eso como un desafió y enseguida nos enzarzamos en una batalla sobre el sofá, intentando conseguir la botella. Nos revolcábamos el uno encima del otro, cuando por fin, de una rápida maniobra me dejo en el suelo y consiguió la botella, mientras entre carcajadas se burlaba de mi lentitud.

Pero en el asalto había perdido algo sin darse cuenta. Mientras me revolcaba por el control de la botella había observado como se le caía de sus pantalones. Lo intente agarrar disimuladamente, pero no pase desapercibido para sus rápidos (y preciosos) ojos azules. Vio mi intención y intento coger el utensilio blanco que estaba en el suelo, pero la borrachera le hizo perder el equilibrio y se cayó de rodillas mientras yo lo recogía. Recuerdo el rostro que puso Andrea. Era una mezcla de miedo y odio. Transformo su boca con una mueca que me hizo temblar, mientras decía: “Damelo” pero la curiosidad me venció, y no pude evitar mirarlo “¡Damelo!” no podía creer lo que mis ojos veían “¡¡¡Damelo!!!”

“¿ES una prueba de embarazo?” pregunte haciendo saco omiso de sus exigencias

“¿Qué pasa? ¿Nunca te has hecho ninguna?” Me contesto mientras intentaba arrebatar la prueba. Yo me reí mientras ella contestaba “No quise decir eso... pero ¡damela!”

Volví a ponerme serio, y esquivando a Andrea, conseguí mirar el cacharro que tenia entre manos.

“Andrea... es positivo” murmure sorprendido “¡Estas embarazada!”

“No me digas ¡Enhorabuena! Porque no tengo ganas de matarte”

“¿No es una buena noticia?”

“¡NO!” Me grito como si estuviese claro “Además, no es una noticia, ¡es un hallazgo científico!”

  “¿Por qué?” Empecé a preocuparme por Andrea. ¡Realmente tenia que estar borracha para decir tantas memeces juntas!

  “Porque hace tanto que no hago el amor, que temo que mi virginidad haya vuelto a crecer” comento haciéndome reír. Me gustaba mas Andrea borracha que seca. Ella también emitió una leve carcajada “Germán, va en serio... no hay padre”

  “Claro, tienes razón, claro” dije creyendo conveniente seguirle el juego

“¡¡¡No me trates como si estuviese loca!!! ¡Por que no lo estoy!” Me dijo mientras me fulminaba con la mirada “te juro que hace tanto tiempo que no estoy con un tío que no recuerdo como sé hacia” me dijo. Este era uno de esos momentos en los que no sabes si reír o llorar. Como cuando tengo que regañar a mi sobrino por sus travesuras. Sin duda me hace enfadar, pero nunca consigo terminar de castigarle porque tengo que admitir que sus travesuras son graciosísimas.

Volviendo a donde estábamos, Andrea tenia un aspecto horrible allí, de pie contando los días que habían pasado desde su ultimo polvo, mientras se zarandeaba. Entonces su porte cambia radicalmente cuando me miro eróticamente y sentí que algo malo iba a pasar “Aunque eso se puede arreglar. ¿A que tu me ayudaras a recordar?” Dijo mientras se acercaba a mi peligrosamente. En esos momentos no deseaba otra cosa mas que cumplir sus deseos, pero por otra parte algo me pedía que no lo hiciese, porque no estaba bien.

Y así fue.

Hice el gilipollas

Me aleje de ella, con la excusa de que tenia un buen pedo, de que estaba triste por su embarazo y de que no estaba en sus cabales. Pareció bastarle, porque, por suerte para mi resistencia, se retiro ofendida mientras decía:

“Si no sirves para nada, vete”

“No, estoy seguro de que tienes por hay alguna botella mas” Ella rió mientras murmuraba algo así como ¡no lo dudes! “No me iré, porque voy a echarle leche y azúcar a esto (dije mientras señalaba la taza del liquido marrón) y haré que se parezca, si es posible a un café. Luego tu te l tomaras y te sentirás mejor. Tras eso dormirás y descansaras el pedo, ¿vale?”

Andrea resopló, pero pareció aceptar, ¿qué otra cosa podía hacer?

Tras haber echo todo lo que yo le pedí, se tumbo en el sofá, pues no tenia fuerzas para ir a su cama, y con una manta que deposite sobre ella, callo profundamente dormida. Allí, tranquila, sin preocupaciones que transformasen su rostro, y con los ojos cerrados, impidiendo mostrar ese frió azul, parecía otra mujer, otra bella mujer. En esos momentos me recrimine a mí mismo el no haber aceptado su oferta de “hacerla recordar”

Entonces cuando mi mano estaba justamente apartando unos cabellos de su mejilla se movió. La retiré, pero ella, como si estuviese despierta, dijo “gracias”

Definitivamente esta Andrea era distinta.

Me senté en el sillón de enfrente, dispuesto a esperar a Bes, pero sin poder evitarlo me quede dormido. Sin nada que hacer, ¡qué esperabais!

Una brisa fría me despertó violentamente. Era de noche, pues todo estaba oscuro. Entonces mire mi reloj medio adormilado, preguntándome hasta que hora me podía haber dormido. Observe que marcaba las 12:06 Apenas habían pasado dos horas desde que yo fuese a casa de Andrea, ¿cómo se podía haber echo de noche? Pues porque las persianas estaban cerradas.

Cuando me acerque a abrir alguna lentamente para no despertar a aquella preciosa morena que estaba descansando, algo extraño paso. Todas las persianas empezaron a levantarse bruscamente. Subían y bajaban. Como si alguien las moviese. ¡Pero no había nadie!

Observe con terror  como Andrea se desesperaba ofuscada, mientras decía “¡¿Qué coño estas haciendo?!” Pero su pregunta desapareció cuando observo mi rostro pálido.

Entonces las persianas pararon. Durante esos segundos de duda, mientras estábamos a oscuras, juraría haber oído los latidos de mi corazón. Entonces cuando todo parecía haberse arreglado, oí un golpe, pero no pude saber lo que había pasado. Levante una de las cortinas, para tener luz y observe paralizado que un cuchillo estaba clavado en el sillón, a pocos metros de la cabeza de Andrea. Pero quizás lo mejor de todo era la tranquilidad con la que Andrea quito el cuchillo y lo guardo en su cajón correspondiente en la cocina.

“Empiezo a odiar a este Poltergeist ¡mas le vale a tu amiguito que halle una solución, PRONTO!” Dijo, llegando a asustarme.

Cuando yo por fin recupere la respiración, Andrea, quien no recordaba nada, me pidió que le explicase él porque de mi presencia. Así que mientras yo hablaba ella se tomaba Nurofen, para su resaca. Al terminar el relato, aparte la vista de ella, pues había algo que no deseaba comentarle, pero que sabía que era necesario. Mis ojos se pararon en el culpable de la borrachera de Andrea. Ella siguió mi mirada, hasta dar con el utensilio blanco. Abrió mucho los ojos y me miro aterrorizada mientras yo cerraba los ojos momentáneamente. Lo cogió con velocidad mientras suspiraba. No la deje decir nada:

“No se lo diré a nadie” ella sonrió fugazmente mientras le anunciaba que me marchaba ella asintió, mientras e recuerda que he de meterle prisa a Jonathan. Justo cuando me voy veo como rebusca por su salón, como queriendo encontrar algo:

“Si buscas el tocador de damas... no sigas buscando soy yo” bromeo. Ella me sonríe (¡¡¡UN RECORD, 2 SONRISAS!!!) y me pide que me marche porque tiene que descansar.

Ya en casa no recibo gritos por parte de Jonathan como creí, sino que este me recibe con abrazos. Le aparto de mi espantado, mientras le pido explicaciones por su asqueroso comportamiento:

“¡Se como vencer al poltergeist!”

“¿De veras?” pregunte entusiasmado, pues eso significaba volver a ver a Andrea

  “Mas o menos” contestó reduciendo mi alegría

“¿Qué quieres decir?”

“Que se casi-casi el conjuro que lo destruirá, pero necesitamos el nombre del poltergeist... y puede ser cualquier persona”

“¡¿Qué?!”

“y la única pista que tenemos es que tiene que haber sido parte de la vida de las familias de Andrea y Bes y que tiene que estar muerto”

“No es mucho... pero es lo que hay” dije “Buen trabajo” le felicite “Las llamare, para que nos ayuden a buscar a posibles candidatos”

“Bien. Además os e facilitado un poco el trabajo, tengo el árbol genealógico de ambas”

“Tío, eres mas eficaz de lo que nunca pensé”

Juraría que en ese momento Jonathan pensaba que yo aun estaba borracho o con resaca, pues nunca le había felicitado y mucho menos tantas veces seguidas.

Me ofreció una carpeta de un grosor considerable y de un peso todavía mayor. Me informo de que hay estaba el árbol genealógico de ambas chicas.

Mientras salíamos de mi casa, tras haber quedado con las chicas en Vips, un restaurante cercano a mi humilde casa, vi que Jonathan se dirigía hacia otro lado.

“¿a dónde vas?”

“Tengo que seguir averiguando mas cosas para conseguir derrotar a ese alma ruidosa, así que tendréis que encargaros vosotros solos de encontrar al propietario del alma”

“Pero no habías averiguado ya casi-todo”

“Casi-todo, tu mismo lo has dicho”

“Esta bien, yo ayudare a ambas mujeres. Eres muy generoso, Jonathan” conteste en tono juguetón, mientras el se alejaba

  “Nunca cambiaras ¿verdad?”

Me reí de su comentario mientras andaba hacia el lugar de la cita

Yo soy una persona de costumbres fijas. Siempre que no tengo comida en la nevera corro a mi restaurante favorito, el vips. Siempre me siento en la misma mesa y siempre pido que me atienda la misma mujer, a la que piropeo siempre. Pero para aquella tarde no había mesa, no había camarera a la que piropear, solo estaba Andrea... y Bes, por supuesto.

Tras hojear todas las mesas encontré a ambas amigas charlando animadamente. Sin que notasen mi presencia (lo cual era difícil por lo arreglado que me había puesto) me acerque a ellas, y tosí de forma exagerada mientras decía:

“Puede que no sea el tipo más guapo del local, pero soy el único que os está hablando” dije “¿Me permiten sentarme?” las dos rieron (aunque yo solo me fije en Andrea)

Tras pedir algo para comer, Bes tan curiosa como siempre me pregunto por la carpeta que momentos antes me había proporcionado Jonathan. Estaba dispuesto a contestar cuando ella empezó a sacar conclusiones:

“Seguro que es algún papiro antiguo, o algún documento sobre los poltergeist o algún tipo de hechizo, o pócimas o...”

“No, no, no y no. ¿Por qué no pruebas a dejarme hablar?”

“Esta bien, solo quería ayudar” se disculpo

“son vuestros árboles genealógicos, o al menos hasta donde Jonathan a podido averiguar”

“Vaya es justo lo que yo quería” dijo sarcástica Andrea “¿Y para que los necesitamos?”

“Para ver si hay entre vuestros familiares algún posible candidato a alma perturbada, o algún asesino, o algo así”

“No me lo puedo creer: plan para el viernes por la tarde, rebuscar entre mis antepasados muertos” comento Andrea

“¿Acaso tenias un plan mejor?” pregunte curioso

  “Quizás” contesto mientras cogía hábilmente todos los folios en los que se recogía sus mas antiguos antepasados.

  Tengo que contar que entre tanto aburrimiento (mientras ellas hojeaban su historia) me costo mucho hacer caso omiso de mi camarera favorita, pero me siento orgulloso de no haber caído en la tentación.

30 bostezos mas tarde, Bes, quizás cansada de tanto estudiar sus raíces se ofreció a pagar la cuenta para que pudiésemos marcharnos de allí cuando antes. Una vez a solas, volví a ser el de siempre,  y por lo visto Andrea lo sabía pues lo primero que me dijo fue:

  “No digas ningún piropo de los tuyos”

  “¡Eh, me ofendes!” ella me miró con su ceja alzada, gesto que yo empezaba a reconocer, mas aun así seguí hablando “Solo iba a comentar que tienes unos pantalones muy bonitos... quedarían muy bien en el suelo de mi dormitorio”

“Si quieres te digo donde los he comprado” me contesto chafándome del todo mi comentario

  “Mátame si no te sirvo, pero pruébame primero”

 “¿No puedo matarte directamente?” me pregunto en tono lánguido

  “Puedes hacer lo que quieras conmigo”

“Ten cuidado con lo que dices” me sonrió. Entonces Bes volvió con su sonrisa inquebrantable mientras nos decía:

  “¿De que hablabais?”

Andrea temía mi comentario, pero aun así abrí la boca:

  “De que busco diosas para una nueva religión y acabo de escogerla... pero ella me a rechazado” los tres nos carcajeamos mientras abandonábamos la mesa

  “Yo, como ya le he dicho no estoy interesada, pero quizás si mi poltergeist” comento

  “¿A dónde vamos ahora?” pregunte

  “Pues... tenemos que seguir investigando sobre nuestros ante pasados, y no hay lugar mas tranquilo que la casa de uno. Podemos ir allí”

  “¿Os acompaño?” Pregunte suponiendo que ya se me había acabado el chollo por hoy. Pero sin embargo, me alegre cuando comprobé que Andrea no tenia ganas de que yo me fuera:

  “No, acompáñanos, así podrás servirnos bebidas mientras trabajamos”

  Así íbamos los tres caminando hacia la casa de Bes. ¿Cómo iba a imaginar yo entonces todo lo que se me vendría entonces en menos de unas horas?

Mientras caminábamos Andrea sintió un repentino mareo. Temí que el poltergeist estuviese cerca, pero más tarde descubrí que mi morena favorita tenia un sexto sentido para averiguar cuando el poltergeist cometía algo malo, algo muy malo.

  Mientras entrábamos por la puerta estábamos hablando de un tema como cualquier otro, inconscientes de lo que nos íbamos a encontrar al entrar. Bes metió la llave en la cerradura, la hizo girar... y abrió la puerta:

  Y aquí me quede al principio de mi narración y aquí continuo. Así estamos, observando como tontos la casa destrozada de Bes, quien no parece capaz de mover un músculo. Damos algunos pasos más y... (bendito sea dios) hayamos el cuerpo sin vida de su gato. Me llamareis demente o paranoico (al igual que lo hizo Andrea) pero en este momento no puedo aguantar la risa. Ver a aquella bola peluda muerta, estrangulada, sin lugar a dudas, era como observar el boleto ganador de una lotería. ¡Por fin me había librado de esa mata de pelo andante! ¡Por fin!

Sigo andando tras haber recibido un codazo de mi morena favorita. Oigo un grifo y casi al momento mis zapatillas se humedecen. Miro al suelo mientras grito “JODER” llamando sin duda la atención de las dos mujeres. Ambas vienen con nada disimulado disgusto, pero sus rostros cambian a sorpresa cuando observan el suelo que pisan.

Bajo sus pies, en esos momentos húmedos, hay un charco de agua enrojecida levemente, que proviene del cuarto de baño. Bes se tapa los ojos y se refugia tras Andrea mientras yo abro la puerta del servicio. Viene a mi olfato una ola de olor repugnante y observó como dentro de ella habitación el agua es más rojiza y abundante. En el cristal alguien a escrito con ¿sangre? Las palabras “MAS MORIRÁN, ¡PRONTO!” ¿Se referirá al gato? ¿Quiere decir que más morirán como lo ha hecho la bestia peluda? Barajo la idea, como posible, pero entonces me percato en la sangre y se que no es del gato pues el animal tenia todos sus fluidos vitales dentro.

Entonces mi mirada automáticamente se fija en la bañera, lugar del que sale el agua. Miro a Andrea antes de abrir la cortina y...

Encontramos un cadáver. El cadáver de Jonathan.

 

 

Segunda parte

 

Encontramos un cadáver. El cadáver de Jonathan.

Tras observar el cuerpo yacente, empapado y sangrante puedo oír de fondo las arcadas de Andrea sobre el water.
Le echo un vistazo y comprendo que no vale la pena tomarle el pulso. Esta muerto, sin lugar a dudas. Quizás lo peor de la escena es el echo de que el asesino a dejado los cuchillos utilizados dentro de Jonathan. Sus ojos abiertos de par en par, cristalinos y ensangrentados me avisan de que sin duda sufrió un gran susto antes de morir.

(Esto si que es un muerto y no lo que sacan en las series policiacas) pienso.

Por mas que intento ser indiferente ante la escena y no sentir nada al respecto como hago casi siempre con todo lo que me pasa, me siento mareado, y quizás muy en el fondo triste.

Entonces, desde fuera oímos la temblante voz de Bes. Nos ruega que le contemos que hay dentro, porque no confía en sus piernas para andar (anda, como Rambo) pienso. Estoy de acuerdo con ustedes, soy un animal sin corazón.
Contesto a la petición de Bes, aun sabiendo que mi forma de contárselo sin duda la hará llorar “Hemos encontrado el cadáver de Jonathan. Ha sido asesinado brutalmente”

Andrea desde el water me recrimina con una mirada el echo de que haya dicho brutalmente, pero apenas la presto atención. Mientras intento mantener la calma. Cierro los ojos y me relajo pensando en que es lo que debemos hacer y digo lo primero que se me ocurre: “¡¡¡NO TOQUEIS NADA!!!”

 

No hay mal que por bien no venga, y lo puedo demostrar. A pesar de haber visto un cadáver, de estar triste (no mucho) y estar esperando dos horas en la comisaria, estoy alegre. El motivo: Andrea y Bes me utilizan como pañuelo de lagrimas y yo he de calmarlas con abrazos (je, je) Así que ambas abrazadas a mi y yo con un brazo sobre los hombros de cada una, esperamos a que alguien diga algo.

El típico jefe de comisaria, gordo y vicioso comedor de donut, se acerca a nosotros meneando su espeso bigote repleto de restos de comida. Nos mira mientras dice:

“Van a tener que acompañarme a comisaria”

Gracias a esta frase queda confirmada mi teoría de que los policías son capaces de desconectar el cerebro de su cuerpo. Noto que Andrea esta apunto de decir algo, pero como sé que sus comentarios aquí pueden resultar peligrosos, hablo yo primero:

“Ya estamos en comisaria”

“¡Que bien!” me contesta la copia humana de Homer Simpson “Pues acompáñenme a la oficina de mi superior”

Ambas se levantas a la vez que yo, sin mostrar gana alguna de ir a soltarme, (¡qué bien!); pero todo se acaba cuando entramos en un despacho en el centro del edificio. En la puerta un cartel indica el rango del policía con el que íbamos a hablar.
Pero para desgracia de los tres nos separan. A cada uno le va a interrogar uno distinto. A mí, por suerte o por desgracia, aun no lo sé, me va a interrogar.

Veo como tras de mi se van Andrea y Bes. Ambas me miran, pero cada una de forma distinta. Bes demuestra tener miedo, sin duda aun no a superado ver el cadáver de Jonathan; por el contrario Andrea también parece tener miedo, pero no por ella, sino por el resto de las personas ¿se preocupará por mí? Sé que es imposible, pero nadie a dicho nunca que soñar despierto sea malo.

Estoy esperando un buen rato hasta que alguien aparece, pero supongo que será porque esa persona estaba interrogando a Bes y a Andrea

Entonces por la misma puerta por la que se fue hace rato mi morena predilecta entra un hombre, no tiene mas de 40 años, y se le nota en forma. Se sienta sin decir nada, creando un silencio incomodo. Tan solo me miraba a los ojos, haciéndome dudar de su estado metal. Hasta que por fin se decidió a hablar:

“TE seré sincero y breve, dudo que ninguno de los tres haya sido culpable de semejante atrocidad, pero debe haber algún asesino. Ayudarme a averiguar quien es”

Mi punto fuerte nunca a sido aguantarme la risa, pero en ese momento tuve que hacerlo con todas mis fuerzas, ¡este tío se creía colombo! Mire a otro lado, intentando no carcajearme en su cara, pero el se lo tomo de distinta forma

“¿Sabe algo?”

“No” conteste secamente “Apenas sé la identidad del muerto, he trabajado con el un par de veces y hemos salido alguna vez a tomar unas copas, pero nada mas”

“Esta bien. Supongo entonces que es inútil tenerle aquí mas tiempo, ¿verdad?”

“Tiene toda la razón”

“Entonces, creo que no le molestare hasta que no sepamos algo mas o le necesitemos. ¡Oh! si recuerda algo, llámeme” me pide. Yo asiento sumiso y apunto de marcharme, me acuerdo de mis conocidas:

“¿Dónde están mis dos compañeras?” dije por llamarlas de alguna forma

“Andrea Corr y... ¿cómo se llama? ¿Bet?”

“Bes” conteste molesto por el echo de que solo se acordase de Andrea

“Eso” contesta en tono despreciativo “Están abajo, donde esperaron antes los tres”

“Gracias” dije mientras me levantaba deseoso de verlas

 

Mientras vamos en el coche, hay un silencio más sepulcral que el del día en que murió mi perro. Suena estúpido, pero así fue. Yo llegue a casa tras ir al colegio y al entrar todos estaban en silencio, tan solo se limitaron a mirarme fijamente, sin expresar sentimiento alguno. Recuerdo quien me lo dijo. Mi hermano pequeño, de tan solo 2 años, hasta entonces nunca había hablado, y sin embargo saco fuerzas y me dijo con una enorme sonrisa: “Han atropedado a tu pedo”
Tras entender lo que había babeado mi hermano, me puse a llorar cual catarata del ñagara, mientras pensaba que mi hermano debía ser un castigo del mismísimo infierno.

Tras alejarnos de la comisaria, como si tuviese miedo de que nos oyesen, Andrea rompe el sosiego que reina entre nosotros.

“¿Y que pasara si resulta que es verdad que tenemos un poltergeist?”

La miro incrédulo, mientras la pregunto ofendido “¿Hasta ahora no me habías creído?”

“No”

“¿A pesar de haber acertado Jonathan la posible causa de todo?” casi al instante comprendo lo que acabo de decir. Andrea me fulmina con una mirada mortal, y siento que jamas va a volver a hablarme en toda su existencia, o al menos bajo su propia voluntad.
A pesar de todo Bes no parece haberse dado cuenta de nada, por lo que habla, al ver que nosotros no:

“¿Qué aremos ahora?”

“Podéis venir a mi casa”

“¡Eso es una estupidez!” me recrimina Andrea. Pero ¿por qué me odia Andrea? “Vayamos a donde vayamos el poltergeist me seguirá

“¡Anda que acaparadora! Nos seguirá a ambas ¿no?” bromea Bes

“Si ... eso” rectifica Andrea

Llegamos a la casa con un ambiente todavía mas tenso que el anterior. Entrando por la puerta, Andrea casi me rompe la nariz cerrándola antes de que yo pasase
Cuando les pregunto si desean que me quede, Andrea dice que no y al mismo tiempo Bes me ruega que me quede. Personalmente prefiero hacer caso a Andrea, porque siento que de un momento a otro... me van a matar. Pero a pesar de ello me quedo mientras ayudo a Bes a limpiar toda la casa, lugar que hace unos minutos fue inspeccionado a fondo por una jauría de policías.

Mientras recojo, por petición de Bes, el cadáver del gato, bendigo a los policías por haberse llevado el cadáver de Jonathan. La pestilencia del gato es horrible a demás, siento que me mira. Si, lo sé, estoy loco, pero es que no me atrevo a cerrarle los ojos. Entonces desde la habitación de Andrea, donde esta se a encerrado, se oye un CD de The Corrs, a un volumen bestial. Entre tanto escucho a Bes informándome de que va a hablar con ella.

“¡¡¡No, no, déjame a mí!!!” le pido

“¡¿Qué?!”

“¡¡¡Que ya voy yo!!!” vuelvo a gritar

Mientras camino hacia su habitación veo que baja la música, quizás porque a considerado la posibilidad de quedarse sorda. Entro a la puerta sin llamar. ¡Gran error!
Primera norma para la supervivencia masculina: ¡¡¡NUNCA ENTRES EN UNA HABITACIÓN DE UNA CHICA SIN LLAMAR A LA PUERTA!!!
Entro y a primera vista mis ojos vislumbran las piernas de Andrea. Abro mis, ahora benditos, órganos visuales, mientras entiendo que se esta vistiendo. Salgo de su habitación antes de oír su grito. Desde el salón Bes se asoma y me interroga con la mirada:

“Tran... tranquila, todo esta en orden” cuento hasta cinco y tras respirar profundamente llamo a la puerta. Recibo la voz de Andrea como respuesta:

“¡No entres!” significado: ya se a vestido

Hago caso omiso a su advertencia mientras abro su entrada. Su rostro enfurecido es lo primero que veo nada mas entrar en la habitación. Yo, sin saber que hacer, solo se me ocurre soltar un piropo:

“Bonitas piernas, ¿cuando abren?” dijo mientras apoyado en el marco de su puerta acaricio mi perilla

“Lárgate, no estoy para bromas” dice mientras me lanza un cojín. Yo prefería ropa interior, pero ¿qué le vamos a hacer? Entonces me da la espalda. Aunque tengo su espalda como barrera puedo ver como tira con desprecio unas prendas a la cesta de la ropa sucia. Me mira por encima del hombro y entiende que este sorprendido por que se a cambiado de ropa. Sin que yo tenga que preguntar nada me dice:

“He vomitado sobre la ropa que llevaba puesta”

“¡Oh!” ¿Oh? ¿Es lo único que se me ocurre decir. ¡Soy ridículo! “Por el em...”

“Quizás, no lo se” dice sin dejarme terminar. A pesar de que me a dirigido varias palabras, sigue sin girarse. Bien, yo haré que se gire.

“¿Me odias?” pregunto

“No te odio, es solo que...” dice apaciguadamente mientras se gira “... a veces te comportas como un capullo, al igual que ahora” me contesta en un tono mas agrio al encontrarme a tan solo 10 centímetros de ella. Pero a pesar de ello no se separa de mí, lo cual me da ánimos para seguir diciendo estupideces:

“Mañana... ¿Te despierto con el codo o con el teléfono?” ella alza la ceja y tras eso me tapa la cara con su mano mientras me aparta de ella “Vaaaale, con el codo” contesto mientras agarro su mano entre las mías

“Mejor no me despiertes, creo que el despertador será suficiente. A demás seria una desconsideración que te quedases a dormir solo por mí”

“Eso es lo que me gusta de ti, la facilidad con la que destrozas mis idioteces” contesto. DE nuevo pongo mi mirada más coqueta y digo “Realmente estoy luchando contra la necesidad de hacerte esta noche la mujer más feliz del mundo”

“No hace falta esperar hasta esta noche” me contesta mientras se acerca seductoramente. “Puedes irte ya” contesta rompiendo todo el momento

“¿Quieres de verdad que me vaya?”

“Sí, o por lo menos de mi habitación”

“Es que, veras... tengo un secreto y...”

“No me lo cuentes”

Hago caso omiso de sus palabras y continuo. Estoy dispuesto a utilizar con esta maravilla de mujer mi mejor frase: “Mañana me meto en un convento para ser cura... ¿quieres ayudarme a disfrutar la última noche?”

“Sí, claro. Recemos unos padres nuestros, ¿quieres?” dice mientras me empuja hacia su puerta

“Esta bien, me doy por vencido. ¿Cómo consigues resistirte a mis encantos y no caer rendida en mis brazos?” digo mientras resisto en el marco de la puerta

“A lo peor es que no estoy destinada a caer en tus brazos” asegura

“No puedo ser tan desgraciado” digo mientras hago que tropiece y caiga sobre mí, exactamente... en mis brazos. Ella se ríe, mientras me llama manipulador.

“Como ya te dije una vez, seré lo que tu quieras”

“No, me dijiste que harías lo que yo quisiera” dice sin separarse de mí, solo colocando sus manos sobre mi tórax

“Ohhh... bonito hallazgo ¡recuerdas lo que yo digo!” susurro rodeando su cintura

“Quizás...” me contesta en un murmullo mientras nuestras narices se chocan, como jugando entre sí.
Ya no puedo esperar mas, no puedo. Como humano y como tío, ella es demasiado para mi resistencia. Así que la beso. Al principio es un roce de labios en el que ambos movemos la cabeza, pero poco a poco mantenemos mas rato nuestros labios cerca. Como beso esta muy bien. Soy injusto, es perfecto. Sus labios, su lengua, todo.
Abandono los labios de Andrea, quien emite un jadeante gemido, mientras los míos acariciaban su cuello dibujando una hambrienta línea de besos. Mientras ella me agarra de las ropas y me obliga a entrar de nuevo a su habitación, deposito mis manos poco mas abajo que su cintura y entonces ella obliga a nuestras bocas a buscarse con más prisa, mientras nos dejamos caer sobre la cama
Cuando mis manos inician una exploración acompañadas de mis labios, Andrea no se le ocurre otra cosa que hablar:

“Germán... por favor, ¡para!” me ruega, pero yo no puedo contestarla, mi boca continua su exploración, hasta ahora e llegado a su hombro “Ahora no podemos... no podemos hacer... no podemos hacer esto. Estamos en medio de un asesinato, ¿no crees que somos un poco imprudentes?” dice mientras me acaricia mi pelo. Elevo mi cabeza, y la beso feroz mente. Cuando al fin nos separamos, pregunto:

“No hay forma de convencerte, ¿verdad?

“Quizás, solo tendrías que seguir besándome y dudo que pueda resistir”

“Eso no seria justo” digo mientras libro a su cuerpo de mi peso. Por desgracia, cuando nos levantamos ambos nos fijamos que en mis pantalones se a formado una tienda de campaña. No sé si me enfado o me siento aliviado al ver que se ríe de mi situación

Nos levantamos lentamente sin apartar la vista del otro, sin mostrar interés alguno en apartarnos.
Desde el salón se oye un grito. Entonces sí nos damos prisa en levantarnos mientras salimos corriendo hacia Bes.
Al llegar la encontramos en el suelo, con las manos en el cuello y haciendo inútiles intentos por respirar. Miramos su rostro casi morado mientras corríamos hacia ella. Cuando estamos a apenas dos metros de distancia, vuelva a respirar con normalidad. Los tres suspiramos, pero entonces, noto que Andrea se agarra a mi brazo. Me giro para mirarla y es ella la que muestra signos de asfixiarse.
Andrea se deja caer mientras Bes hace auténticos esfuerzos por hablar

 


“¡Es el poltergeist... ronda cerca de ella congelándola con su presencia” sigo mirándola sin entender que debo hacer “¡Espántalo!”

Al fin caigo y me acerco a Andrea y en este mismo momento parece que el poltergeist se ha ido. Los tres nos miramos aterrados mientras esperamos a que algo ocurra:

“¡Hay que destruir a este hijo de puta!”

“Para eso necesitamos a Jonathan” las recuerdo. Ambas me fulminan con sus ojos mientras yo intento rectificar lo dicho “Quiero decir que el ya casi había dado con la forma de acabar con él, pero mejor que no sigamos hablando aquí, porque nos estará oyendo” las recuerdo “Vayamos a mi despacho, allí se alojaba nuestro difunto”

Cuando estamos en el coche, Andrea me ordena que vaya a mas velocidad. Tengo que girar a la derecha para llegar a mi despacho, pero no lo hago. Solo Bes se sorprende.

“Andrea, ¿no me dijiste que su despacho quedaba en esa calle?” mi maravillosa morena afirma con la cabeza, mientras yo la tomo el relevo

“No creerías en serio que diría delante del fantasmico a donde íbamos, ¿verdad?” contesto con guasa

“Muy astuto” me sonríe Andrea, haciéndome sentir que la necesito; pero sobre todo vigilo a mi tienda de campaña, para que no se vuelva a levantar sola.

Llegamos a mi casa (espero que les agrade) y cuando abrimos la puerta los tres suspiramos aliviados, como acto auto reflejo. Nos dedicamos durante una hora a buscar. Yo por el salón y mi habitación y ellas por el resto de la casa.
En un momento, mientras yo hurgo entre las cosas de Jonathan (no creo que Jonathan me eche la bronca por ello) oigo la conversación de ambas mujeres. Es lo que tenemos los detectives, somos muy curiosos y eso a veces nos traiciona:

“Tengo algo que decirte” es lo primero que oigo. Creo que es la voz de Andrea

“¿Es algo importante?” pregunta

“Quizás...” contesta su amiga

“¡Que estas enrollada con Germán! Ya me lo imaginaba, tranquila”

“No, no eso. Jamas saldría con él” contesta. Me quedo paralizado. Entonces lo de hoy, ¿qué había sido? ¿Una forma de desahogarse por todo lo que estaba pasando? Mejor no digo lo que estaba pensando de ella. Tan solo me limito a revisar las cosas de difunto con cierta furia.
Tras oír como Bes se enteraba del embarazo, como abrazaba a Andrea, y como la abrazaba, pasa media hora mas sin ninguna novedad a parte de mi cólera.
Cansado de maldecirme, de maldecirla y de rebuscar entre ropa y libros sin encontrar nada salgo a beber algo. Andrea debe de haberme oído, porque se asoma por la puerta y al verme le dice a Bes que va un momento al servicio, pero realmente solo se acerca a mí con una picara sonrisa:

“Si quieres saber donde esta el servicio, queda por allí”

“¿Ya no me dices eso de sí busco el tocador de damas?” me pregunta mientras intenta rodear mi cuello con sus brazos

“No, no quiero agobiarte, puesto que no quieres salir conmigo” ella alza una ceja, y no la baja hasta que comprende a que me refiero

“¿Me has escuchado cuando hablaba con Bes?” Un gruñido es suficiente como para que entienda que es así “Tiene una explicación” contesta como arrepintiéndose

“¡Que bien!” contesto cuando me voy sin intención de oírla

“El primer día que te vi me cautivaste” dice consiguiendo mi atención. Tan solo me detengo, porque no llego a girarme “No pare de hablarle a Bes de ti, en vez de sobre lo que me dijiste. Ella insinúo que me gustabas y yo le dije que no” entonces si me doy la vuelta “Lo que has oído hoy a sido simplemente mi intento de que ella no se entere de que a acertado con su pronostico, ¿tan malo es eso?” dice mientras camina hacia mí. Me sonríe, y siento que vuelvo a ser suyo. ¡Juega con ventaja! Esta vez si dejo que sus brazos me rodeen mi cuello, mientras nos besamos.
Un minuto, dos, tres, cuatro... no recuerdo cuanto tiempo estamos juntos, pero si que recuerdo la risa de Bes. Como si fuera una alarma de incendio, Andrea se separa de mí, con cierto rubor, ¿por qué? Supongo que este será otro de los misterios de la vida.

“¿Has encontrado algo?”

“Quizás, pero ¿no crees que en la garganta de Andrea no habrá nada interesante?” me pregunta. Andrea se adelanta a mí, y la mira amenazadoramente, y luego le pide que continúe “He encontrado su diario. Escondido como lo haría una colegiala debajo de la cama” dice mientras lo tiende en mis manos “Ese es un lugar que... ¿vosotros ya habéis visitado?”

¿Quiere guerra? Pues la tendrá. De nada vale luchar contra semejante parlanchina. Además, mi padre siempre decía: si no puedes con algo, únete a él. Seguiré por una vez sus enseñanzas

“No, aun no, pero danos tiempo” sonrío. Andrea también sonríe, y me propina un juguetón codazo en mi brazo. Supongo que esta contenta porque no he contestado a Bes de mala manera.
Indico con la cabeza el sillón y los tres nos dirigimos a él mientras abrimos el cuaderno que tengo entre mis manos. Este descubrimiento (el diario) es una pista sobre los gustos sexuales de Jonathan, ¿o no?
Abrimos el libro y vemos un auto retrato. Sin poder evitarlo sonrío mientras seguimos pasando las hojas. Cincuenta paginas repletas de palabrería sentimental sin ningún tipo de valor cultural, o como Bes lo denomino, escritura desde el corazón.
Al fin tras minutos de aburrimiento encontramos algo interesante. Andrea comienza a leer en voz alta:

Querido diario:

Este mundo es cruel. Hoy mismo he encontrado la solución al problema de olor de pies, peor la formula contar el poltergeist sigue sin aparecer. ¿Qué puedo hacer?
Todo lo que ponía en ese librillo de mercadillo era que se le destruía diciendo su nombre al revés, pero no funciona si no sabes el nombre, lógico, ¿no?
Bueno, voy a seguir estudiando, como en el cole, je je.
Adiós

Los tres nos miramos sorprendidos, aunque seguramente soy el único que piensa en que Jonathan es demasiado...
Andrea sigue leyendo en voz alta. Me sorprendo de que la pagina no empiece por el conocido: querido diario:

¡¡¡EURECA!!!

Ya lo comprendo todo, estaba claro desde el principio, el nombre es insignificante, ¡¡claro!! Iré ahora mismito a mostrarle mi hallazgo a Besss... seguro que queda maravillada. Habrá que probar.

Entonces mi morena favorita deja de leer. Se me escapa una carcajada al mirar a Bes, y Andrea, tan solo se ríe. Entonces el humor desaparece cuando mi morena (porque ahora puedo decir que es mía) empieza a mirar nerviosamente el resto del diario, y dice en voz alta: “No hay nada más escrito”
Bes traga ruidosamente antes de aclarar lo que es obvio:

“¿Tendremos que hallar la solución entre tanta floritura? ¿Sin mas información?” dice señalando al incompleto cuaderno.

“Sí. Pero si no escribió mas significa que esto lo escribió antes de morir. Así que seguramente el maldito poltergeist le mato porque había hallado la solución”

“O porque... se aburría sólito en casa” suelto yo. Las dos me miran. Creo que acabo de romper todas sus esperanzas. Están a punto de saltar a mi yugular, cuando me... ¡salvo por la campana! Sí, exacto, como la serie infantil.
Suena el timbre y como si tuviese un resorte en el trasero, me levanto para abrir la puerta. Fuera, alguien llama nerviosamente. Cuando abro, una mancha azul verdoso se desliza bajo mi brazo a gran velocidad.
Resulta ser un cuerpo humano, exactamente uno femenino. No sé quien es, por lo que miro extrañado a Bes y Andrea, pero ellas parecen igual de confundidas.
La mancha azul ya a cogido forma a mis ojos. Como si no hubiese visto a las dos feminas que me acompañan, empieza a largar, como si de la misma Bes se tratase:

“Hola cerdo” bonito saludo, parece amable “No hace falta que me digas nada, me da igual. Solo he venido a recoger mi sujetador, me lo deje aquí, y lo necesito” siento que una ola de carcajadas me invade, cuando unos flash back vienen a mi cabeza: Alcohol, tabaco, atronadora música ella... un taxi hacia aquí... y un asqueroso sexo como otro cualquiera.
¡Maldita sea! Esta es la mujer junto a la que me desperté hace unas semanas, el mismo día en que conocí a mi morena predilecta. ¡Ostias, Andrea! ¿Qué pensara de todo esto?
La miro, pero ella solo alza una ceja, gesto que interpreto, como el inicio de lo que será una dura batalla.

La mujer desconocida me mira atónita mientras me dice: “¡Eh! ¡Mi sujetador! ¡¿Se puede saber donde lo tienes, cerdo?!”
Solo se me ocurre... ¿tartamudear?

“No... no lo sé... búscalo” ella hace un gesto incomprensible, antes de soltar un mugido atónito. Para mi sorpresa y desgracia, Andrea se levanta del asiento, y dice: “Yo sé donde esta, ven”

La mujer ascendida venida del mismísimo infierno, se gira y mira a Andrea: “Hola, lo siento, no os había visto”

“¿Me acompañas? Lo encontré antes, mientras buscábamos algo perdido” entonces se gira y me dice “Luego iba a pedirte explicaciones” me comenta como si yo le recriminase algo. La versión femenina de Lucifer asiente con la cabeza, mientras entran en mi habitación. Un metro antes, Andrea se gira para mirarme sin mostrar sentimiento alguno. Cuando ya han entrado en mi dormitorio, maldigo a todo el mundo, mientras me dejo caer sobre un sillón. Bes me mira y ladea la cabeza, fingiendo estar triste por mi situación. Y como si so no fuera poco pregunta...

“¿Quién era?”

“Un error de una noche”

“Así que ni si quiera la denominas por su nombre”

“Es que... no me sé su nombre”

“Interesante” dice acariciando su barbilla. Pego un bufido antes de observar como Andrea y Satanás salen por la puerta. Mi morena favorita se limita a sonreír mientras esa desconocida, pero no por ello no odiada, mujer, abandona el piso.
Como si el tiempo no hubiese pasado, Andrea nos mira a los dos y comienza a repartir ordenes:

“Nosotras (porque las mujeres son más inteligentes) intentaremos averiguar la solución mediante el diario, tu busca por si hubiese mas cosas útiles”

“Y si es posible... que no se trate de ropa interior” comenta Bes

Farfullo un insulto incomprensible y me pongo a buscar lo que sé que no encontrare. Pero en fin, el ambiente no esta como para ponerme a rechistar. Mientras reviso los lugares que ya he revisado, espero oír de un momento a otro la voz de Andrea, hallando la solución y llamándome para informarme. Pero no es después de momentos, sino de escasos minutos, cuando oigo la voz de Andrea, llamándome. Me asomo por la puerta, mientras observo como ambas mujeres se disponen a salir de aquí.

“Coge lo que necesites. Nos vamos” anuncia Andrea

Montamos en el coche. Y mientras Andrea conduce, Bes me pone al tanto:

“Creemos que hay que decir en vez del nombre del alma perturbada al revés... hay que decir el nombre al revés, ¿comprendes?” no muy convencido de su plan, asiento la cabeza. Noto como los ojos de Andrea me miran por el espejo del coche. ¿Me odiara?


El piso de Bes esta peor que cuando nos fuimos. Parece que todo el ejercito estadounidense haya hecho practicas en este apartamento, porque incluso las baldosas esta echas añicos.
Bes suelta un bufido, pensando seguramente en lo que le costara arreglar aquello. Mientras avanzamos miro a Andrea buscando alguna señal de lo que hay que hacer a continuación, pero ella se limita a guardar silencio. Avanzamos un poco. Creo que Andrea espera algún tipo de señal.
Y creo que la haya cuando una cacerola me roza la cara. Entonces nos mira y sin tener que decir nada, los tres decimos al unísono (aunque con cierta dificultad añadida): “¡erbmon le!”

A continuación silencio.

Entonces una honda de sonido nos deja sentados en el suelo, mientras se oye un grito. Pero para nuestra sorpresa lo único que ocurre es que ante nosotros aparece poco a poco un hombre altivo y majestuoso. Se mira a sí mismo como sin creerse del todo que sea visible a nuestros ojos. Os mira con odio antes de gritarnos:

“Malditos estúpidos, morir” tras eso se lanza sobre nosotros.

“No le hemos llegado a matar, repitámoslo” sugiere Andrea De nuevo los tres decimos “¡¡¡Erbmon le!!!”

Pero no ocurre nada, El fantasma esta perfectamente y se limita a mirarnos, mientras se ríe a gusto. Entonces se fija en la más temblorosa de los tres, Bes. Yo corro hacia ella, pero el poltergeist ya esta casi encima de ella. Acompañado de un grito, ella le propina un golpe con su bolso.
El espectro deja de reír cuando observa que en lugar de la colisión, hay sangre. Se la toca incrédulo antes de volver a intentar atacar a Bes, pero esta vez yo sacudo al alterador, y este cae sobre el suelo.
El fantasma vuelve a elevarse en el aire, cuando Andrea da su propio veredicto:

“¡¡¡El hechizo le ha vuelto mortal!!!” grita eufórica “Ahora podemos acabar con él” el poltergeist se gira hacia mi morena y se dirige con una silla a golpearla. La empujo quedándome en su desgraciado lugar. Noto una colisión contra mí, y luego la pared en mi espalda. Suelto un gemido, mientras observo como ambas mujeres atacan a ese extraño hombre.
Bes de un certero golpe, acaba cerca de mí, aunque quizás más lastimada. Entonces mi corazón se altera cuando veo al Casper de pacotilla apunto de golpear Andrea. Me levanto con velocidad, mientras veo como le golpea el rostro con una bofetada. Ella se la frota por el dolor, mientras yo arranco una pata de la silla más próxima (lo siento) y me dirijo a clavársela, pero él me esquiva y caigo al suelo. Intento levantarme. Andrea intenta atentar contra el fantasma. Este esquiva un golpe. Y otro. Pero Andrea recoge la pata que yo había arrancado y la dirige al corazón del monstruo. Mientras intento levantarme, el poltergeist me zarandea y me coloca como escudo entre él y Andrea.
Noto como algo me atraviesa en el pecho... a la altura del corazón. La alargada pata me atraviesa y grite. Noto como la sangre empieza a brotar. En unos segundos voy a caer... ¿muerto?
Veo que Andrea observa con horror lo ocurrido, y con lagrimas en los ojos se dispone a retirar la madera.
Esta llorando por mí... ¡me quiere!
Noto al poltergeist aun sujetándome, así que cuando mi morena intenta...


Bes

Cuando Andrea, horrorizada, se propone sacar la madera, el moribundo Germán pide moviendo los labios que no lo haga. Ella abre los ojos horrorizada, sin entender nada. Entonces Germán, haciendo acopio de sus ultimas fuerzas...
¡ATRAVIESA MAS SU CORAZÓN, PENETRANDO EL DEL POLTERGEIST!
Tras eso sus brazos pierden fuerza y cierra los ojos. Cae al suelo al tiempo que nuestra amenaza, quien agoniza en el suelo.
Nunca he visto a Andrea llorando mas que una vez, pero entonces no tuvo nada que ver con ahora. Pues llora mienras palidece junto a Germán, mientras solloza. Empiezo a notar una lagrima por mi cara. Siento como si algo dentro de mí me impulsara a gritar mi extenso vocabulario de palabrotas al poltergeist, a pesar de estar casi muerto. Entonces este ser endemoniado, eleva su rostro antes de decir:

“Esta es la segunda vez que me derrotas a mí, dios de los dioses, sin tener que mancharte las manos con mi sangre. ¡Te subestime!”

Y tras esto un pequeño estallido llena la habitación de polvo mientras el cuerpo desaparece. Me acerco a Andrea quien no para de llorar. La abrazo intentando consolarla mientras digo:

“Tranquila, ya no podrá matar a nadie... a desaparecido, shhh, tranquila”

“Pero... pero le he matado, le he atravesado con una pata de una silla... ¡y no quería hacerlo!”

“Estoy segura de que él lo sabe” digo sin saber muy bien que hacer. ¡A asesinado a su novio, por el amor de dios!

“No estés tan segura, como sé que no te querías librar de mí ¿eh?” se oye una voz, con un tonillo presumido que le caracteriza. Agito mi mano apartando un poco la niebla y veo que a escasos centímetros de mí, Germán hace lo mismo.

“¡Estas vivo!” grito eufórica mientras le abrazo

“Eso creo”

Andrea eleva su rostro mientras seca sus lagrimas. Sus ojos perplejos se niegan a creer lo que ven. Germán pregunta en tono ofendido que si no piensa abrazarle. Ella sonríe, esta claro que es él. Se lanza a su cuello y como hicieron en el apartamento de este, se empiezan a besar. No puedo evitar sentirme fuera de lugar. Entonces ¡sorpresa! Se separan, mientras Germán formula una pregunta:

“Entonces... ¿no me odias por saber lo que paso con aquella desconocida?”

“Te estaba tomando el pelo. No me importa lo que hicieras si no lo que hagas” dice mientras le abraza mas fuerte, como intentando que nunca se separara de ella.
Entonces rompiendo el encanto romántico del momento, se oye un maullido que proviene de la papelera. Encarno las cejas mientras miro a mi compañera de piso y luego a Germán. El uno en los brazos del otro están tan atolondrados que no son capaces de encontrar a esto una razón lógica.
Con cierto temor me acerco a la basura, y justo cuando la abro Isis salta a mis brazos. Lo miro sin creerme del todo lo que ocurre, antes de gritar: “¡¡¡ISIS ESTA VIVO!!!” incluso Germán quien odiaba a mi gato, se acerca a acariciarlo.
Entonces la niebla casi desaparece, y empezamos a observar nuestra casa. Todo esta bien, sin rasguño alguno, sin daños irreparables, ni cadáveres escondidos. Semejante espléndida noticia, cada uno la celebra como quiere, yo me aferro a Isis y Andrea a los labios de Germán.

“Si todo ha vuelto a la normalidad... ¡¡¡JONATHAN!!!” grita Germán


Mientras en un hospital una mujer queda inconsciente de un paro cardiaco al ver que uno de los cadáveres se mueve y grita.

Fin