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Primer Acto |
CORTE A:
Ares aparece en uno de sus templos. Es un templo que ha estado abandonado
durante mucho tiempo, cuando él fue mortal y ahora se ve escombroso y viejo. Las
telarañas cubren las paredes y el polvo flota en el aire.
Ares camina hasta su trono y se sienta en su frío asiento de piedra dejando
escapar un pesado suspiro. Mira a su alrededor cuidadosamente. Entonces en el
suelo, en la esquina mas oscura del cuarto, Ares ve un cofre—un cofre que le
trae memorias olvidadas de hace mucho tiempo.
Ares se levanta rápidamente y camina hacia él, tomándolo. Sacude el polvo que
tiene encima y lo deposita en una mesita que está tendida en el cuarto.
El cofre es de madera, con el borde de oro. En la parte delantera está la
cerradura también de oro. Ares hace que una llave aparezca en su mano y abre el
cofre. Las bisagras chirrían cuando la tapa se abre, a causa de haber estado
mucho tiempo sin abrirse. Su interior está cubierto por un terciopelo negro y en
el interior del cofre hay un pedazo de pergamino enrollado.
Ares lo coge y lo abre. No es cualquier pedazo de pergamino; es el contrato que
Xena y Ares tenían entre manos desde hace tiempo y que tiene validez incluso
después de la muerte. El alma de Xena le pertenece a él. Ares cierra los ojos
momentáneamente, recordando de nuevo ese momento:
[RETROCESO]
Xena y Ares están parados en el bosque, Ares saca un pedazo de pergamino.
ARES
Oh (lo desenrolla y se lo muestra a Xena, su cara está llena de desprecio) pon
el pulgar índice aquí al final. Gracias.
Xena lo mira de manera sospechosa y después presiona su pulgar contra el
pergamino, dejando una impresión detrás.
ARES
¿No duele verdad? (Ella lo fulmina con la mirada, él enrolla el contrato) Y éste
es—mi acceso libre a tu alma (Lo guarda en el bolsillo trasero) mientras tenga
esto….tú serás mía.
[FIN DEL RETROCESO]
Abre los ojos, luego mira el contrato en sus manos, un destello de culpabilidad
recorre sus ojos como si se sintiese mal por haber utilizado el contrato para
poder controlar el destino de Xena. Ares sacude la cabeza con severidad y
enrolla de nuevo el contrato, agarrándolo firmemente con las manos.
ARES
Espera allí dentro, Xena. Voy para allá. (Pone el contrato en el bolsillo
trasero, desaparece).
CORTE A:
Ares aparece en el mundo subterráneo japonés de Jigoku. Sale vapor del suelo y
el lugar se llena de un resplandor rojo y misterioso. Es un cuarto grande que
parece no tener pared, techo o piso—el vapor parece encenderse.
Ares camina a través del humo hasta que alcanza un arco grande de metal. A un
lado de los soportes del arco se encuentra un hombre que está vestido con un
kimono oscuro parecido al de un juez. Él está sosteniendo una macis. Al otro
lado hay una mujer, vestida idénticamente al hombre. Sus ojos son tan claros que
parece que uno podría mirar al otro lado a través de ellos.

Ares los mira, inseguro de que hacer con ellos—son distintos a cualquier persona
que él haya visto. No mueven un músculo cuando se acerca al arco; decide
continuar. Apenas ha llegado a la entrada del arco, cuando los maces en sus
manos se convierten en lanzas que apuntan en su dirección.
HOMBRE
Nadie entra en Jigoku a menos que esté muerto. Y tú….definitivamente no lo
estás.
Ares lo mira con una mirada impaciente.
ARES
Veo que eres muy observador—ahora, si me dejas seguir mi camino, todos podremos
seguir con nuestros asuntos. (Intenta pasar a través del vapor más allá de la
puerta) Y mientras que estás en lo tuyo podrías comprobar el aire acondicionado;
todo este vapor no puede ser bueno para las obras de pintura.
Los centinelas intercambian miradas escandalizadas, entonces el hombre habla
otra vez.
HOMBRE
¿Y quién te crees que eres, para burlarte de nuestra decisión de esa manera?
Ares está tentado a caminar más allá de las lanzas, pero no las separan de él.

ARES
¿Y de quién es esa voluntad, exactamente?
HOMBRE
Mi nombre es Emma-ho--juez de las almas de los hombres pecadores. Mi hermana
--(señala a la mujer)--jueza de las mujeres pecadoras. ¡Nadie se atreve a
desafiar nuestra palabra--y decidimos que no puedes entrar!
ARES
Creerme cuando os digo que ha sido un placer conoceros a los dos, pero de verdad
que debo irme ahora.
Ares comienza a atravesar el arco pero se detiene cuando ambas lanzas atraviesan
su estomago de un lado al otro. Emma-ho y su hermana gritan por la sorpresa.
EMMA-HO Y SU HERMANA
Es inmortal…
ARES
(Mira las lanzas con una mueca engreída)
Oh, por favor. ¿Creéis que esto me va a detener? (Ellos dan pasos hacia atrás
mientras que las lanzas resbalan de su estomago) Ahora, voy a pasar de una forma
u otra. Y creedme que no os va a gustar la otra. (Una bola de fuego aparece en
cada una de sus manos).
EMMA-HO
No te dejaremos pasar, extranjero, incluso si eres una deidad.
ARES
Si esa es vuestra decisión, entonces.
Él les lanza las bolas de fuego, pero antes de que lleguen al blanco se
desintegran. Él lo intenta otra vez, con el mismo resultado—las bolas de fuego
se vuelven a desintegrar antes de golpearlos. Él mira a las deidades con
confusión y enojo.
ARES
Muy bien, hablemos entonces. He venido a recuperar algo que es mío y legítimo.
EMMA-HO
(Levanta las cejas en señal de sorpresa)
¿Nos estás acusando de hurto, extranjero?
ARES
(Inclina su cabeza a un lado, finge pensar)
Hmm. Veamos--síp. Buena expresión. Hurto. Tengo que reclamar un alma de vuestro
reino y (la voz se rompe levemente pero él se recupera inmediatamente) la deseo
de vuelta, ahora.
HERMANA DE EMMA-HO
(Sacudiendo la cabeza)
Imposible. Ningún espíritu puede salir del Jigoku. (Curiosa) ¿Cuál es la
reclamación hacia ella?
ARES
(Calmándose a sí mismo)
Odio a los cotillas, (más ruidoso) pero si insistes en la inspección del
papeleo…
Él hace aparecer el contrato, el pergamino brilla intensamente en la brumosa
atmósfera.
ARES
Según este contrato, la poseo incluso después de que ella muera. (Él lo sostiene
para que lo puedan ver) Mirar, esa es su huella y su nombre. Xena--con una “X”.
EMMA-HO
(Mirándolo)
Tu contrato, como tú lo llamas, no tiene valor, extranjero. Esta Xena que tú
dices murió en nuestras tierras, por lo tanto ella pertenece a nuestro reino.
El arrogante discurso va más allá de su paciencia. Ares gruñe mientras que
guarda el pergamino.
ARES
¡Exijo que me devuelvas su alma! ¡Ella me pertenece a mí!
Él se lanza al ataque, pero Emma-ho levanta la mano y una oleada de energía sale
en forma de erupción de ella, enviando a Ares volando, quien aterriza a varios
metros. La niebla se esparce alrededor del cuerpo caído. Un momento más tarde,
el Dios de la Guerra se levanta del suelo, su cara muestra una terrible rabia.
Su voz es peligrosamente baja y tranquila.
ARES
Así no se trata a un Dios Olímpico.
Los centinelas parecen repentinamente incomodados.
EMMA-HO
¿Olímpico?
ARES
(Un tanto amenazador)
Soy el Dios de la Guerra.
La hermana de Emma-oh susurra algo en el oído de su hermano y él cabecea a
regañadientes.
EMMA-OH
Mi hermana tiene razón. No tenemos ninguna pelea con los Olímpicos y no la
deseamos. Puedes entrar, Dios de la Guerra, pero tienes que saber que tú no
puedes llevarte a un alma de Jigoku. Ella no puede pasar por esta puerta.
ARES
(Apretando los dientes)
Lo tendré presente.
Ares comienza a pasar a través del arco y entonces se crea un flash azul, y se
va, cuando nosotros:
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Fin del Primer Acto |