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Epilogo |
CORTE A:
Bajo el caluroso, sol de mediodía, el calor parece ascender de la tierra a las
paredes rocosas de Atenas. Las moscas están zumbando alrededor de toda la fruta
y carne que se encuentra esparcida por la tierra, pudriéndose por el calor. Las
calles están casi desiertas, y la gente que camina alrededor viste andrajos,
ropas sórdidas que parece que no se hubiesen lavado hace tiempo. Hay cuerpos
muertos postrados en la tierra, así como la gente enferma que se ha derrumbado y
están demasiado débiles para andar. El sonido del gemido que proviene de los
enfermos se oye en toda la ciudad.

En el centro de la ciudad, hay un gran, palaciego edificio de piedra— es el
pasillo del gobierno de la ciudad. Un hombre con apariencia sana vestido con una
toga blanca camina hacia las puertas de madera del edificio y las abre. Cruza un
cuarto grande, continúa bajando un largo pasillo y después sube unas
serpenteadas escaleras antes de entran en otra habitación. Las paredes de la
habitación a la que ha entrado tiene dispersadas unas velas y no tiene ventanas.
Algunas criadas permanecen inmóviles alrededor de una cama que está situada en
el centro del cuarto.
HOMBRE
(Aclara la garganta)
Ahem.
Las mujeres miran al hombre de blanco. Él les indica que se vayan y se inclinan
instantáneamente, obedeciendo. Las mujeres abandonan la habitación y el hombre
camina hasta la cama. En ella se encuentra un hombre de mediana edad con una
larga barba. Se ve muy enfermo, unos puntos rojos le cubren toda la piel y el
sudor empapa su frente.
El hombre de blanco lo mira y el hombre de la cama voltea suavemente la cabeza
para mirar al hombre que tiene enfrente.
HOMBRE
¿Me has hecho llamar, Pericles?
PERICLES
Sí. Como puedes ver…me estoy muriendo.
El hombre va ha hablar pero Pericles levanta su mano, haciéndolo callar.
PERICLES
No hay nada que puedas hacer para ayudarme. Mi enfermedad es demasiado grave.
HOMBRE
¿Para qué me has hecho llamar aquí?
PERICLES
La gente de Atenas está muriendo. (Tose) No…estaré aquí mucho más para
dirigir…los ejércitos de Atenas contra Esparta. Si Esparta gana esta batalla,
Atenas caerá. Necesitamos a alguien para conducir…Atenas.
Pericles alcanza una tabla que hay al lado de la cama y recupera un rollo de
pergamino. Se lo tiende al hombre que lo mira curiosamente.
PERICLES
¿Has oído hablar de Xena?
HOMBRE
Sí. Todos en Atenas conocen a la Princesa Guerrera.
PERICLES
(La respiración se vuelve costosa, resopla)
Dale esto a Xena. Ella…es la única que… (Empieza a carraspear)
El hombre pone su mano sobre el pecho de Pericles, finalmente se calla.
PERICLES
Encuentra a Xena antes…de que toda Atenas se pierda.
Pericles se agita, finalmente cae sin fuerzas. Está muerto. El hombre tira de
las sabanas de la cama hacia la cara de Pericles, guarda el pergamino en la toga
y camina fuera del cuarto cuando nosotros:
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Fin del Epilogo |