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Cuarto Acto |
CORTE A:
Gabrielle cabalga rápido y duramente hasta que al fin llega a Potedaia a la
mañana siguiente. Cuatro guardias están custodiando las puertas de Potedaia.
Gabrielle los puede ver a través de los árboles. Desmonta del caballo y
desenvaina sus sais. Pero cree que no necesitará luchar contra nadie, sabe donde
encontrar una entrada secreta a la aldea ya que ella vivió allí durante una gran
parte de su vida.

Cautelosamente, se arrastra a través del bosque y alrededor de una parte de la
pared. Camina hasta ella y se coloca firmemente contra la pared, escuchando a
otros guardias hablar encima de los postes de vigilancia que están encima de la
pared.
Gabrielle continúa bajo la pared, donde no hay guardias, hasta que encuentra un
ladrillo en la pared y lo empuja hacia dentro. Es un ladrillo de piedra bastante
grande. Gabrielle lo empuja hasta que este cae al otro lado del muro. Gabrielle
pasa a través de la abertura hacia la aldea.
GABRIELLE
(Suspira por el esfuerzo pero intenta ser chistosa)
Cabía por ahí mucho mejor cuando era una niña.
Camina a través de las calles de la ciudad, la gente sigue con su vida como de
costumbre. La mayoría de ellos parecen completamente sanos.
Finalmente Gabrielle llega a un apequeña casa rodeada por una cerca de madera.
Abre la puerta, camina hacia la casa, y golpea la puerta. Después de un momento
la puerta se abre, su hermana está parada delante de ella.
LILA
(Emocionada)
¡Gabrielle! Oh, que bueno verte.

GABRIELLE
Me alegro de verte a ti también, Lila.
Se abrazan y luego se miran la una a la otra.
GABRIELLE
¿Cómo habéis estado? Estaba muy preocupada por vosotras—oí lo de la plaga…
LILA
Oh, Gabrielle— Sarah la tuvo ara un par de meses atrás…
GABRIELLE
(Se torno pálida)
¿Qué?
LILA
Pero ahora está muy bien… ella está entre los afortunados que se recuperaron.
(Tristemente) Hemos perdido a mucha gente, Gabrielle—pero creo que la epidemia
ya se ha ido de Potedaia. No ha habido nuevos casos desde hace una semana.
GABRIELLE
(Suspirando de alivio)
¡Gracias al cielo!
LILA
Ahora estamos bien. Entremos, tenemos muchas cosas que hacer.
Sonríen y entran en la casa.
CORTE A:
Xena está montada encima de Argo, Cleon al lado de ella, encima de su propio
caballo. Están en un valle rodeado por dos colinas de bosque.
CLEON
Las tropas están listas, Xena. Están posicionadas como estaba previsto.

XENA
Bien. (Alcanza la bolsa de la silla de montar y saca un telescopio, mira a
través de él para ver a las tropas espartanas en una calurosa búsqueda de las
tropas atenienses que sirvieron como trampa) Los espartanos están
aproximadamente a media milla y se acercan con rapidez. Te daré la señal cuando
sea la hora de atacar.
CLEON
Está bien.
Cleon galopa hacia las tropas que se encuentran en la colina del este. Xena
galopa hacia las tropas que se encuentran en la colina del oeste y esperan ahí
hasta que los espartanos lleguen.
Pronto, Xena ve a los espartanos dirigirse hacia ellos. Saca su espada y mira a
través de la colina para ver a Cleon y su ejército listo. Cuando los espartanos
están atravesando el valle, ella levanta su espada y la hace girar, señalando a
Cleon que la hora ha llegado. Cleon levanta su mano y las tropas comienzan el
descenso por la pendiente de la colina; Xena hace lo mismo, las dos tropas yendo
hacia el ejército espartano. Los gritos de guerra llenan el sonido del aire.
Cleon y Xena galopan colina abajo detrás de sus tropas.
Los atenienses atacan y luchan con los espartanos. Al principio los espartanos
son tomados por sorpresa. Su líder Brasidas, montado encima de un caballo negro,
galopa sobre el campo de batalla reuniendo a sus tropas y montando un
contraataque.
CLEON
(Galopando hacia él, levanta la espada hacia arriba)
¡Brasidas!
BRASIDAS
Genial, si es Cleon, mi enemigo más venerado. ¿Has venido a reunirte con tu
destino?
CLEON
¡No, tú has venido ha conocer el tuyo!
Cleon y Brasidas luchan con sus caballos mientras Xena conduce a los atenienses
contra los espartanos. La ventaja numérica de los espartanos, sin embargo, es
muy fuerte y pronto comienzan a ganar espacio. Cleon y Brasidas continúan
luchando hasta que Brasidas ve una oportunidad y apuñala a Cleon en el corazón.
XENA
(Grita)
¡Cleon!
Justo entonces, dos soldados a caballo cargan hacia ella. Ella salta en el aire,
dando una voltereta y los golpea hacia fuera con una poderosa patada en la cara,
luego aterriza en el suelo y corre hacia Cleon justo a tiempo de cogerlo antes
de que se cayera de su caballo. Mientras tanto, un sonriente Brasidas cabalga de
vuelta al calor de la batalla, conduciendo a sus tropas y enfrentándose a los
soldados atenienses.
XENA
(Corre hasta Cleon y se arrodilla, sosteniendo su cabeza)
Cleon.
CLEON
(Lucha por respirar, la sangre le gotea por la nariz y la boca)
Xena, estamos perdiendo. No veo como…Atenas puede ganar…
XENA
Encontraremos la manera. Siempre hay una manera.
CLEON
Xena… (Tose)…tienes que matar a…Brasidas. Es la única manera de derrotar a su
ejército y…a Esparta. Si el muere…Atenas seguro que…ganará…la…guerra. (Exhala,
cae muerto)
Xena lo deposita en el suelo, se levanta y silba. Argo viene hacia ella, ella
monta y galopa de vuelta hacia el centro de la batalla, dejando escapar su grito
de guerra tan desgarrador que por un momento el sonido de la batalla se para ya
que los soldados de ambos bandos se vuelven para mirar a la Princesa Guerrera.

XENA
(Gritando)
¡Brasidas! ¡Vengo a por ti!
BRASIDAS
(Se ríe burlonamente)
¡No se quien eres pero ésta será la última batalla que veas!
Galopando hacia ella, Brasidas alcanza su espalda y toma un arco, disparando dos
flechas hacia ella. Xena atrapa una flecha pero la otra se clava en su hombro
izquierdo.

Atontada, se tambalea hacia atrás y cae de Argo. Rompe la extremidad de la
flecha y la saca de su hombro, apretando fuertemente sus dientes en agonía y
casi gritando.
Mientras tanto, Brasidas galopa hacia ella y los soldados atenienses que se
encuentran alrededor de ella se empiezan a retirar pensando que no hay manera de
ganar y que los espartanos han vencido.
Brasidas levanta su espada sobre Xena y, todavía en shock por su herida, no es
lo suficientemente rápida como para reaccionar. Parece que va ha ser golpeada,
pero justo entonces parece que la espada de Brasidas es detenida en el aire por
un obstáculo invisible, retrasando el golpe por un segundo. Brasidas frunce el
ceño ante el desconcierto; mientras tanto, el breve aplazamiento es suficiente
tiempo para que Xena venga en sí. Empujando su espada hacia arriba, atraviesa a
Brasidas con ella. Una mira de asombro en su cara, el resbala de su caballo y
cae, muerto.
Los espartanos están obviamente conmocionados por la muerte de su líder,
mientras que los atenienses se animan. Aprovechándose del momento, xena monta de
nuevo en Argo, todavía dolorida por la herida de su hombro.
XENA
¡Atacad!
Ella carga hacia delante, conduciendo a los atenienses en su lucha. Atontados,
los espartanos comienzan a retirarse, mientras que los atenienses se animan y
disfrutan de su gloria.
Xena, respirando difícilmente y todavía dolorida por la herida en su hombro,
permanece detrás de sus tropas mientras que ellos se divierten, entonces levanta
la cabeza, se tensa un poco, y mira a su alrededor.
XENA
¿Ares?
El Dios de la Guerra se materializa al lado de ella. Parece no sentir emoción
alguna, los brazos cruzados sobre su pecho.
XENA
Tú… ¿Desviaste tú ese golpe?
ARES
Te dije que quería ayudarte a luchar contra los espartanos. No me mires con ese
asombro.
XENA
Ares…
ARES
Oh, no tienes la necesidad de agradecerme nada. Te dije por qué lo hacia. Como
te dije-- ¿Qué es un Dios sin sus templos? (Le guiña un ojo y desaparece)
XENA
Hmmm.
Permanece quieta por un momento, mirando pensativa al punto donde él ha
desaparecido, y después monta en Argo, cuidándose de no usar el brazo herido.
Entonces levanta su espada en su mano.
XENA
¡Soldados de Atenas! Hemos sufrido muchas perdidas pero hemos derrotado al
enemigo. Nos podemos ir a casa.
Las tropas la animan y la siguen cuando se dirige galopando a Atenas.
CORTE A:
De vuelta en Atenas, Xena entra en la sala del gobierno de la ciudad para
reunirse con Delemus, quien la está esperando. Eve está ahí también; ambos se
levantan para dar la bienvenida a Xena.
EVE
Madre, ya hemos oído la noticia-- ¡habéis ganado!
XENA
Sí, ganamos. Perdimos a muchos hombres... Cleon está muerto. (Delemus agacha la
mirada, desanimado) Pero Esparta se retiró. Ahora la guerra debería haber
terminado. Su líder está muerto y se han retirado.
DELEMUS
(Mira su brazo)
¡Estás herida!
EVE
Déjame vendarte eso (Comienza a vendar la herida de Xena) Y, Madre, tengo más
buenas noticias— ¡El hermano y la hermana de Virgil se están curando! Hoy se les
ha ido la fiebre. Creo que el tónico funciona.
DELEMUS
¿Tónico? ¿Les distes algo que les ayudó a recuperarse de la plaga?
EVE
(Un poco insegura)
Pienso que nuestros rezos también ayudaron. Pero sí, les di un brebaje que hice.
No es una cura, pero ayuda al enfermo en el sufrimiento y consolida el cuerpo de
forma que pueda luchar mejor contra la enfermedad.
XENA
¿De qué estaba hecho ese brebaje, Eve?
EVE
Eran hierbas que traje conmigo desde la India pero no tengo más.
Después de acabar de vendar el brazo de Xena, coge dos bolsas de su cartera y se
las tiende a Xena. Xena las abre, echa el contenido en una mesa y comienza a
examinar las hierbas.
XENA
¿Eve, tienes el recipiente donde preparaste el tónico?
EVE
Sí, lo tengo... ¿pero dónde podemos conseguir más hierbas de esas?
XENA
Delemus. Hay hierbas que crecen alrededor de Atenas que tiene las mismas
características medicinales. Le diré a tu gente donde encontrarlas. Permítele a
Eve enseñarles a tus curanderos como hacer preparar este tónico.
DELEMUS
(A un sirviente)
Kyniros, rápido—lleva a está joven mujer a donde nuestro médico principal.
Eve recoge el contenido de las bolsas y se encabeza hacia la puerta junto con el
sirviente.
XENA
Te veré pronto, Eve—la primera cosa que haremos mañana por la mañana será
dirigirnos a Potedaia.
Después de que Eve y el criado se han ido, Xena se dirige hacia Delemus otra
vez.
XENA
(Arrastra los pies y agacha la mirada, renuentemente)
Delemus…uh…tengo que decirte que tuve algo de ayuda. Podrías querer ir a alguno
de los templos de Ares y darle las gracias.
DELEMUS
¿Templos? Pero Xena, solo hay un pequeño templo de Ares en toda Atenas.
XENA
(Le mira sobresaltada)
¿Cómo?
DELEMUS
Xena, ¿No lo sabías? La deidad que veneramos siempre fue Atenea, la Diosa de la
Sabiduría y la Guerra. (Aparta los ojos un poco incomodo, recordando que Atenea
murió a manos de Xena) Como sabes, no era especialmente buena con Ares, así que
el Dios de la Guerra no tenía muchos admiradores aquí.
XENA
(Frunce el ceño, procesando lo que ha pasado)
Oh…bien, no he dicho nada, entonces.
CORTE A:
A la mañana siguiente. Xena se acerca a la casa de Virgil y golpea la puerta.
Abre Eve.
EVE
Madre, ¿Cómo está todo?
XENA
Genial. (sonríe con gusto) Estamos listas para irnos. Pude explicarles a los
curanderos donde encontrar las hierbas que necesitan para hacer un tónico
similar al que tú hiciste. Puede que sea el punto final a esta epidemia. Buen
trabajo. (Acaricia orgullosa el hombro de Eve)
Virgil sale de la casa.
XENA
Hola Virgil. He oído que tu hermano y tu hermana se están recuperando.
VIRGIL
Sí, Xena—gracias a Eve. (Mira a Eve) Así que, supongo que te irás con Xena.
EVE
Sí. ¿Te haces cargo de estos pequeños, de acuerdo?
VIRGIL
Lo haré.
Se abrazan brevemente, un poco incómodos, y luego Eve mira a Xena.
EVE
Bien, Madre, ¿estamos listas para irnos?
XENA
Sí. Tenemos que encontrarnos con Gabrielle.
Xena monta en Argo y ayuda a Eve a subirse detrás para dirigirse a Potedaia.
CORTE A:
Cuando finalmente llegan a Potedaia, el sitio ha sido liberado y son libres para
entrar. Xena y Eve van ha la casa de Gabrielle y se encuentran a Gabrielle
hablando con Lila y Sarah en el porche.
XENA
Veo que todas estáis bien.
GABRIELLE
Sí.
XENA
(Mira a Sarah, sonriendo)
Sarah.
SARAH
Me alegra verte de nuevo.
Xena suspira y camina hacia Lila, Sarah y Gabrielle. Eve la sigue y Xena pone
sus brazos alrededor de todas ellas.
XENA
Gabrielle, ¿recuerdas cuando dijiste que querías quedarte aquí por unos cuantos
días solo para relajarnos?
GABRIELLE
(La mira)
Sí.
XENA
Bien, pues no veo por qué no podemos hacerlo aún. Todavía me apetecen una buena
comida y cama calientes. (Les sonríe)
GABRIELLE
Suena estupendamente bien.
Rodea con un brazo a Xena y las cinco entran en la casa.
FIN
[No se daño ningún templo de Ares durante la producción de ésta película.]
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Fin del Cuarto Acto |